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5 de septiembre de 2012

Teoría del Todo, por Kurt Schleicher


Comparto con vosotros este tocho que he ido preparando en estos días, movido quizás por la parafernalia que le han dado recientemente los medios a ciertas noticias científicas (por ejemplo, neutrino más rápido que la luz & la física que se hunde o  tras la confirmación de la localización de una nueva partícula que tiene todas las trazas de ser el bosón de Higgs, ansiada pieza del rompecabezas y que seguro que más de uno por ahí debe de confundir con el bolsón de Frodo del “señor de los anillos”). Las aguas parece que vuelven a su cauce, pero todavía colea lo de la “partícula de Dios” y algunos deben de pensar como Lord Kelvin a finales del siglo XIX, que “ya no queda mucho por descubrir en Física y que estamos llegando al final”, incluso a comprender cómo hizo Dios al mundo, vana presunción.

  La otra razón es que me gusta desmitificar y simplificar, probablemente para entenderlo mejor, y eso de las teorías de la relatividad, la mecánica cuántica o la teoría de cuerdas tan de moda me ha estado llamando la atención últimamente y me dije que, igual que preguntaba Woody Allen en su película Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el sexo (pero nunca se atrevió a preguntar)” se podría aplicar igualmente a la cosmología. Hay muchos libros por ahí sobre el tema, te pones a leer y tienes la impresión que estás mordiendo una sandía y pretendiendo comértela sin abrirla. Me dije que valía la pena arañar un poco en la superficie y esto es lo que me ha salido.

  Al final del artículo hay una serie de definiciones “a mi manera” que me parecieron pertinentes añadir, con el mismo ánimo de simplificación conceptual y sin meterme en honduras. También añado un par de reflexiones filosóficas que probablemente levanten alguna polémica…


Para seguir, entrar en: 

15 comentarios:

  1. Convendrás en que ha habido teorías acerca del universo más sencillas que la teoría de las supercuerdas y en que la sencillez es un criterio para admitir una teoría que sigue cualquier científico. El postulado de un mundo de once dimensiones contradice el testimonio de los sentidos, sin contar con otras aberraciones empíricas, como que un gato puede estar vivo y muerto a la vez, ¿por qué se ha llegado, no obstante, a semejantes afirmaciones? La respuesta es a causa de la necesidad científica de explicar las sutiles observaciones que nos proporcionan los instrumentos con que exploramos lo que hay alrededor, observaciones que están más allá de la experiencia habitual del ser humano.
    Deberíamos, entonces, plantear cuál es la realidad verdadera, la que nos proporciona nuestra sensibilidad o la reflejada en las teorías cosmológicas. Para responder a esto, previamente hemos de recordar que las teorías a las que nos referimos están formuladas ante todo por medio de ecuaciones matemáticas, ecuaciones que no parece que formen parte de la naturaleza, sino que emanan del ingenio humano: de hecho, no existían antes de ser expuestas en el correspondiente documento científico. Por tanto, cabe concluir que, quizás, allí fuera hay algo, probablemente energía realizando diversos trabajos, pero que, en sí, la realidad física no es exactamente como la piensan los científicos, sino que este pensamiento sólo es consecuencia del esfuerzo que hace el hombre de ciencia por darse a sí mismo una teoría que le sirva para manejarse con esa energía que le rodea.
    A mí me gustaría que, cuando se llegue por fin a la teoría del todo, nos encontremos con una explicación harto más sencilla que la actual.

    Otra cuestión es la suscitada por el llamado principio antrópico, ¿cómo es que este universo en que vivimos fue originado con una entropía tan baja, si el estado de equilibrio es inmensamente más probable que aquel otro en que hay tal disponibilidad de energía que dio lugar a la creación de las galaxias, de la vida y, en último término, del hombre, que se interroga sobre el origen del universo? Una repuesta (antropomorfa) es la de que el Demiurgo se encargó de formar tan estupendo complejo cuya existencia, de otro modo, habría sido vedada por la estadística; otra respuesta es la de que, puesto que la energía nunca se destruye, sino que se transforma, nuestro universo procede de otro universo anterior, pero, en este caso, algo tuvo que suceder para que aquel otro llegara a su fin antes de haber alcanzado el estado de desorden total previsto por el segundo principio de la termodinámica. Nos hemos salido –me temo– de la física y hemos caído en la metafísica.

