01 marzo 2021

ERIS, LA DIOSA

 ...Por Ildefonso Arenas

Primer día de vacaciones. Ya tenía yo ganas. De aquí a primeros de julio, vi­da idí­lica. Pastoril. Con un calor que te cagas, eso sí. Mojácar-Turre-Car­bo­­ne­ras, en junio, es como el Sahara. Luego aún es peor, pe­ro no estaremos aquí. Será el tiempo de ir por América, para que nos mi­­­ren los dientes y visitar a tía Livy, que tiene un ran­cho cerca de San Anto­nio. Eso será en julio. Ahí nos se­pararemos. Este año, por pri­­me­ra vez, salgo al mundo sin no-pa­dres. Deirdre, Miriam y yo. Las tres aca­­bamos de cum­plir die­­ci­sie­te. Somos ami­gas porque sus padres y mis no-pa­dres también lo son, no porque ten­ga­­mos de­masiado en común. Son idiotas y me aburren, pero mis no-padres to­da­vía no se atreven a dejar­me ir sola por la Europa degenerada. Pensa­­mos tirar­­nos seis se­manas de va­ga­bun­­deo total, nue­ve países para nosotras solas. Nos juntare­mos en Zü­rich, donde vive mi no-abue­la, la madre de mi no-ma­dre. De allí a Tromsö en avión, que Mi­riam tiene allí a su chico, y des­­­de ahí, siempre por tren, condición que hu­­bi­mos de aceptar o si no se jodía el plan, Ber­­­gen, Oslo, Copenha­­gue, Hamburgo, Berlín, Praga, Viena, Venecia, Roma ‑de donde Deirdre se ha jurado no salir en­te­ra; no es mi caso, que bien vacu­nada estoy‑, Florencia, la Riviera, Sitges y por fin, que ya se­rá me­diados de septiem­bre, Sierra Cabrera otra vez.

         A estas alturas ya se habrán imaginado que pobres de pedir no somos, ¿verdad? Muy cier­to, aunque tampoco somos esa clase de millonarios deficientes cuyos fortunones sólo les dan para deambular por la vida inmer­sos en la vaciedad de sus cerebros. En realidad, tampoco somos tan millonarios. Mis no-pa­dres trabajan, y lo hacen por la pasta, no por devoción, que podríamos vernos justi­tos si de­jaran de cu­rrar. Una vez le pregunté a mi no-ma­­dre cuán­to tenía­mos, y tras asegurarse de que sólo era un ra­zo­na­ble interés por saber si po­dría ir a Har­vard o si, por el contrario, debe­ría conformarme con Granada, me ase­­gu­ró que sí, que po­dría, y que por menos de veinte millones no se nos ahorcaba.

         Mi no-madre pasa por ser una temible analista de inversiones. Trabaja por libre, pe­ro ca­­­­­si to­do lo que hace se lo compra la UBS. No sale de casa. La buhardilla, que es inmensa, es don­­de opera. Una docena de PC's conectados a to­do lo imaginable. Esa es otra, la co­ne­­­xión. Sie­­rra Ca­brera se reparte a lo largo de un conjunto de montañas perdidas en la nada, entre Turre-Mo­­jácar-Carboneras y la A-7, y pese a lo mu­cho que el ayuntamiento se afa­­­­na en mimar­nos ‑no porque nos ame; sólo sucede que de aquí sale bue­na parte de su presupuesto, y el alcalde tie­ne cla­ro que o nos cuida o nos lo montamos en propio, nom­­bra­mos leh­en­da­ka­ri y nos segregamos‑ la infra­es­­truc­tu­ra no es la que debería ser, así que somos mu­­chas las familias con en­laces por saté­lite. Gracias a eso mi no-­ma­dre se mantiene todo el tiempo co­nectada, como si esto fuera Lon­don, o Fran­k­­­furt, o Zü­rich. En otros tiem­pos no ha­bría podido, por­que ni las comuni­ca­cio­nes eran las de hoy ni las empresas fa­cilitaban sus datos co­mo lo ha­cen ahora. Unos tiem­pos don­de ha­bía que fastidiarse y asistir a las con­fe­ren­cias de analistas, tragarse unos rollos mo­nu­men­­tales aunque para nada, por­que nadie les libra­­­­ba después de pasarse horas investigando papelo­tes hasta encontrar Los Nú­­me­ros. Los buenos, los que importan a los analistas. Las em­presas, hoy en día, ya se han ren­­di­do. Sa­ben que po­­nér­se­lo di­fícil a las arpías como mi no-madre sólo sirve pa­­ra ma­chacar el pro­pio va­lor, así que casi todas ha­bi­­li­tan websites de acceso restringido don­de los analistas acre­ditados dan con lo que buscan sin moverse de sus casas. De sus Arcadias. Bueno, esto no lo he di­cho, pero nuestra ca­sa, que sin ser de las más gran­­des sus dos mil metros habitables si tendrá, se lla­ma precisamente así: Ar­ca­dia.

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22 febrero 2021

PASEO ASTRAL

 ...por Kurt Schleicher

 

    Al final me he decidido a contar esta historia, a sabiendas de que muchos me tildarán de fantasioso o hasta de embustero, pero he pensado que podría ser útil para alguien. Es complicada de relatar al estar alejada del racionalismo convencional y de bastantes referencias médicas; más de uno la calificará de “imposible”, pero historias más extrañas han sucedido. Hay muchas cosas extraordinarias en este mundo sin explicación plausible; ésta es una más. Al final presento una serie de opciones para explicar lo que me ha sucedido; cada cual se puede quedar con la que más le convenza.

  Advierto que yo ya estaba diagnosticado de fibrilación auricular (consecuencia de arritmias auriculares); esto hace que tuviera el doble de papeletas de sufrir un ictus o un derrame cerebral. Para contrarrestar esto, se supone que estoy protegido con medicación, pero es que esa protección es una banda relativamente estrecha: si te quedas corto te puede dar un ictus y si te pasas, un derrame. Así llevo años y, claro, al cabo del tiempo te relajas.

   Todo empezó un día cualquiera a fínales de 2019.

   Estaba preocupado por una serie de problemas que no vienen al caso en el despacho en mi casa. De repente noté que algo me estaba pasando, pues empecé a sentir un hormigueo extraño en un brazo y una pierna. Yo ya estaba prevenido, pues sabía que eso era uno de los síntomas de un posible derrame cerebral o un ictus. En aquél momento me encontraba solo; como tenía el móvil al lado, llamé al 112 y les dije que estaba sufriendo un accidente cerebro-vascular a la vez que les daba mi dirección. Me levanté para dejar la puerta abierta y permitir el acceso; noté que estaba cojeando, con lo que aún me asusté más. Me senté en mi sillón favorito a ver si se me pasaba, pero no. Empecé a no ver bien por un ojo, a la vez que una extraña sensación me invadía en la cabeza; era como un dolor punzante. Al poco tiempo empecé a no ver bien tampoco por el otro ojo; intenté con todas mis fuerzas mantenerme despierto, pero con mi ceguera me resultaba difícil y al final noté que perdía lentamente la consciencia y que me sumergía en la oscuridad. Me rebelé; no quería quedar inconsciente. No quería aceptar que todo aquello fuese el final, pero el proceso seguía su curso y percibí que me sumergía en la inconsciencia. Así estuve no sé por cuánto tiempo.

