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18 de diciembre de 2014

EXÁMENES EN EL RAMIRO, ALLÁ POR LOS AÑOS 50

...por Paco Acosta

En otoño del año 57 del siglo pasado (¡hay que ver lo antiguo que suena esto!) muchos compañeros de nuestra promoción iniciábamos la andadura en el Instituto. Para algunos de nosotros, recién cumplida nuestra primera década de vida, y terminado el curso anterior con el examen de Ingreso, el Instituto no nos resultaba algo novedoso. Habíamos pasado antes por la Preparatoria, la “Prepa” para entendernos. En el Instituto íbamos a disfrutar (padecer, diría posiblemente Arenas) de un profesor por asignatura, con lo que tendríamos nuevamente que “ganarnos”, con cada uno de ellos, la “fama” (buena o menos buena) que hasta entonces teníamos. Y eso, tanto entonces como ahora, dependía básicamente del resultado de los exámenes.

Y el otro día, concretamente cuando visitamos el Tribunal Supremo, charlábamos unos cuantos compañeros sobre la enseñanza que recibimos en el Ramiro. Y allí salió a relucir que el tema de ser examinados, realmente no comenzó con el, (iba a escribir temido pero al menos en mi caso, yo no lo recuerdo así), Examen de Ingreso al bachillerato. Ya en la Prepa, desde bien pequeños, se seguía un sistema de evaluación continua (sería mejor decir, constante) de los alumnos, basado en una forma muy competitiva de hacernos estudiar. Para los que no vivieron aquella época de la Prepa, intentaré esbozar en qué consistía.

Los alumnos de cada “nivel” (Manolo Rincón recuerda claramente los 5 niveles: Párvulos, Iniciación, 1º, 2º e Ingreso) estábamos repartidos en varias clases, “numeradas” A, B, C,… No llego a recordar hasta qué letra llegábamos (en primero de bachiller alcanzamos la F), ni el número de alumnos por clase, pero como las mesas de aquellas aulas de la Prepa eran pequeñas, supongo que seríamos entre 20 y 30 los chiquillos que cabíamos en cada una. Cada clase estaba “al mando” de un profesor, que se encargaba de “desasnarnos” en “todas las materias” que trataban las enciclopedias, además de modelar nuestra escritura y corregir la ortografía, y en cualquier caso, sin dejar de lado la faceta educativa, -para subsanar nuestros déficits de educación o comportamiento, aunque creo que no llegamos nunca a utilizar la “Cartilla de Urbanidad”-… Me acuerdo además, que también teníamos, desde bien canijos, profesores específicos de idiomas. Nos enseñaban Francés e Inglés; sí, las primeras nociones de ambos idiomas… Aún recordamos aquel ritmo del pollito chicken, gallina hen, lápiz pencil, pluma pen,…, y bastantes párrafos de La légende de Saint Nicolas

Y, en la Prepa, el sistema de distribuir o agrupar a los alumnos por clases, dentro de un mismo nivel, se basaba en dos tipos de “controles o exámenes” de los conocimientos que tenían, e iban adquiriendo, los alumnos.

Por una parte estaba “el tomar la lección”. No tengo claro si se hacía diariamente. Pero hablando de D. Luis Muñoz-Cobo, recordábamos que él nos ponía en fila, y hacía una pregunta al primero. Si éste la respondía adecuadamente, hacía otra pregunta al siguiente… Cuando no se contestaba correctamente, era el siguiente el encargado de responder, y si éste lo hacía bien, “adelantaba al anterior”… Supongo que al final de una sesión de preguntas y respuestas, el “orden” que se lograba estaría, más o menos, acorde con los conocimientos que en ese momento teníamos… Y además, todos, y recalco lo de “todos”, podíamos oír, y también asimilar, la respuesta correcta a cada pregunta…, y reconocer interiormente que no nos la sabíamos…¡suerte que no nos había tocado!. Era una especie de “juego” en el que se acoplaban la competitividad y los conocimientos, el responder bien y la necesidad de no fallar, el estar atento y el interés en ganar puestos... Un juego motivador. A los alumnos no nos quedaba más remedio que prepararnos y estudiar diariamente, con continuidad. Además al profesor le permitía “evaluar y evaluarse”, y conocer así en qué manera sus explicaciones habían sido seguidas y asimiladas por la generalidad de alumnos de su clase. Digamos que era un control “local” y “personal”, pero realizado a la vista de todos, y con consecuencias inmediatas en el orden de la clase, aunque no trascendiese más allá del aula…