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    1. Efectivamente, parece que las teorías se complican cada vez más, pero de forma continuada. Hace un siglo ya con Einstein, quien nos empezó a poner el mundo “patas pa arriba” y, poco más tarde, ya hace 80 años, con la mecánica cuántica, ya viejecita y comprobada, a pesar de que, al estar ligada a probabilidades más que a algo tangible, nos cuesta entenderla y las explicaciones son a veces de lo más peregrino (lo del gato resulta de la cuántica).- La Teoría de Cuerdas no está comprobada todavía, y los físicos teóricos no han salido todavía del pozo y del lío en que les han metido las matemáticas, pero puestos a comparar, no me parece que sea relativamente más compleja que la propia mecánica cuántica. El problema subyace en que todavía no tenemos los medios para verificarla. En cuanto a las matemáticas no son inexactas per se, lo que sucede es que las manejan los hombres que son quienes deciden qué términos, postulados o hipótesis introducen, y no siempre aciertan. A veces se forma una singular “competición” entre los físicos teóricos puros y los modelizadores; a los segundos les solemos entender mejor.
      Con respecto a las teorías de multiverso, sólo parece que sí hay algo “más allá” por efectos gravitacionales comprobados, pero tampoco se ha sabido explicar todavía; en cuanto comprendamos (y verifiquemos) mejor la entidad de la energía oscura, a lo mejor seremos capaces de entender mejor este asunto. En cuanto a las dimensiones extra (a lo que nos lleva la teoría de cuerdas, capaz de aunar –teóricamente- las teorías relativistas y cuánticas), es un tema apasionante muy utilizado en la ciencia-ficción, pero no por ello a descartar. Lo que pasa es que es muy difícil de explicar y deja un espacio inmenso a la imaginación “febril” (te recomiendo un libro que estoy leyendo –“warped passages”- de Lisa Randall, física y no novelista).

      El principio antrópico me parece un poco limitador si se usa en el sentido de “sólo existe lo que podamos comprender bajo nuestra entidad humana”, pero lo menciono al ser una postura que existe, respetable como otras muchas.

      En cuanto a que rocemos la metafísica, pues sí, siempre va de la mano con los avances de la cosmología y confieso que lo he introducido en mi artículo con afán provocador intencionadamente. Lo mismo que hay físicos teóricos con cada vez más dificultades, los teólogos también las tienen… Mi articulillo lo he he hecho tratando de poner en orden lo que he leído en varios libros de divulgación científica al respecto durante este año y compartirlo con vosotros “ya sintetizado”, a la vez que provocar reflexiones sobre todo lo que vamos descubriendo en estos años y que nos llevan a pensar que “vivimos en un mundo (¿o mundos?) de locos” sin pretender dogmatizar.

      ¡Muchas gracias por tus comentarios!

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  2. Mi problema no reside en que los científicos no siempre acierten con sus postulados, que es algo que asumo, pues la investigación propiamente científica pasa por elaborar teorías falsables –según el planteamiento de Popper–, y esta posibilidad de demostrar que una teoría establecida es falsa, porque no es capaz de explicar algún aspecto del objeto de estudio, es lo que hace progresar al conocimiento científico en general. Mi problema reside en que este esfuerzo por explicarlo todo desemboca en teorías que parecen contradecir la experiencia cotidiana, por lo que nos colocan en el aprieto de decidir entre lo que nos dicen los sentidos, por ejemplo, que vivimos en un entorno de tres dimensiones (más el tiempo), o lo que nos dice la teoría, por ejemplo, que el entorno tiene once dimensiones (a pesar de que nosotros percibamos sólo tres, o cuatro).
    Hay dos repuestas a este dilema. La primera respuesta es tan antigua como Parménides, y consiste en aseverar que los sentidos nos engañan, por lo que únicamente nos podemos fiar de la razón, aunque ésta nos presente cosas que resulten inconcebibles al común entendimiento (deudor de la sensibilidad). Ya los detractores de Parménides le criticaron por negar lo evidente, lo evidente a nuestros ojos.
    La segunda respuesta es la kantiana, según la cual no nos es dable acceder al mundo en sí, puesto que nuestro conocimiento no va más allá del noúmeno, es decir, la representación que nuestra inteligencia se hace del mundo en sí. Podríamos aceptar que las más recientes teorías científicas son nouménicas, representaciones, pero entonces queda la inquietud por saber si existe el mundo independiente y, caso de que exista, cuál es su auténtica naturaleza.
    Como ves, cuando nos interrogamos acerca de los últimos fundamentos, entramos en filosofías, y la filosofía tiene como cometido suscitar problemas, antes que resolverlos.