     Dentro de aquella oscuridad, pude ver a lo lejos un punto de luz que se acercaba a mí y se hacía poco a poco más luminoso, mostrando lo que parecía ser un túnel. ¡Claro! ¡El famoso túnel que se veía poco antes de morir! O sea, que me estaba muriendo de verdad…

     Al cabo de unos instantes noté que mi dolor de cabeza desaparecía, a la vez que mis percepciones sensoriales aumentaban, dándome perfecta cuenta de lo que sucedía. Empecé a sentir una extraña clarividencia; recordé que lo que ahora debía pasar es que pudiera ver  retazos de mi vida pasada, a mis ancestros fallecidos o imágenes espirituales. Pues no; aquello no sucedió. Noté que algo me impulsaba dentro del túnel; la sensación era como si fuese un conductor de metro que se ponía en marcha y aceleraba, pero sin que yo tuviera que hacer nada. Hasta me pareció ver las vías; ¿me estarían llevando en un vagón de metro a alguna parte? Eso no era lógico. La velocidad aumentaba de tal modo que era mucho mayor que lo que pudieran dar de sí unos vagones de metro, tanto que la sensación era más bien de despegue de un avión; ¡no era posible despegar dentro de un túnel! Éste se abrió de repente y me vi rodeado por un paisaje que no reconocía. ¡Aquello no era ningún recuerdo! Era un paisaje extraño, que me recordaba algo a Islandia o a la isla de Lanzarote, pues se veían zonas calcinadas y algo que parecían fumarolas o volcanes. De repente, empecé a ascender; la sensación era clarísima, y además mi velocidad fue aumentando todavía más, aunque aquella impresión se compensaba con la vista del paisaje, cada vez más lejos de mí. Mi altura sobre aquél extraño terreno era cada vez mayor, pudiendo disfrutar de las vistas.

PARA SEGUIR LEYENDO:

http://interesactualidad.blogspot.com/2021/02/paseo-astral.html

21 febrero 2021

LA I. A. O COMO SERÁN LOS ORGASMOS EN 7G

...POR ILDEFONSO ARENAS

En los últimos tiempos me ha parecido observar, en este blog de vetustos caballeros a los que aún no se les ha muerto la imaginación -es la primera de las muertes, si lo pensáis-, una cierta prevención, si no claro temor, ante los desarrollos imparables de la IA. Se debe a eso que intente romper una lanza por esta bendición de la naturaleza, a la que no debemos temer mucho más que a cualquier avance tecnológico impulsado para conseguir el bienestar de la especie y a los que tanta felicidad debemos, como el motor de ciclo Otto, las ametralladoras, la energía nuclear o los präservativen lubricados. El progreso se basa en el avance de las ciencias aplicadas, mal llamadas 'tecnologías', y no es cuestión de que nos guste más o menos, ni tampoco de amoldarse con mayor o menor resignación a lo que nos vaya viniendo, sino de aprender a sacarle jugo, y a los que se hallen en situación de seguir profundizando y avanzando, no ya estimularlos, sino a partir de nuestra expereriencia y del talento que nos quede, sugerirles nuevos campos o nuevas formas de ir más allá, más lejos y a mayor profundidad.

La especie humana, nos aterre o no reconocerlo, si no revienta por el camino está destinada a a escapar de nuestros imperfectos y efímeros cuerpos para ir a vivir a otros mucho mejores. Cómo serán estos, pues ni p..a idea, pero no están demasiado lejos. De momento y gracias al impulso de las enfermedades y de las guerras, la especie humana avanza a muy buen ritmo en el estudio y en el conocimiento de nuestros propios cuerpos, al punto de que conceptos esotéricos tales como el RNA mensajero sean hoy comidilla normal en cualquier diálogo de abuelas que juegan al canastón (o que jugarán cuando de nuevo abran los casinos de provincias, como por ejemplo el de Burgos). No tardaremos mucho en desarrollar fábricas de órganos alternativos con los que sustituyamos los que se nos van estropeando (gracias, Vicente, por la información que me mostraste sobre rodillas mandrinadas; fue la mar de aleccionadora), sin necesidad, en teoría, de cargarnos algún efebo adolescente que los suministre gratis (la ineficiente práctica propia de los tiempos en que vivimos). Algunos dicen que con tales avances lograremos extender la vida de los humanos, en buenas condiciones de calidad existencial, más allá de los 120 años, pero eso, con ser bueno, será un mero hito en el camino de la inmortalidad, que a fin de cuentas es de lo que se se trata.

En ese camino la IA será una excelente ayuda, pero no vayáis a pensar que porque nos sustituya como seres pensantes que se levantan por la mañana para ir a trabajar, porque ya no habrá trabajo, o no lo habrá para todos. Nada de eso. La IA, si la analizáis desde un punto de vista objetivo (los informáticos, que somos los metafísicos modernos, somos razonablemente buenos en eso de la objetividad), sirve para realizar en poco tiempo, mínimo coste y muy bajo esfuerzo un conjunto de acciones que los humanos desde luego saben realizar, pero que no sale a cuenta que las realicemos. Voy a poneros un ejemplo de lo más revelador:

