INDICE ANALÍTICO DE ARTÍCULOS

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9 de febrero de 2017

MAS ESCRITOS DE ELOY MAESTRE

En los siguientes enlaces encontrareis dos escritos más de nuestro compañero Eloy Maestre

COSAS DE ABUELOS
http://trinjolbuz.blogspot.com.es/2017/02/cosas-de-abuelos.html

NATACIÓN PARA MAYORES DE 50
http://trinjolbuz.blogspot.com.es/2017/02/natacion-para-mayores-de-50.html

2 comentarios:

  1. He leído tu artículo de la natación con fruición, y eso que parecía que no se acababa nunca. ¡Qué bárbaro, qué partido le sacas! Ya veo que se te dan bien los “largos”.
    En la época del Ramiro no he destacado especialmente en ningún deporte al aire libre, pues en baloncesto tenía mala puntería y en fútbol sólo jugaba de defensa escoba asustando al delantero que venía de frente y enviando el balón lo más lejos posible. Otra cosa fue el gimnasio. Recuerdo que llegué a saltar el plinto con todos los cajones (he dicho cajones) y sin manos, dando la voltereta en el aire hasta un buen día que me llevé a todos por delante (los cajones).
    Más tarde me aficioné al tenis y al frontón. Cuando ya había hecho los cincuenta se me ocurrió la malhadada idea de participar en torneos de tenis “senior” en la urbanización, pero poco más tarde tuve que dejarlo al encontrarme aquejado de lesiones con frecuencia. Ya estaba harto de tener que ir todos los días a la enfermería a darme infrarrojos y decidí que lo del tenis había pasado a mejor vida. ¿Qué hacer? Pues natación, claro; éste fue mi motivo para iniciarme. Nunca he sabido nadar bien, más que nada porque nado “sin pies”. También he tenido anécdotas y algún incidente, aunque el que cuentas del señor insinuante la verdad es que no me ha sucedido. Una graciosa es que en un raro día que tuve que compartir la calle con una señora de buen ver y sabedor de que es conveniente ponerse de acuerdo en si se circula a la inglesa o a la del resto del mundo, le pregunté: “¿en tu calle o en la mía…?” Conste que aparte de las risas la cosa no pasó a mayores…
    En cuanto a la costumbre de nadar y al fondo, tienes toda la razón. Es increíble lo que se consigue siendo constante. Para no aburrirme me pongo a pensar en algo que tenga entre manos para escribir y nadando surgen ideas curiosas que trato de memorizar para luego usarlas. Funciona…

    En cuanto a la alimentación, no he tenido la misma suerte que tú; me he pasado media vida viajando, comiendo foies y carnes de Francia, comidas preparadas en los aviones, codillos en Alemania y… menos mal que no tenía que ir con mucha frecuencia a Inglaterra. Como en España no se come en ningún sitio, aunque todos los laborables que no viajaba comía en la empresa y además deprisa y corriendo. Muy mal. Afortunadamente, de jubilado me he corregido y ahora sigo una “Dieta Mediterránea”.

    El mensaje final que quiero dejar es que “nunca es tarde”, pues si es importante cuidar la mente y alejar el fantasma del alemanote ése llamado Alzheimer, también lo es cuidar la carcasa; con eso y revisiones de control y mantenimiento periódicas, como los aviones, espero que podamos disfrutar de los setenta… en adelante.

    Es probable que terminemos algún día sentados en un banco apoyados en el bastón, mirándonos a los ojos y contando historietas de la “mili”, como todos los abueletes; por ejemplo, cuando con voz algo trémula por la pila de años, dice uno:
    — ¿Te acuerdas cuando en la mili nos ponían bromuro en las comidas?
    — Siiiii….
    — Pues me parece que ahora me está haciendo efecto…
    Será ley de vida.

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  2. He leído tu artículo de la natación con fruición, y eso que parecía que no se acababa nunca. ¡Qué bárbaro, qué partido le sacas! Ya veo que se te dan bien los “largos”.
    En la época del Ramiro no he destacado especialmente en ningún deporte al aire libre, pues en baloncesto tenía mala puntería y en fútbol sólo jugaba de defensa escoba asustando al delantero que venía de frente y enviando el balón lo más lejos posible. Otra cosa fue el gimnasio. Recuerdo que llegué a saltar el plinto con todos los cajones (he dicho cajones) y sin manos, dando la voltereta en el aire hasta un buen día que me llevé a todos por delante (los cajones).
    Más tarde me aficioné al tenis y al frontón. Cuando ya había hecho los cincuenta se me ocurrió la malhadada idea de participar en torneos de tenis “senior” en la urbanización, pero poco más tarde tuve que dejarlo al encontrarme aquejado de lesiones con frecuencia. Ya estaba harto de tener que ir todos los días a la enfermería a darme infrarrojos y decidí que lo del tenis había pasado a mejor vida. ¿Qué hacer? Pues natación, claro; éste fue mi motivo para iniciarme. Nunca he sabido nadar bien, más que nada porque nado “sin pies”. También he tenido anécdotas y algún incidente, aunque el que cuentas del señor insinuante la verdad es que no me ha sucedido. Una graciosa es que en un raro día que tuve que compartir la calle con una señora de buen ver y sabedor de que es conveniente ponerse de acuerdo en si se circula a la inglesa o a la del resto del mundo, le pregunté: “¿en tu calle o en la mía…?” Conste que aparte de las risas la cosa no pasó a mayores…
    En cuanto a la costumbre de nadar y al fondo, tienes toda la razón. Es increíble lo que se consigue siendo constante. Para no aburrirme me pongo a pensar en algo que tenga entre manos para escribir y nadando surgen ideas curiosas que trato de memorizar para luego usarlas. Funciona…

    En cuanto a la alimentación, no he tenido la misma suerte que tú; me he pasado media vida viajando, comiendo foies y carnes de Francia, comidas preparadas en los aviones, codillos en Alemania y… menos mal que no tenía que ir con mucha frecuencia a Inglaterra. Como en España no se come en ningún sitio, aunque todos los laborables que no viajaba comía en la empresa y además deprisa y corriendo. Muy mal. Afortunadamente, de jubilado me he corregido y ahora sigo una “Dieta Mediterránea”.

    El mensaje final que quiero dejar es que “nunca es tarde”, pues si es importante cuidar la mente y alejar el fantasma del alemanote ése llamado Alzheimer, también lo es cuidar la carcasa; con eso y revisiones de control y mantenimiento periódicas, como los aviones, espero que podamos disfrutar de los setenta… en adelante.

    Es probable que terminemos algún día sentados en un banco apoyados en el bastón, mirándonos a los ojos y contando historietas de la “mili”, como todos los abueletes; por ejemplo, cuando con voz algo trémula por la pila de años, dice uno:
    — ¿Te acuerdas cuando en la mili nos ponían bromuro en las comidas?
    — Siiiii….
    — Pues me parece que ahora me está haciendo efecto…
    Será ley de vida.

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