    Y, ya que he entrado en filosofías, vuelvo al principio antrópico. No creo que debamos dejarlo de lado aduciendo que responde a una postura entre otras, porque hace referencia a una cuestión insoslayable, tanto para el pensamiento filosófico como para aquellos que se ocupan de la cosmología, la cuestión del origen del universo y del sorprendente hecho de que éste se presente tan ordenado y albergando en su seno vida inteligente. Todo esto nos admira, y ya dijo Aristóteles que la admiración es lo que empuja al hombre a filosofar.

    En fin, quizás haya ido demasiado lejos. Seguramente estás en lo cierto, que bastante tenemos intentando comprender estas sofisticadas teorías.

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    1. Precisamente por lo que comentas resulta fascinante y atractivo. Estamos inmersos en un mundo tangible de 3+1 dimensiones y la razón nos dice que podemos estar inmersos en otras más, pero que no vemos. Lo que no vemos o tocamos nos induce a tener que creer, y eso no es fácil (no confundir con la fe, que tampoco lo es). Podemos imaginar un mundo unidimensional (la hormiga ciega que camina por un círculo sólo entiende una dimensión infinita) y sonreímos cuando pensamos que no es capaz de ver ni siquiera la segunda. O uno bidimensional aprendiendo a captar la tercera dimensión espacial: supongamos que nuestra referencia es un círculo de un toroide inmenso; la altura la percibimos dentro del toroide fuera del plano y, al ascender por él, pensamos que es el camino más corto. No nos damos cuenta que cuando hayamos alcanzado la mitad del toroide, resulta que hay otro camino más corto diametralmente, en una dimensión que con esa referencia no somos capaces de ver. ¿Nos engañan los sentidos? No es una ilusión; está realmente ahí, pero no lo veríamos por nuestra propia limitación espacial.
      Estoy de acuerdo contigo que esto nos lleva a filosofías, pero antes están los modelos matemáticos. Mucho antes de que se verificase que los agujeros negros existen, ya alguien los había predicho matemáticamente. Y el ejemplo de Higgs, con su campo y su bosón: tantos años que nadie le hacía caso tras exponer su teoría –calculada- y ahora se verifica gracias a los medios del LHC; ahora todo son palmaditas y a lo mejor le dan el premio Nobel. En tanto no se consiga este tipo de comprobación, las teorías se quedan en eso, en filosofías. Pese a que los avances astronómicos son innegables, todavía sabemos poco, poquísimo, del universo y la velocidad con la que aparecen teorías supera a las comprobaciones. Estoy de acuerdo contigo, pues, en que la filosofía sólo suscita problemas; cuando se empiezan a resolver, es cuando deja de serlo. Pero ¡anda que nos queda camino por recorrer! En cuanto a la sencillez de las teorías, nada más simple que la de las cuerdas, capaces de generar a base de “ritmo” todas las extrañas partículas que conocemos o vamos conociendo, pero el LHC tampoco da para más…

      No dejo de lado el principio antrópico, pero no puedo evitar tener la sensación de miopía cuando la considero, con las reflexiones anteriores.- Es muy bonito soñar e imaginar con lo que no se puede tocar. Y divertido jugar con ello, aunque me sucede algo parecido a un aficionado a la música que no ha estudiado solfeo; sin dominar las matemáticas al nivel de formar teorías cosmológicas no puedo pretender llegar más lejos, lo mismo que para componer a lo Beethoven necesitas no sólo saber solfeo, sino ser un maestro. Esto no me impide disfrutar de la música, así como para filosofar o soñar tampoco se necesitan las matemáticas (Kant no las utilizaba mucho) y no puedes hacer otra cosa que apoyarte en los “maestros” Hawking, Townsend, Feynman y otros y tratar de entenderlos desde mi ignorancia. Lo más que puedo pretender es formarme un criterio desde la lógica (que también es parte de la filosofía, según nos decía Mindán, ¿no?)