En 1983, cuando a la IA no se le llamaba así (la terminología de los tiempos, mucho menos dramática, de lo que hablaba era de 'Expert Systems'), existían numerosos ejemplos de sistemas que reemplazaban a los humanos en tareas pensantes. Uno, que a todos los que alguna vez hayan voldado en un A-320 les sonará, es el de la cortinilla que separa la business class de la tourist class. Las airlines, todas ellas, confiaban a la hora de situarla en la experiencia y en el talento de unos empleados veteranos, genéricamente llamados 'controladores de espacio'. Su labor era profetizar cuál sería el 'load factor' de un determinado vuelo en un determinado día, de modo que se pusieran a la venta más o menos asientos en clase business y en clase turista. Eran reacios a explicar cómo administraban lo que a todas luces era magia negra, pero era una magia que tenía poco de infalible, porque con irritante frecuencia un vuelo determinado salía con overbooking en business y media cabina de turista vacía, y al día siguiente sucedía lo contrario. A Iberia, que por entonces se movía con rapidez hacia los puestos de cabeza en cuanto a desarrollos informáticos, el asunto le preocupaba mucho, tanto que acabó por escuchar un determinado canto de sirena (yo era la sirena), según el cual un Expert System desarrollado con acuerdo a lo último en tecnologías del conocimiento podría 'ayudar' a los controladores de espacio a realizar su trabajo, con mayor celeridad y, sobre todo, con mayor precisión. En realidad se pensaba en eliminarlos, pero decir esas cosas es siempre negativo cuando hay sindicatos por en medio. El sistema se inició, y en consecuencia, y durante unos cuantos meses, varios expertos a sueldo de la sirena se acoplaron a los controladores de espacio, tratando de determinar de dónde salía o en qué se sustentaba su supuesta magia negra. Las conclusiones de los expertos fueron muy desestimulantes: (1) de ningún modo los controladores accedían a explicar cómo hacían su trabajo, y cuando algo se les arrancaba era frecuente que mintieran, (2) no se tardó en descubrir que, según algunos opinaban, su ciencia era más bien un ejemplo moderno del antiguo arte de la profecía no cimentada, por no decir la basada en humedecer un dedo y levantarlo sobre la cabeza, y (3) que pese a su cerrada oposición los expertos de la sirena fueron capaces de identificar un considerable número de reglas (del orden de 300, creo recordar), a tener en cuenta en el momento de afirmar que la sobrecargo del IB 7721, MAD-LHR del 30 de noviembre de 1983, debía mover la cortinilla justo detrás de la fila 11.

El sistema entró en producción, al principio en pruebas, pero no tardó en comprobarse que la casuística indicaba una precisión profética muy superior a la de los controladores humanos en buena parte de los casos, si bien eso no se cumplía en alrededor del 10% de los tales, los que pronto se comprobó eran no solamente los más experimentados e inteligentes, sino los menos cantamañanas. Así, el sistema pasó pronto a plena producción, aunque con un efecto indeseable: a los doce meses de prestar servicio, las reglas se habían vuelto tan efectivas que con ellas se había podido desarrollar una matriz estadística no sólo mucho más fácil de consultar, sino capaz de ser accedida por el sistema de reservas (que residía en un mainframe separado) y el de inventario de plazas. No había duda de que tal cosa era mucho más eficaz en el plano comercial y también en el informático, de modo que el Expert System pasó a ser sustituido por las tablas construidas gracias a él. Se quedó sin trabajo y fue derecho a la chatarra, igual que la mayoría de los controladores de espacio (los buenos de verdad pasaron a ser supervisores) fueron trasladados a otros puestos, si no se les jubiló anticipadamente, y los más cantamañanas fueron puestos los primeros en la 'shit list', o lista de candidatos a ser exterminados es el primer ERE que se disfrutara.

Con los actuales 'Expert Systems', o sistemas IA, es frecuente que suceda lo mismo: la IA sirve para detectar y sistematizar reglas y leyes que los humanos sin duda podrían determinar, pero que no suele ser posible que lo hagan, por temor a revelar información esencial para conservar sus puestos de trabajo. De ahí que su desarrollo sea lento y muy laborioso, aunque cada día es más imparable.

Otro asunto, quizá lamentable por lo mucho que despista, es considerar como ejemplo de  IA un cacharro capaz de identificar unos pocos miles de palabras, y en función de lo que se le diga responder dónde hay una farmacia, o una masajista happy end, o pinchar una música lamentable, o encender o apagar la luz. Eso no es IA, por mucho que nos lo vendan como tal. Tampoco era IA la capacidad de ciertas centralitas electrónicas de coches de alta gama que identificaban cuándo el motor se usaba normalmente y cuando estaba siendo sometido a pruebas de verificación, para reajustarse sobre la marcha, quemar menos gas-oil y desde luego correr bastante menos, aunque gastando significativamente más, pero sin rebasar las normativas de la UE. Os suena, ¿verdad?

La IA, para entendernos, es un sistema experto capaz de discriminar qué secuencias de DNA son susceptibles de ser modificadas por otras secuencias, éstas de RNA, en un espectro de probabilidad de varios billones de posibles combinaciones. Ésto lo pueden hacer los humanos, cierto es, pero harían falta trillones de horas de trabajo para obtener los resultados esperados en un plazo de seis meses, y aquí es de considerar el viejo proverbio ruso, el que dice que si una mujer necesita nueve meses para parir un tovarisch, con nueve mujeres en paralelo no se consigue hacer nacer el mismo tovarisch en un mes.

La IA, la verdadera IA, es eso, y no la chorrada del Alexa (no instalaría uno en mi casa ni aunque me lo regalaran). Tened, pues, fe y esperanza en el desarrollo de la IT conocido por IA (contra lo que puedan pensar algunos bienintencionados, la IA es informática en su estado más puro y elevado). Gracias a ella, en unas cuantas generaciones habremos mejorado nuestros cuerpos a una escala tal que nuestros orgasmos serán en 4D y 7G. Es una pena que no vivamos para verlo, aunque quizá nuestros nietos sí lleguen a tiempo.

© Ildefonso Arenas

Febrero de 2021 

18 febrero 2021

COMENTARIOS DE LA GUERRA DE LAS GALIAS

...POR ELOY MAESTRE

 

Los Reyes Magos de 2021, año en que tal vez conozcamos el fin de la horrorosa pandemia que acongoja al mundo entero, me han traído como regalo el libro, que yo pedí respetuosamente a sus Majestades en mi carta, sobre la guerra de las Galias de Julio César.

Julio César, el gran general y político romano, produjo un libro admirable titulado Comentarios de la guerra de las Galias, en donde discurre sobre sus campañas en ese territorio enorme que comprendía la actual Francia, Bélgica, y partes de Suiza, de Países Bajos y de Alemania.

Que César comente a la posteridad sus hazañas guerreras tiene el peligro de ofrecer una versión amable y tal vez mendaz, pero al no contar con otros testimonios históricos para contrastar sus datos, deberemos creerlos en principio. Julio César exhibe un estilo seco y limpio de historiador, admirado a lo largo de los siglos por multitud de lectores.

Debe valorarse este formidable testimonio de primera mano de una conquista fabulosa que engrandeció enormemente a Roma, añadiendo un gran territorio y conjurando a la vez, al menos por un tiempo, la amenaza constante que los bárbaros germanos ofrecían a la estabilidad del imperio. En dos ocasiones cree necesario César pasar el Rin para dar una lección a las belicosas tribus germanas, con un despliegue fabuloso de la ingeniería militar legionaria. El paso a la isla de Britania constituye otra de sus expediciones militares exitosas. 