Además “todos los sábados” (sí, los sábados por la mañana eran “lectivos”) teníamos un examen escrito (por tanto mucho más serio) fundamentalmente de los temas tratados durante la semana, sin olvidarse de todo lo anterior, y cuyas preguntas eran las mismas para todos los grupos de un mismo nivel. Por cierto, tras ese examen semanal, teníamos unas sesiones de cine infantil en las que, supongo, descargábamos la tensión acumulada, a base de animar al protagonista (al “bueno”), si eran películas de acción, o de reírnos con las rancias historias cómicas “no habladas” del Gordo y el Flaco, Charlot, Buster Keaton, y otros…

El resultado de estos exámenes semanales (algo formal y constatable) era como el de las competiciones deportivas: los últimos bajan de categoría y los primeros ascienden. Había unos pocos compañeros (creo que 2 o 3) que bajaban de clase, y otros subían. Así semana tras semana. Si te esmerabas, y estudiabas con tesón, podías regresar, si es que habías descendido. Pero también era necesario estudiar tenazmente y no descuidarte para poder mantenerte con los de “tu clase”. Al cabo de poco tiempo los grupos quedaban básicamente establecidos. ¿Qué se lograba con esto? Pues homogeneizar el nivel de conocimientos, e incluso la capacidad de dedicación al estudio de los componentes de una clase. Esto facilitaba las cosas tanto al profesor correspondiente, -al tener un conjunto de alumnos bastante homogéneo-, como a los alumnos, que ni se “perdían” cuando las explicaciones del profesor tenían una cierta complejidad, ni se “aburrían” si estas explicaciones estaban dedicadas a los alumnos de menor nivel… Ya sé que últimamente las cosas en la enseñanza no suelen ser así, que se intenta “mezclar” a los alumnos…. Por mi parte no tengo claro que con esto se consiga “mejorar” el nivel de preparación de los alumnos…, ni siquiera que se puedan aprovechar adecuadamente los talentos sobresalientes que existan, o la capacidad de los más dotados de llegar a la excelencia… Pero ¡ese es un tema “discutido y discutible”!. Y estoy seguro que también entre nosotros puede ser objeto de comentarios y opiniones muy enfrentadas…

En este breve artículo, no quiero tratar la necesidad de los exámenes en general, sino que únicamente quiero centrarme en aquellos exámenes que formaban parte, y una parte muy importante, de nuestros años infantiles de formación en la Prepa. Que culminaban en el examen de Ingreso al bachillerato, examen en el que, en el año que cumplíamos los 10 años (y por ley no antes), nos jugábamos el pase al Instituto. Una prueba de gran importancia para un niño de tan poca edad…

No recuerdo, y tampoco he encontrado, en algún lugar “de suficiente confianza”, en qué consistió nuestro Examen de Ingreso (aunque he leído que constaba de un dictado y realizar una división), ni cómo se hacía, ni cuáles eran los conocimientos mínimos exigidos para aprobar. Lo único que recuerdo (y os aseguro que muchas veces en mi vida lo he tenido presente) es que a los 10 años “no podíamos cometer faltas de ortografía”. Eran causa de suspenso… Y se me quedó grabado. Eso, y las palabras de Madame Morales “ça fait mal”, me vienen a la cabeza cada vez que detecto una falta de ortografía en un documento serio, y más si ha sido escrito por alguien al que se le supone un adecuado nivel cultural… ¡Me hace daño a la vista!.

