7 de enero de 2019

TARDES DE LECTURA

...por Luis Adrados

Nuestro compañero de la promoción de 1966 se ha animado a colaborar en nuestro blog. Muchas gracias. LOS DEL RAMIRO 64

A mi maestro D. Santiago del Corral
1958
Llueve tras los cristales del aula. La marquesina del jardín ayuda a ensombrecer el ambiente que solo luce gracias a los neón distribuidos por el techo, alguno parpadea y zumba incómodamente. Fuera las gotas salpican y encharcan la tierra, después de golpear tallos oscuros de rosal desnudos de hoja y flor; es por la tarde. Ambiente somnoliento después de una agotadora jornada de clases y recreos, cuando el maestro, libro en mano, se desplaza arriba y abajo del pasillo entre pupitres y a la espera de que tenga lugar el silencio, para dar comienzo a la clase de lectura. Hoy toca Edmundo de Amicis y su “Corazón”, abrimos el libro por donde lo dejamos ayer.
Enrique sufre por la lejanía de su madre y desespera por trasladarse a Sudamérica para encontrarse con ella. Enrique es un niño como nosotros, pero con más problemas. Los nuestros derivan de hacer adecuadas pausas entre los signos ortográficos y estar atentos por si el maestro pronuncia nuestro nombre, prestos a continuar la lectura donde la deje el compañero. La historia es más interesante que las anteriores de Azorín o Baroja….pero la tarde se hace cada vez mas somnolienta. D. Santiago, siempre dispuesto a la alegría, reprocha a Santaella por su falta de atención, pero lo hace de manera que el resto de la clase y el propio reprochado irrumpamos en estrepitosas carcajadas. El drama de Enrique y la somnolencia, han quedado por un momento interrumpidos, y Santaella ha de releer la última frase haciendo las pausas correctas. Los viejos autobuses de las rutas, se disponen en fila en la calle aledaña a los jardines, mientras Enrique deambula por los barrios de Córdoba sin muchas alegrías pero si esperanza. ¿Hasta donde llegaremos hoy ?¿Encontrará Enrique a su madre? ¿Compartirá Marsá hoy su infinita barra de pan y chocolate? ¿Perderé el autobús? ¿Seré el siguiente en la lectura?.... muchas incógnitas se entremezclan que no me permiten seguir a conciencia lo que me rodea. ......Sigue lloviendo.
Punto y aparte.....-Lara....siga-......
Hoy no me ha tocado leer.
Cuantas horas que de seguro han servido para algo.

1 comentario:

  1. En mi brevísima estancia de 15 días en 6º A bis en el año 56, tuve la suerte que D. Santiago fuera el profesor. Me pareció siempre, pese a la brevedad de mi estancia, el mejor profesor que tuve en la Preparatoria. Era compañero de carrera de mi padre pero no fue por eso que me encantasen sus clases. Mi recuerdo es este:
    "Llegaba yo a clase con ilusión cada día y con los deberes hechos. Al entrar por la puerta miraba de reojo a 6º A, donde quería volver algún día. D. Santiago era una persona seria pero no lejana ni distante. Alto (a mi me lo parecía), con pelo cano rizado, bien vestido, y con un toque de amabilidad. Nos íbamos sentando en nuestros puestos y poco a poco sacábamos los cuadernos y estuches de lapiceros de las carteras y comenzaba la clase. Se veían primero los deberes. Teníamos un cuaderno con el título de Pensamientos, donde el día anterior habíamos escrito una frase de algún filósofo o pensador y en casa habíamos rellenado toda la plana copiando la misma frase procurando hacer la mejor letra posible. Nos corregía los defectos y puntuaba de 0 a 10. Después las cuentas para casa, se corregían en el encerado, aquellas divisiones con la prueba del 9. También las puntuaba. Según las puntuaciones se reconfiguraban los puestos, tras haber cubierto los puestos de los que faltaban. Después las explicaciones propiamente dichas: conjugaciones, divisiones, reglas de tres. Y ya era la hora del recreo. Bocadillo en mano salíamos por la puerta trasera al campo de fútbol. Al entrar había lecciones unas veces de historia y otras de Ciencias Naturales, en las que conseguía atraer nuestra atención, mejorando con sus explicaciones los textos de la nefasta enciclopedia de Dalmau. Preguntaba y si alguien no sabía la respuesta le pasaba el primero que contestaba detrás de él. El que hacía algo muy mal era desterrado al último puesto y debía de saludar levantando los brazos y uniendo las manos. Por la tarde Religión, algo de literatura, donde se leía aquel horroroso Corazón, dibujo y algo de formación nacional. Se ponían los deberes para el día siguiente y a casa. Mi recuerdo no es ni de monotonía, ni de aburrimiento. Recuerdo mi pugna con Gran, un buen compañero, por el primer puesto de la clase. Un martes después de haber hecho las pruebas objetivas el sábado, me dijo que volvía a 6º A. Era algo que deseaba, pero por otra parte me dio muchísima pena dejar a D. Santiago, al que mucho apreciaba y a unos compañeros con los que estaba muy a gusto. Perdí por desgracia el cuaderno de Pensamientos que me gustaría tener. En el año 76, veinte años después, en uno de mis paseos por el Ramiro vi de nuevo a D. Santiago que aún seguía en la brecha y le saludé efusivamente. Ya no le vi más. Supe de su fallecimiento por una esquela. Su mujer era también maestra y muy agradable."

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