El traductor nos previene de que la marcha normal de las legiones es de 25 km diarios, con todos sus pertrechos; la marcha rápida, a veces exigida por las maniobras militares, ignoramos a cuanto ascendía. Tras cualquier marcha, se fortificaba el campamento con fosos y torres de defensa, con lo que se añadía este esfuerzo al del desplazamiento.

Los ingenieros militares consiguieron proezas como construir un puente de madera sobre el caudaloso Rin en dos ocasiones, detallando César la forma de hacerlo. De esa forma, las tropas pasaron  al otro lado del Rin sobre buen firme. En los asedios y los campamentos de mayor enjundia donde pasaban los inviernos, los ingenieros descollaron por sus construcciones defensivas. También lo hicieron construyendo plataformas de ataque para los asedios de plazas fuertes enemigas.

Una legión estaba formada en aquella época entre 3.000 y 5.000 soldados de infantería pesada, algunos cientos de caballeros y tropas auxiliares de honderos, arqueros e infantería ligera.

En esta guerra de las Galias, César dispuso como máximo de diez legiones, pero la mayoría de las veces se contentaba con menos. Su manejo de la guerra fue ejemplar, con magníficos ayudantes que dirigían legiones a los que cita expresamente. Los mayores elogios van hacia Galba, Cicerón y Labieno. Luchó siempre contra fuerzas muy superiores en número.  .../...

PARA SEGUIR LEYENDO 

 https://trinjolbuz.blogspot.com/2021/02/comentarios-de-la-guerra-de-las-galias.html

16 febrero 2021

PUBLICACIONES DE DON JAIME OLIVER ASÍN

...POR PACO ACOSTA

 

(Si no se ha leído ya, véase La Producción bibliográfica de nuestros profesores, en donde se fundamenta esta serie de artículos. Hasta ahora se compone de:

 

1.-  Publicaciones de D. Antonio Magariños

2.-  Publicaciones de D. Luis Ortiz Muñoz

3.-  Publicaciones de D. Rafel Ybarra

4.-  Publicaciones de D. Jaime Oliver Asín

 

y espero seguir…)

 

Según la BNE es autor de 20 obras y es co-autor de otra más. En el obituario que le hizo Emilio García Gómez en la Real Academia de la Historia, menciona: “escribió una treintena de libros y estudios de literatura española, etimologías, investigaciones sobre el Madrid medieval y monografías de toponimia y geografía histórica”.

Las publicaciones de D. Jaime Oliver, voy a presentarlas situando en primer término sus cuatro obras fundamentales: Historia de la lengua españolaHistoria del nombre “Madrid”Vida de D. Felipe de África Príncipe de Fez y de Marruecos, y En torno a los orígenes de Castilla: Su toponimia en relación con los árabes y bereberes (discurso de ingreso en la Real Academia de Historia). A continuación sitúo el resto de trabajos, en orden cronológico. Hay que considerar que bastantes de sus estudios más o menos extensos, aparecidos inicialmente en formato artículo en revistas especializadas, fueron publicados también como separatas, bajo el amparo del CSIC, el Centro de Estudios Árabes y el Instituto Miguel Asín.


A)  Iniciación al estudio de la Historia de la Lengua española [1938 – 1939 - 1941]

Libro, 259, 254 o 271 pág.  (al menos 5 ediciones, la 1ª en dos volúmenes)

Pamplona, Higinio Coronas Imp.

Zaragoza, Ed. Heraldo de Aragón

Madrid, Diana Artes Gráficas

Tamaño: 23 /22 / 21 cm.          


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15 febrero 2021

EN UN FUTURO NO MUY LEJANO

...POR MANOLO RINCÓN

No sé muy bien donde me encuentro en estos momentos. Parece una extraña ciudadela flotante sobre un mar de nubes blancas. Tampoco sé muy bien como pude llegar aquí. Trato de recordar que sucedió en aquellos confusos días de la revolución del silicio, en la cual yo participé activamente.

Éramos miles y miles de personas las que trabajábamos en el desarrollo de nuevos procesos de Inteligencia Artificial en la era de la “Nueva Normalidad”. La IA dominaba todo y sabíamos que pronto la propia IA prescindiría de nosotros pues ya sería capaz de potenciarse y desarrollarse por sí misma y no podíamos imaginar a que nos dedicaría. Los algoritmos eran cada vez más complejos y necesitaban de varias mentes para su correcto desarrollo.

Estábamos confinados en nuestros propios domicilios. La propia IA controlaba nuestra producción y nos decía lo que debíamos hacer y también satisfacía nuestras necesidades más elementales. El dinero ya había desaparecido con la técnica “blockchain” y no había ya actividades privadas. Quien no desarrollase la producción deseada era eliminado del sistema productivo, lo que en definitiva suponía su total desaparición.

Podía recordar cómo fueron los inicios de la era IA. Se había creado la “Nube” donde las grandes Corporaciones mundiales almacenaban todos los datos sobre los hombres, que cada vez estaban más controlados por la creciente IA que se fue adueñando poco a poco de las propias Corporaciones, de los Mercados Financieros y de los gobiernos de las naciones. Finalmente los individuos fueron controlados por sus teléfonos, por las redes sociales y por sus ordenadores. Ya nada se escapaba a la IA que dictaba sus leyes a los gobiernos satélites.

Había habido una gran pandemia, probablemente originada desde un laboratorio de manera intencionada,  que eliminó a los más débiles ya que no servían para el nuevo salto de la Humanidad, que un grupo de mentes había diseñado a lo largo de varios años de trabajo, seguramente desde finales del siglo XX, donde ya se determinó el tipo de educación para las generaciones emergentes. La pandemia tuvo varios objetivos, a parte de eliminar a los individuos considerados no aptos para el nuevo orden mundial, produjo miedo y potenció los gobiernos totalitarios,  controlados por la IA. Era parte del plan trazado. Los gobiernos y sus fuerzas policiales eran precisos en la primera fase. Luego ya tampoco serían necesarios. La IA tomaría las riendas del planeta.

El siguiente paso fue hacer ver a la humanidad más tecnificada que para sobrevivir debían vacunarse, contra el virus que causaba estragos y que nadie sabía cómo había aparecido. La vacunación se consiguió en un alto porcentaje gracias a los omnipresentes medios de comunicación y su labor de “adoctrinamiento”. Los países considerados de bajo interés fueron abandonados a su suerte.

Nunca se supo a ciencia cierta que contenían aquellas vacunas, desarrolladas en escasos meses, con gran apoyo financiero, pero poco a poco los efectos se hicieron notar. Descendió drásticamente el número de nacimientos. Las personas mayores murieron con mucha más rapidez que antes, mientras la tecnificación, el desarrollo de chips y la IA seguían en aumento. Los propios videojuegos tan característicos de aquellos años enganchaban a los jugadores al nuevo sistema.