Cuando ya tenía el párrafo anterior escrito, he localizado un artículo, de 1960, que apareció en el número 120 de la Revista de Educación, de título “El examen de Ingreso en el Bachillerato”, cuyo autor, Manuel Cardenal Iracheta, se manifiesta “en contra” del citado examen, y comenta que éste “consiste en dos pruebas, una escrita y otra oral. La escrita pide una cuenta de dividir por enteros y un dictado. La oral es un bombardeo sobre el niño de preguntas de catecismo, gramática, matemáticas, geografías, lecciones de cosas (rara vez) etc.”. Y recalca: “Importa más la primera prueba”. Hasta ahí puedo seguir…. Su opinión, ya lo he indicado antes, es contraria a este tipo de pruebas, y manifiesta que los “niños hacen ya, al realizar un examen de ingreso, su primer ensayo competitivo y su primera oposición en el país de las oposiciones”. Si tenéis interés, podéis leerlo completo (son únicamente dos páginas), ya que lo incluyo al final…

En aquel entonces, la sociedad en general también consideraba “importante” (no se si polémico) el tema de los exámenes escolares. Y despertaban, poco más o menos el mismo interés mediático que en los últimos años tienen los exámenes de selectividad…, o la calidad de la enseñanza en general.

Y como muestra, he encontrado, publicado en junio de 1957, coincidente con nuestros exámenes de Ingreso que nos dieron paso al Instituto, un artículo firmado por José Medina Gómez, con reportaje gráfico de Basabe, que apareció en la revista Blanco y Negro, y que lleva por título ¡EXÁMENES! Una palabra trágica en miles de labios. En el encabezamiento, a modo de enganche para animar al posible lector, resalta lo siguiente: “Hombres y Mujeres, Jóvenes y Viejos, Sacerdotes y Monjas, frente a la incertidumbre de un tribunal”. Completa el título con “El nerviosismo, enemigo número uno del estudiante”. A día de hoy, tras no sé cuantos cientos de exámenes realizados en mi vida, no me parecen suficientes estímulos para pasar a leerlo… A no ser porque…

Más de 67 años después de su publicación, ese artículo me lo “presentó” el buscador, cuando intentaba recuperar cosas del Ramiro…. Tras echarle un vistazo, no encuentro mayor interés en lo que allí se dice… Y, aunque es cierto, que en esas pocas páginas aparece el Ramiro de Maeztu, éste solo queda mencionado en un par de pies de foto. Pero resulta que estas dos fotografías, relacionadas con los exámenes de aquella época y con el Ramiro, sí que, al menos para mí, son interesantes.  

Como nuestro blog no tiene carácter lucrativo, creo no incurrir en el feo “delito del pirateo”, al incluir a continuación estas 2 fotos, sacadas “sin permiso” del mencionado artículo (antes ya he citado la fuente, la revista Blanco y Negro, a cuyos editores se les agradece desde aquí el dejar accesible -para todos- los números de aquella época).

En la primera fotografía aparece José Terrero Sánchez (1896-1961), que fue catedrático de Geografía e Historia. Como tal (antes de la llegada de Navarro Latorre) estuvo destinado provisionalmente en el Ramiro, en la primera época de nuestro Instituto (tomó posesión, el 1 Noviembre de 1939). Tenía, desde 1935, plaza en el Instituto Calderón de la Barca, de Madrid, pero este instituto quedó clausurado en la postguerra, y se tuvieron que reubicar, en otros centros, los catedráticos digamos “afines”. (En 1939-40, en Madrid, únicamente subsistían: Cisneros, San Isidro, Cervantes y Ramiro de Maeztu como institutos masculinos, y Lope de Vega e Isabel la Católica, como institutos femeninos). En 1948, José Terrero aparece en el Escalafón de Catedráticos de Instituto, sin destino (posiblemente se encontrase en excedencia). Posteriormente, y así se recoge en el escalafón de 1955, estuvo en el Beatriz Galindo, donde creo está tomada la foto. Por cierto, quizás fuera conveniente iniciar una “colección” con las fotos de los que en algún momento fueron profesores del Ramiro… ¡Que pocas fotografías tenemos de ellos!




