16 de agosto de 2018

NUEVO LIBRO DE ILDEFONSO ARENAS

...Por Los del Ramiro

Un nuevo libro de nuestro compañero Ildefonso Arenas está en prensas y este otoño saldrá a la luz.
Os adjuntamos copia del Boletín Otoño-Invierno de la editorial Edhasa que refleja la información aparecida hasta ahora.




EL COMIENZO DEL CURSO 1953-1954


...Por Manolo Rincón.


Este próximo curso hará 65 años de mi llegada al Ramiro, junto con algunos compañeros más.
No voy a relatar cómo fue mi entrada en la Preparatoria, pues ya está expuesta en varios escritos anteriores. Voy a explicar la organización de la enseñanza en la Escuela Preparatoria en aquellos días, pues he notado que varios compañeros tienen dudas de la nomenclatura que se utilizó entonces, por lo que voy a tratar de aclararla.
Había dos cursos de párvulos, que estaban fuera de la enseñanza obligatoria, y algunos compañeros como Vicente Ramos  estuvieron desde el año 1951 en estos cursos de párvulos, donde debían ir poco menos que en pañales.
La enseñanza obligatoria comenzaba a los 6 años, en el curso denominado Iniciación. En este precisamente entré yo y recuerdo entre otros a Vicente Ramos, Vicente Zumel, Aito, Pepe Tony y de la Rubia que compartíamos Iniciación A, con Dª Luisa como profesora. En este curso además se hacía la primera comunión.
Los seis cursos que se impartían entonces en la Preparatoria eran:
-        2 de párvulos.
-        Iniciación.
-        Primero.
-        Segundo.
-        Ingreso.
Ese curso se promulgó un nuevo plan de estudios y había que cumplir 10 años en el curso que se hacía el Ingreso en el Instituto.
Por ello al curso siguiente (1954-1955), pasamos a primero los nacidos en 1947 y a segundo los de 1946. Aquí ya coincidimos ese curso los que seríamos compañeros hasta Preuniversitario, Vicente, Kurt, Carlos Iradier, Javi González Juliá, Nicolás Pérez-Serrano y Rafael Dávila.
Así pasamos primero y segundo, con D. Luis como profesor en el A.
Para el curso 1956-1957 hubo cambios nuevamente.
Los seis cursos de la Preparatoria se reestructuraron en:
-        Primero.
-        Segundo.
-        Tercero.
-        Cuarto.
-        Quinto.
-        Sexto (el de ingreso en el Instituto).
Por tanto pasamos todos a Sexto desde Segundo (Con D. Luis de profesor en el A).
Hay una confusión entre muchos compañeros que piensan que estábamos en Ingreso ese curso, pues no podía pasarse de Segundo a Sexto y en este pequeño trabajo he pretendido clarificar cual fue la organización que tuvimos en la Preparatoria y por los cursos que fuimos pasando hasta llegar al Instituto y por qué terminamos en Sexto.




Las clases de 6º A y 6º A bis en el curso 56-57.

VIÑETAS VERANIEGAS DE CARLOS MARSÁ

Nuestro compañero Carlos Marsá Valdovinos nos ha hecho llegar unas viñetas que ha publicado recientemente y que comparte con nosotros para arrancarnos una sonrisa.








7 de agosto de 2018

CUENTO DE VERANO

...POR NICOLÁS PÉREZ-SERRANO JÁUREGUI

Nuestro compañero Nicolás nos remite un cuento de verano deseándonos un feliz verano.

PARA DESEAROS BUEN SUEÑO, BUENOS SUEÑOS, DURANTE EL TERRORÍFICO AGOSTO. ABRAZOS. NICOLÁS.

Clic.
        Era la señal convenida; a ambos les indicaba que había que dormir. Comenzaba oficialmente el tiempo de sueño. Cada uno tenía su propia lámpara en la mesilla de noche. Leían un buen rato en la cama. Pero ya años atrás habían acordado que, en cuanto uno sintiese sueño, también el otro tendría que apagar su luz. No cabían excusas.
        Sin embargo, esa aparición oficial del sueño, fruto del indicado pacto, ese clic convenido, no tenía iguales efectos para los dos. Ella poseía el don del dormir inmediato. Tan pronto reclinaba su cabeza sobre la sábana (se acostumbró de chica a dormir sin almohada) ya emitía un ruidito gutural, revelador de su caída placentera e inmediata en brazos de Morfeo, a quien ella, como agradecida pleitesía, invocaba con el adulador nombre de Morguapo. Era cuestión de segundos. Jamás desapareció esa capacidad suya para conciliar el sueño.
        Para él, en cambio, ese tránsito de la lectura a la placidez reparadora era muy lento, incluso escabroso, lleno de picos de sierra, nunca rápido ni repetitivo, cambiaba cada noche. El decía que la lectura le producía tensión y que por eso costaba que le abandonase su estado previo. No por ello, sin embargo, dejaba sin cumplir el pacto. Dócil, apagaba la luz tan pronto ella daba los primeros síntomas de hacer la muerte del loro sobre su libro. Aun conocedor de lo que le esperaba: vueltas y revueltas sobre sí mismo, eso sí, de forma tenue para no despertarla. Por propia experiencia sabía el valor del sueño. Trataba de conciliar cuanto antes el suyo, pero desde luego no quería interferir en el de ella, para él un tesoro inalcanzable.