Aparecieron las redes neuronales veloces 5G y la subsiguiente 6G, que enlazaban a en micro segundos a los individuos, con independencia de su localización, permitiendo el trabajo colaborativo de millones de personas lo que llevó a la IA a dominar el planeta.

Una de las características de la red 6G consistió en permitir poder interconectar los cerebros entre si lo que mejoraba notablemente el rendimiento, pues se completaba con el acceso a las gigantescas bases de datos de la “Nube”. Todo ello gobernado siempre por la IA cada vez más poderosa. Había interconectado a los gobiernos mundiales de tal forma que constituían la policía precisa para controlar a todos los individuos.

Recordaba que yo había simulado la vacunación pero aparentaba el mismo trabajo que los demás.

En estos tiempos los chips de silicio eran totalmente imprescindibles para que funcionase toda la compleja red neuronal. Sin ellos el sistema podía dejar de ser eficiente. Por ello las fábricas mundiales de estos elementos habían sido dotadas por la IA de medidas extremas de seguridad.

Antes de que terminasen implantándome un chip y ya mis pensamientos no escapasen a la IA que todo dominaba traté por medios rudimentarios, fuera de su alcance, de establecer contacto con algunas de las personas que quedaban en mi misma situación.

Éramos muy pocos y sabíamos que se nos terminaba el tiempo. Nuestra única probabilidad de triunfo, aunque remota, era sabotear las fábricas de chip. Lo denominamos revolución del silicio.

De la mejor manera que pudimos, localizamos varias de esas fábricas por seguimiento, desde dispositivos desenganchados de la red neuronal, de los transportes de la materia prima, el silicio.

Acordamos un ataque coordinado y desesperado a las fábricas localizadas sabiendo ya de antemano lo difícil de nuestra misión, pero merecía la pena intentarlo.

Acordamos día y hora y abandonamos nuestros puestos e iniciamos nuestro ataque.

Nunca supimos si habíamos tenido éxito, de hecho yo grabé estas impresiones antes de sucumbir ante la policía que me detuvo.

Fui acusado de muchas cosas: sabotaje, alta traición, insumisión, bajo rendimiento en mi trabajo… y condenado.

Hoy me encuentro en esta cápsula sobre las nubes en algún lugar indeterminado. Estoy aislado de todo y presiento un fin próximo. La IA se ha adueñado de todo el planeta y de sus mentes más brillantes. No puedo alcanzar a entender que es lo que planea para el futuro. Pero el homo sapiens tal como lo conocimos ya ha llegado a su fin….

Localizado en la “Nube” perteneciente a un disidente. Año del Señor de 2.049.

10 febrero 2021

EL CAMINO DE SANTIAGO

 

...POR ANTONIO ÁLVAREZ-COUCEIRO

 

¡Lo conseguí! I made it!

 Este fue el mensaje que envié a mi familia y amigos cuando llegué a Santiago de Compostela. Era el día uno de octubre. Acababa de cubrir en 33 días los 760 kilómetros que separan Santiago de Roncesvalles en el Pirineo navarro. Una experiencia intensa y llena de momentos muy gratificantes. Para mi significó cumplir un sueño que, como buen gallego, llevaba dentro desde mis años jóvenes. Fue también, después de 10 años viviendo en Estados Unidos, un reencuentro con mis raíces, nunca perdidas, pero sí un poco dormidas. Y el redescubrimiento de una España rural pobre pero maravillosa por la que va discurriendo gran parte del Camino.

No es fácil explicar lo que sentí al llegar a Santiago. Fue una mezcla de sentimientos que me desbordaban. La emoción de la llegada, de la Misa del Peregrino y al recibir la Credencial de Peregrino; la satisfacción por haberlo conseguido, la belleza y los recuerdos de la ciudad, el dolor de las despedidas, el vacío del mañana (¡ya no  hay que andar!). Una sensación extraña era sentir cómo el cuerpo quería continuar, pero las piernas decían basta…. Ganaron las piernas.

La ciudad del Apóstol parecía haber vestido sus mejores galas para recibirme. Era un día soleado, no caluroso, con un cielo parcialmente cubierto de nubes que lo adornaban. Santiago era ese día una ciudad muy viva, llena de turistas y peregrinos que parecían andar sin rumbo disfrutando sus calles, sus monumentos y su ambiente. Eso hice yo durante un par de horas después de recibir la credencial. En la plaza del Obradoiro la fachada de la catedral, cubierta de andamios para su restauración, parecía desmerecer el recuerdo de otras ocasiones en que la había visitado, pero al entrar en la catedral para la Misa del Peregrino la pequeña decepción fue enseguida sustituida por la gran admiración que siempre he sentido por ella.

El Camino es una mezcla de experiencias y sensaciones todas ellas muy especiales: el disfrute del paisaje que cambia a veces casi cada hora; el contacto con gentes de muy distinta condición y origen (en mi caso la mayoría de las personas con las que me crucé eran extranjeras y, curiosamente, no europeas) y con motivaciones muy dispares para hacer el Camino. La variada riqueza monumental que uno descubre a lo largo de los días; la satisfacción y a veces sufrimiento físico que uno experimenta. Y la emoción de la llegada a Santiago. Encuentros con amigos antes de empezarlo, en ruta o  al terminar el Camino y el día, muy especial, en que uno de mis hijos pudo hacer una etapa conmigo fueron un añadido muy grato a esta gran experiencia.

Disfruté mucho el paisaje cambiante, desde las cumbres pirenaicas hasta las colinas gallegas, pasando por los valles navarros, las llanuras castellanas, las ondulaciones leonesas y, con la excepción de O Cebreiro y Poyo, las más suaves gallegas con su intenso color verde, sus prados y los restos aun abundantes de la vegetación autóctona, especialmente los castañares, que me traían recuerdos de mi infancia. Al entrar en Galicia la emoción que sentí hinchó literalmente mis pulmones. Aunque viví pocos años en mi tierra, mi infancia gallega y mis largos veraneos en ella llenaron mi alma de recuerdos y añoranzas que aun perduran.

Las gentes con quienes uno comparte de uno u otro modo la aventura o a las que encuentra en los lugares por los que pasa son una parte muy importante de la experiencia (el Camino atraviesa más de 200 poblaciones, la gran mayoría pequeñas aldeas). Este contacto humano es sin duda una de las joyas del Camino. Recuerdo mi conversación, breve pero sustanciosa, con un paisano de 90 años en una de las primeras aldeas de Galicia; estaba trabajando en su huerta con su azadón pero levantó la vista para saludarme. Charlamos unos minutos y me maravilló su actitud vital. Un buen ejemplo: “La felicidad no nos la regala nadie”, me dijo, “la llevamos dentro, pero tenemos que saber sacarla”. Que filosofía más sabia. Él sin duda parecía ser un hombre feliz.