La segunda fotografía, según reza el pie de foto, corresponde a un reparto de “folios sellados” para la realización de un examen de Francés en el Ramiro de Maeztu… Y allí aparece D. Félix Remartínez, bedel destinado entonces en nuestro Instituto…, al que nosotros sí que conocimos. ¡Qué tiempos aquellos!.




Tras la interesante fotografía de Remartínez (tampoco teníamos ninguna imagen suya…), incluyo el artículo de la Revista de Educación, que si lo leéis con cierto detenimiento, seguro que le sacáis bastante enjundia… Y después, ¡se admiten comentarios!







11 comentarios:

  1. Nuestro examen de ingreso fue un dictado en que aparecía la palabra enhebrar y una división por 4 cifras.
    En cuanto a la integración, quizá su adopción esté en detrimento de la selección pero a los 10 años mejora la autoestima, ya habrá ocasión años después para la selección.

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  3. MANOLO19 de diciembre de 2014, 0:54
    Buenas Noches

    Hay que señalar que el primer catedrático de Geografía e Historia del INEM Ramiro de Maeztu, segun consta en el libro de tomas de posesión que se guarda en el Despacho de Dirección del Instituto, fue D.Joaquín Mª Agra Cadarso que tomó posesión el 17 de mayo de 1.939, Con caracter provisional.

    En el mismo libro aparece en efecto la toma del Sr. Terreros como catedrático de Geografía e Historia el 1 de nobiembre de 1939, que aún no debía ser festivo. Lo hizo como defintivo, aunque luego se trasladase.

    Me agrada ver que Paco llega por otros caminos a los mismos resultados.

    El BLOG documental que estamos preparando será de mucha utilidad a investigadores de la Historia del Ramiro, como Paco.

    El compromiso es que el 28 de enero se presente la primera edición del Blog Documental del Instituto.

    Pese a una dedicación de 4 horas diarias, solo comprenderá una parte de lo que esperamos sea la edición definitiva, pero al ritmo de trabajo actual todo el material disponible no podrá estar antes de 3 o 4 años publicado, y suponiendo que aguante el blogger tanto documento.

    Este es el trabajo y compromiso, que RM y yo hemos asumido, con el permiso de la Dirección y la Delegación.

    Enhora buena Paco por tu trabajo.

    Los niveles de la Prepa eran esos 5 hasta que estuvimos en 2º. Luego pasamos a 6º A, pues se unificaron los dos cursos de párvulos, 1º, 2º e Ingreso, en 6 niveles, siendo 6º el antiguo Ingreso.

    El examen de Ingreso comprendía un dictado, donde se admitian solo 3 faltas de ortografía y los acentos eran una cada 3, una multiplicación con su correspondiente prueba del 9 y unas sencillas preguntas, sobre Ciencias Naturales, Geografía e Historia. El de Matrícula de Honor era una redacción.

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    1. ¡Hay que dar al César lo que es del César…!. Manolo: lo de las fechas de toma de posesión de los primeros catedráticos del Ramiro… ¡me lo pasaste tú!. Gracias en nombre de todos por tu estupenda labor allí.

      Y ahora quiero completar algo lo que indicas sobre los catedráticos de Geografía e Historia, poco después de terminada la contienda civil.

      El número de profesores que podían tener los Institutos de Madrid era 21 (en el resto de provincias 14 ó 9, según las poblaciones). Y su distribución, para los de Madrid, era la siguiente:
      • Matemáticas 4 profesores,
      • Física y Química 2,
      • Ciencias Naturales (y Agricultura) 2,
      • Latín y Griego 5,
      • Filosofía 2,
      • Lengua y Literatura 3, y
      • Geografía e Historia 3. Total 21

      Por tanto no es de extrañar que al ser 3 los profesores correspondientes a Geografía e Historia, se nombrase en 1939, a Joaquín María de Agrá-Cadarso y Cadarso y a José Terrero Sánchez, para esas plazas (eso sí, con el añadido de “provisional”).