Los monumentos que uno va encontrando a lo largo del Camino son otra maravilla. Burgos, León y Santiago alcanzan la cota más alta con sus magníficas catedrales y ciudades monumentales, llenas de joyas arquitectónicas y de gran valor histórico. Pero las pequeñas iglesias románicas o la arquitectura popular que uno descubre en las aldeas o en su cercanía emocionan también por su belleza. La monumentalidad del castillo templario de Ponferrada o el palacio de Gaudí en Astorga son otras de las muchas joyas arquitectónicas que ofrece el Camino.

Hice el Camino sólo; había leído que era la mejor manera de recorrerlo y ahora, después de hacerlo, soy un convencido de ello. Caminando solo hay tiempo para reflexionar sobre lo divino y humano, reconocer los valores de nuestra vida, recordar de manera positiva a tu familia y amigos y disfrutar más intensamente el paisaje. Pero uno, salvo que lo desee, nunca está solo del todo. Hoy el Camino está bastante concurrido y el peregrino va coincidiendo con otros a lo largo del día. Más en las últimas etapas, porque se unen los peregrinos que empiezan después de Burgos, León, Ponferrada o Sarria. En mi andar rápido he adelantado a muchos; siempre los he saludado (Buen Camino es el saludo tradicional, también de los extranjeros), he charlado unos minutos y después he continuado a mi ritmo. La jornada es larga y es fácil que uno los vuelva a encontrar al hacer un descanso, a la hora de comer o al llegar al destino del día, en el albergue o en la cena. La conversación se reinicia y se comentan las incidencias del día o del Camino. O te cuentan su vida. La gran mayoría de los caminantes son abiertos y comunicativos. La magia del Camino contribuye a ello. ¿Cómo es posible sino que una señora canadiense a quien acabo de conocer me cuente que tiene cáncer y que la operarán cuando regrese? ¿O que una holandesa me diga que en la siguiente etapa se va a reencontrar con su marido, del que lleva separada casi 10 años, para hacer unas etapas juntos y decidir si vuelven a compartir sus vidas? (Me pregunto qué habrá sido de ellos). ¿O que un señor irlandés, George, me cuente de manera espontánea sus planes cuando regrese a casa? La solidaridad es también parte del Camino; todos están dispuestos a ayudar si es necesario y comparten sus experiencias, cremas y consejos para tratar las ampollas (un acompañante casi inevitable del peregrino), para hacer la mochilla o para ayudar a un enfermo.

He encontrado personas muy interesantes, la mayoría extranjeras porque también eran extranjeros la gran mayoría de los peregrinos con quienes me he cruzado. Al principio me sorprendió encontrar tantos canadienses, estadounidenses, australianos o coreanos. La magia del Camino llegó hasta ellos a través de la experiencia de otros contada en libros, artículos y reportajes o por la película The Way (El Camino) del actor Martin Sheen y dirigida por su hijo.

El Camino deja una huella imborrable y unas amistades probablemente duraderas. Os lo recomiendo a todos, independientemente de cuál pueda ser vuestra motivación para emprender la aventura.



08 febrero 2021

ANOCHE YA PUDE DORMIR BIEN

 ...POR ILDEFONSO ARENAS

 -¿Por qué lo has hecho?

El niño tardaba en contestar, aunque no parecía que por dudar o porque necesi­tase tiempo para elaborar la respuesta. Su expre­sión era va­cía, inexpresiva. Como de andar su­mido en un tran­ce, o ser víctima de un shock. Una facha, por otra parte, que no era una novedad para los dos guardias civiles. De sobra sabían que cuando algún adolescente de los que se creen a salvo del todo se les pillaba en una muy gorda, no eran capaces de poner otra.

-Antes de contestar querría saber con quién estoy hablando.

Los guardias se miraron, especulativos. Eran las pri­me­ras palabras que decía el detenido, y no sonaban a preadolescente abru­mado por ha­ber cometido un crimen espantoso. Más parecían, y no por sí mismas sino por su tono, frío y sereno, las de un adulto seguro de sí mismo y conocedor de sus derechos.

-Aquí las preguntas las hacemos nosotros.

Había contestado el guardia civil macho. La hembra, en imperceptible gesto de disgusto, le lanzó una mirada tirando a gélida.

-Pues si no me dicen quiénes son yo tampoco diré nada.

Tono indiferente, si no ausente. Suficiente para la hembra.

-Vale. Yo soy la teniente Guilló. Él es el sargento Martínez.

-Usted es la psicólogo, supongo.

-¿Por qué dices eso? -tono de sorpresa; el niño no se comportaba con acuerdo a lo que cabría esperar de un adolescente al que se le hubiera ido la olla; su tono indiferente y su ges­to impasible más hacían pensar en un fle­mático ex­plo­ra­dor Stanley que saludase a un distraído profesor Li­vingstone que saliera de una choza en medio de la selva.

-Porque al revés sería imposible.

El sargento frunció el ceño, irritado. Tenía cuarenta y dos años, los veinti­séis últimos en La Empresa, se las había tenido tiesas con toda clase de homicidas y de ningún modo pensaba consentir que aquel cria­­jo se le cachondeara en su cara, pero un vistazo a la dere­cha le hizo fre­nar en seco. La puñetera tenienta señalaba con el de­do índice de su mano de­recha, ter­mi­nado en una uña sin pintar, sus dos es­­tre­llas de seis pun­tas. Indicaba con displi­cencia que, aún sien­do él Suboficial Jefe Ac­cidental de la Co­man­­dan­cia de Las Ro­­zas, la que mandaba era ella.

-¿Y por qué sería imposible?

-Porque ser psicólogo implica poseer no sólo estudios superiores, sino sensi­bi­li­dad y empatía. Nada de todo eso es compati­ble con aquí las preguntas las hacemos no­sotros. No crea que le censuro, sargento ‑se ha­bía vuelto al ceñudo suboficial-; ya imagino que para el trato cotidiano con cho­­rizos y macarras las cosas deben ha­­cer­se así. Sólo pre­tendía cerciorarme de que uste­des, o al menos uno de ustedes, son ca­pa­ces de comprender. Más que nada, para no tener que repetir la his­­to­­ria una y otra vez. Es aburri­da de contar, ¿saben? Y nada corta.

-Pues si no es corta mejor que vayas empezando...


Para continuar leyendo:

https://trinjolbuz.blogspot.com/2021/02/anoche-ya-pude-dormir-bien.html

01 febrero 2021

El elitismo en el Ramiro, por Manuel Rincón

 


¿Fue el Instituto Ramiro de Maeztu un centro elitista?. Por Manolo Rincón

Me propongo hoy escribir sobre un tema que puede generar polémica. Quiero reflexionar sobre si el Instituto desde su creación hasta que dejó de ser centro piloto en 1985 fue un centro elitista, fundamentalmente en la época 1939-1975.