      Mindán, en su libro, indica que “En esos años, el personal docente y directivo era de aluvión y provisional”. Y continúa “Algunos catedráticos no continuaron en el Ramiro de Maeztu después de la segunda fundación, [1941] por haber sido trasladados a otros Institutos, tales como D. Miguel Allué Salvador [Lengua y Literatura], D. Tarsicio Seco [Francés], D. José Oñate [Matemáticas], D. Manuel Chacón [Filosofía], D. José Terrero Sánchez [Geografía e Historia] y algún otro”.

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  4. D. Manuel Cardenal Iracheta en Revista de Educación habla que la atormentadora prueba de ingreso al bachiller era una prueba escrita (dictado y división) y una segunda oral (debíamos estar exentos los alumnos oficiales). ¿La prueba del nueve?, la he utilizado tan pocas veces que la debo tener en la memoria alzheimer. D. Manuel se decanta por sustituirlas por un test.

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  5. D. Manuel parece hablar de la dislexia, el problema no es la mala perceptiva visual, el fundamental es que el disléxico no relaciona la imagen con su representación escrita.

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  6. Acabo de leer el artículo de Paco y no puedo por menos que felicitarle, aunque fuera solamente por los recuerdos que hace aflorar de aquella lejana época, ya muy difusa. Y me ha hecho reflexionar con eso de los exámenes y la competitividad.

    Lo ideal es la evaluación continua, y eso exige un esfuerzo especial para el profesor, que muchas veces no se sabe agradecer. El que sea por exámenes, pruebas o juegos competitivos, da igual, todo vale, con tal de que sea apropiado a la edad. Más difícil de digerir es que se juegue uno su futuro a un sólo examen y más en años tan tiernos. Más tarde también ha sido así, con las dos Reválidas y el examen de madurez de Preu. No voy a debatir aquí las ventajas o desventajas o necesidad o no de estas pruebas, pero creo que es doblemente bueno que se prepare al alumno para superarlas, motivándole y enseñándole a ser competitivo, cosa que le valdrá de mucho en el futuro, ya que la vida no suele ser un camino de rosas.

    Respecto al examen de ingreso, recuerdo vagamente lo del dictado y la división, aunque me parece que Muñoz-Cobos también ponía mucho énfasis en las redacciones y la ortografía, que, por cierto, está muy de capa caída hoy en día. Particularmente pienso que es fundamental aprender ya en su momento -que es ése- a redactar correctamente, otra cosa que está "desacreditada" en los tiempos actuales. Desconozco hasta qué punto se sigue dando importancia a la lectura; quizás sencillamente haya sufrido una cierta "transformación" con los medios hoy existentes, muchísimo mayores que los de entonces. ¡La enciclopedia que nuestros padres nunca nos podían comprar está hoy día mil veces superada con tan sólo dar a un interruptor! ¡Quién lo iba a decir! Espero que los niños de hoy sepan aprovecharlo...

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  8. Yo no recuerdo la división, si la multiplicación y las preguntas en Ingreso. No había prueba oral. La redacción se hacia en el examen para matrícula. Recuerdo a D. Luis marcando los acentos, las b y v al dictar. Creo que no hubo suspensos

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  9. ¡Maravilloso trabajo, Paco! ¡Nos estás malacostumbrando! ¡Sigue! A mí me ha traído a la memoria, un recuerdo de aquel examen. Comenta José Luis que en el dictado figuraba la palabra enhebrar y sabéis que, aunque estaba con el resto del 'tribunal', D. Luis no podía entrar en el aula. Pues bien, no fue él, pero sí D. Vicente López Santos. Parece que le estoy oyendo aún. Entró y nos 'sopló': ¡"Acordaros de que ENHEBRAR es con h intercalada entre la n y la e"!

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    1. Recuerdo una muy buena de ortografía en un dictado: Lectura: "Pepe, que vino de Cádiz, deshebilla las maletas" ... Evidentemente, todo el mundo puso "de Sevilla"...

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