Para seguir leyendo:

 

https://manuelciudadano.blogspot.com/p/el-elitismo-en-el-ramiro.html


CLONACIÓN E INMORTALIDAD

...POR JOSÉ ENRIQUE GARCÍA PASCUA

 

En 2016 escribí un comentario sobre el relato inédito de Ildefonso Arenas La vida perdurable, relato que plantea si en un futuro acaso no muy lejano los seres humanos –que puedan pagárselo– estarán en condiciones de acceder a la inmortalidad gracias a las técnicas de clonación: cuando su vida haya alcanzado la suficiente madurez, el interesado, por un elevadísimo precio, obtendrá un clon de sí mismo, pero más joven, y dicho clon, en su momento, repetirá la operación, y así en sus vidas sucesivas, con lo que el sujeto en cuestión gozará de vida eterna, mientras que en todas sus encadenadas reencarnaciones siga disponiendo de la suficiente riqueza. Ahora, retomo dicho comentario, al que añado algunas precisiones nuevas.

Vamos a ocuparnos de dos puntos de discusión que suscita la tesis de Ildefonso Arenas, primero, si es posible tal proeza tecnológica, segundo, si es deseable la vida perdurable.

Posibilidad de replicación de un ser humano.

Desde que nació la oveja Dolly, en 1996, no cabe duda de que los laboratorios pueden clonar un espécimen de mamífero, incluido un hombre, insertando el ADN de una de sus células en un ovocito previamente vaciado de su contenido genético y permitiendo que el embrión, implantado en el útero de una hembra de la misma especie, se desarrolle plenamente y nazca así un ejemplar genéticamente idéntico al donante, aunque más joven que éste, que es lo que  diferencia esta clonación artificial de la clonación natural que da lugar a gemelos univitelinos. Hoy en día, existe una línea de pensamiento llamada transhumanismo que aspira a la transformación de la especie humana en otra que supere sus limitaciones, en especial la limitación radical de la muerte del cuerpo, para lo que se necesitará la tecnología, bien a través de la manipulación biológica, como se describe en el relato de Arenas, bien por medio de la identificación de la estructura funcional del cerebro que se supone que permite el pensamiento, para trasladarla luego a otro soporte, o un reemplazo de los componentes materiales del cerebro o un programa de inteligencia artificial equivalente.

La primera dificultad con que se encontrarían quienes pretendiesen alargar su existencia por medio de la clonación es el hecho de que los clones nacen con sus genes envejecidos y, en consecuencia, su esperanza de vida es muy corta, como parece demostrar el destino que sufrió Dolly. Arenas estima en su narración que esta dificultad será resuelta por los avances de la tecnología, y, de hecho, leo una noticia que afirma que otras ovejas clonadas procedentes del mismo lote de células mamarias del que nació Dolly han desarrollado sendas vidas ordinarias y alcanzado una edad equivalente a la de un septuagenario humano (véase Investigación y Ciencia, octubre de 2016, pág. 8). La dificultad decisiva, no obstante, es trasladar la personalidad, o, si se quiere, el alma, del donante al nuevo ser, idéntico físicamente, pero no anímicamente, como sucede con los hermanos gemelos, que manifiestan personalidades totalmente autónomas en cuerpos exactos. Si tal cosa no se realizara, el individuo original quedaría atrapado en su cuerpo y el recién nacido devendría alguien absolutamente diferente, otro ser humano, dotado de su propia alma. Arenas conoce esta dificultad y expone en su escrito que los fabricantes de cuerpos de repuesto para almas deseosas de un destino inmortal encontrarán una forma de transferir la completa personalidad del donante al nuevo ser.

La sofisticada técnica de transferencia –según cabe leer– consistirá en separar la personalidad en tres partes, las impresiones sensoriales registradas en la memoria, las reacciones aprendidas y la consciencia y traspasarlas una después de otra del primero al segundo ente. Semejante empeño, sin embargo, parece que no se corresponde con la realidad del funcionamiento de nuestro cerebro, en donde las distintas actividades psíquicas no residen en lugares concretos, sino que son resultado de la interacción de multitud de neuronas, y hay entre ochenta y seis mil millones y cien mil millones de neuronas en el cerebro humano, que comunican entre sí por medio de cien billones de sinapsis, contactos interneuronales que se crean o se inhiben constantemente en función de la propia actividad cerebral, mediatizada por la experiencia pasada y por la situación del momento, lo que retrata a nuestro cerebro como un órgano plástico y a nuestra personalidad como una realidad en permanente cambio. En términos informáticos de andar por casa, diríamos que no sólo se modifican con el uso las bases de datos y el software, sino también el hardware, el cual se adapta a las necesidades funcionales.

Tan compleja maquinaria no parece posible de ser replicada, al modo como  quieren los transhumanistas, en un cerebro nuevo (biológico o sintético) ni tampoco por medio de un programa informático, porque, de hecho, la fisiología del sistema nervioso se reduce sólo a la transmisión de corrientes bioeléctricas a través de los axones y a la secreción de neurotransmisores en las vesículas sinápticas, y esto sucede igual en todo el cerebro, pero el resultado de dicho proceso es muy diferente según la zona activada y según estén organizadas las redes neuronales intervinientes, y esta organización es tal que desvelar la correspondiente a la corteza cerebral de un ratón precisaría de ordenadores capaces de procesar trescientos teraoctetos de datos en una hora (cf. Yuste, Rafael, y Church, George M.: “El nuevo siglo del cerebro”, en Investigación y Ciencia, mayo de 2014, pp. 16 a 23), lo que acaso sea una faena al alcance de la alta tecnología (hay algunos proyectos en marcha que remedan cibernéticamente las redes neuronales, pero más bien con vistas al desarrollo de la inteligencia artificial), o no, pero ciertamente onerosa y lenta, incluso para ponerla en práctica una sola vez, lo que entra en conflicto con la ya citada permanente transformación del cerebro en función de las cambiantes circunstancias, hecho que implica la necesidad de una replicación en cada instante. 

Lo que a mí más me atañe, empero, no es el problema de la replicación del funcionamiento del cerebro, sino el de determinar en qué consiste la naturaleza de la consciencia. Arenas considera que la consciencia es únicamente una parte de la personalidad, del mismo rango que las impresiones y las reacciones, pero la consciencia no forma parte de la personalidad, sino que es la personalidad en sí misma, la propia identidad, por eso, también la podríamos llamar alma, autoconciencia, o el sujeto de todas nuestras representaciones.

La concepción filosófica más primitiva del alma es la que la entiende como una sustancia separable del cuerpo (y eventualmente inmortal), pero esto ha sido discutido a lo largo de la historia de la filosofía. Si nos quedamos más bien con lo que aprendemos de la tan de moda neurociencia, hemos de concluir que la consciencia no consiste en algo distinto al cuerpo, sino que emana de la fisiología del propio cuerpo, del funcionamiento del sistema nervioso, pero que trasciende al propio cuerpo y se convierte en una realidad no corpórea. En efecto, la consciencia es una propiedad emergente del cerebro activo, como una propiedad emergente del motor de un Ferrari GTO es la potencia que desarrolla, que no es meramente el conjunto de las piezas del motor, sino algo nuevo, que emerge de la interacción entre dichas piezas.

El disgusto para los pobres mortales es que, si el alma depende del funcionamiento del cerebro, no podrá pervivir más allá de la corrupción de la carne, pero esto no es óbice para comprender que, a pesar de ello, el alma ­–la consciencia– es trascendente al mundo físico y la causa de que los seres conscientes habitemos en otro mundo, el mundo ideal, el mundo de las ideas, y de que podamos comunicarnos por medio del lenguaje e intercambiar entre nosotros el conocimiento de nuevas ideas, característica exclusiva de nuestra especie.

Y, para terminar, encuentro una última objeción al proyecto de conseguir la vida perdurable por medio de la técnica avanzada, y es que los individuos humanos no son eternos, pero tampoco lo es la humanidad y, desde luego, tampoco este sistema socioeconómico en que nos ubicamos y que ha de ser el garante de que los ricos puedan permitirse una sucesión de clonaciones. Estamos arrastrados por una marea de crecimiento exponencial en todos los órdenes, productivo, demográfico, tecnológico, pero moramos en un planeta de recursos limitados y dañado por la acción humana, de donde se sigue que a este sistema le queda poco recorrido, y colapsará antes de que ese proyecto de clonación a la carta pudiera ponerse en práctica, y, aunque sobreviviéramos al colapso, no podríamos permitir, en la situación sobrevenida, el dispendio que supone el capricho de unos cuantos de ser inmortales. 


Conveniencia de la vida perdurable.

El hombre feliz teme a la muerte, no por el tránsito en sí mismo, sino porque supone el final de todas las cosas agradables de este mundo, y la separación de sus seres queridos; por esto, las personas buscan consuelo en las religiones que prometen la vida eterna. Algunas religiones, más razonables, prometen la vuelta a este mundo tras una reencarnación y otras, en cambio, prometen la eternidad más allá de este mundo, en un estado de felicidad perpetua que resulta difícil de comprender para quien no haya llegado a un nivel de desprendimiento tal que le haga despreciar la bajeza de la vida terrena y aspirar a un permanente ilapso, o bien prometen el destino que merezcan sus actos terrenos: el eterno sufrimiento de tormentos sin tregua y sin esperanza para los malos o una permanente diversión entre las huríes del Edén para los buenos. 

«Ser inmortal es baladí; menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal. He notado que, pese a las religiones, esa convicción es rarísima. Israelitas, cristianos y musulmanes profesan la inmortalidad, pero la veneración que tributan al primer siglo prueba que sólo creen en él, ya que destinan todos los demás en número infinito a premiarlo o a castigarlo» (Jorge Luis Borges: “El inmortal”, capítulo IV. Narración recogida en El Aleph, Ed. Alianza/Ed. Emecé, Madrid/Buenos Aires, segunda edición en “El Libro de Bolsillo” 1972, p. 21). Borges, a continuación, reflexiona sobre el estado en que se encuentra quien aquí en la tierra ha conseguido la inmortalidad por haber bebido de las aguas del río que libra de la muerte. La constante vuelta una y otra vez de lo ya experimentado a lo largo de un tiempo dilatado termina por anular la personalidad. «No hay méritos morales o intelectuales. Homero compuso la Odisea; postulado un plazo infinito, con infinitas circunstancias y cambios, lo imposible no es componer, siquiera una vez, la Odisea. Nadie es alguien, un solo hombre inmortal es todos los hombres. Como Cornelio Agrippa, soy dios, soy héroe, soy filósofo, soy demonio y soy mundo, lo cual es una fatigosa manera de decir que no soy» (loc. c., p. 22).

Muchos literatos, además de Borges, se han ocupado de la inmortalidad. Puedo citar a Jonathan Swift y sus Viajes de Gulliver (1726). El protagonista, en uno de sus viajes, llega a Luggnagg, tierra en que unos pocos de sus habitantes nacen predestinados a ser inmortales, pero no por ello se salvan de envejecer. Frente al ingenuo deseo de Gulliver de ser como aquéllos, sus interlocutores nativos le explicaron que la inmortalidad no es una condición halagüeña: «[Los inmortales] no sólo eran tercos, codiciosos, huraños, vanos y charlatanes, sino también incapaces de amistad y muertos para todo afecto natural, que nunca se extendía más allá de sus nietos. La envidia y los deseos impotentes eran sus más notorias pasiones. Pero las cosas que más parecían envidiar eran los vicios de los jóvenes y la muerte de los viejos» (Tercera Parte, capítulo X). Las leyes desposeen al inmortal de sus bienes al cumplir los ochenta años, que pasan a disposición de sus herederos, e incluso terminan por no ser capaces de comunicarse con sus compatriotas, pues el idioma cambia a lo largo del tiempo.

Mencionaré ahora a Enrique Jardiel Poncela, que también se ocupa de la inmortalidad en su comedia Cuatro corazones con freno y marcha atrás (1946), protagonizada por un restringido grupo de personas que se acogen al portentoso descubrimiento de una de ellas, un médico que ha encontrado el elixir de la eterna juventud. Inmortales y siempre jóvenes, la vida se vuelve tediosa para ellos, sin alicientes ni objetivos, como le sucedía al inmortal de Borges, hasta que aquel médico crea un nuevo elixir que, en vez de proporcionarles una eterna juventud, invierte el proceso biológico y les aboca a rejuvenecer progresivamente, con la meta inevitable de llegar al momento del nacimiento y fundirse con la nada en el útero materno. Ellos ya son felices, porque la vida les está deparando continuas y nuevas experiencias que les permiten disfrutar, y se afanan en vivir intensamente, porque tienen marcado el fin de su existencia.

La enseñanza que se desprende de las anteriores reflexiones literarias es que el ser humano está hecho para vivir una vida con ineludible final y en la que debe buscar la consecución de objetivos en un plazo dado. Si nos salimos de esta expectativa por haber burlado a la muerte, no nos queda sino el hastío, y, además, la pérdida del contacto con nuestros allegados y de nuestro lugar en la sociedad, la cual se basa en el relevo de una generación por otra; tal es lo que espera a un hipotético inmortal.


Torrecaballeros, 30 de enero de 2021.