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    2. Contesto tarde, pero es que hasta esta mañana no me había topado con el texto que reproduzco a continuación:
      "La principal ocupación de la filosofía es cuestionar y aclarar algunas ideas muy comunes que todos nosotros usamos cada día sin pensar en ellas. Un historiador puede preguntarse qué sucedió en tal momento del pasado, pero un filósofo preguntará: ¿qué es el tiempo? Un matemático puede investigar las relaciones entre los números, pero un filósofo preguntará: ¿qué es un número? Un físico se preguntará de qué están hechos los átomos o qué explica la gravedad, pero un filósofo preguntará: ¿cómo podemos saber que hay algo fuera de nuestras mentes? Un psicólogo puede investigar cómo los niños aprenden un lenguaje, pero un filósofo preguntará: ¿por qué una palabra significa algo? Cualquiera puede preguntarse si está mal colarse en el cine sin pagar, pero un filósofo preguntará: ¿por qué una acción es buena o mala?"
      Thomas NAGEL, citado por Fernando SAVATER: Las preguntas de la vida. Ed. Ariel.
      En definitiva, la filosofía suscita problemas.

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    3. Las preguntas que se hacen los filósofos se parecen mucho a las que se hacen los informáticos. Tanto los unos como los otros se pasan la vida cuestionándose todo, al punto que algunos hemos llegado a opinar que la informática tiende a ocupar el espacio que antes pertenecía, de pleno derecho, a la metafísica. Las únicas diferencias prácticas, a mi prosaico entender, son (1) que los informáticos tienden a ganar mucho más dinero que los filósofos y (2) que apenas hay desempleo entre los informáticos. De ahí que si me viera en la coyuntura de recomendar una elección a un joven que acudiese a mí en demanda de consejo (eventualidad improbable, pero ésa es otra historia), le diría 'hazte informático, muchacho (o muchacha); viene a ser lo mismo pero comerás todos los días'.

      Alfonso el Electricista

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    4. Bueno, hay sus diferencias: si quieres callar a un informático, le das al "switch off", pero callar a un filósofo es bastante más difícil...

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    5. No obstante, he conocido filósofos que se ganaban la vida como informáticos.

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    6. Yo también, y más de uno (y más de diez). Ninguno en España, eso sí. Casi todos eran pakistaníes (buena parte mujeres), aunque también he tratado indios, y hasta un sikh. En general, la tendencia a la introspección propia de sus culturas (la pakistaní en tanto no acabe de diluirse la influencia india) favorece en gran medida el pensamiento abstracto, con lo cual no sólo suelen alumbrar excelentes matemáticos, sino unos insuperables desarrolladores de software.

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  3. Per altre banda, ¿Os acordáis de los sofistas?. Cuando me acuerdo de la aparición del Ilmo. Gustavo Bueno con Mercedes Milá en tele5. intentando hacernos creer que "Gran Hermano" era un gran instrumento de análisis social, no sé si me entran ganas de llorar o de reír. Algo huele a podrido en el Reino de los filósofos.

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    1. ¿De verdad fuiste capaz de prestarle atención?

      Alfonso el Atónito

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  4. A lo mejor los buenos filósofos se pasan al bando de los físicos teóricos, suponiendo que tendrán un futuro económico más arregladito y, total, podrán seguir hablando de lo mismo.- Pero tendrán que ponerse a estudiar matemáticas; el que algo quiere, algo le cuesta...

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    1. De mis días del Ramiro conservo el prejuicio de que los filósofos lo son por no atreverse con las matemáticas. De ahí que para muchos las mates fueran un coco y la filosofía una maría. Sin duda es una injusticia, pero casi todos los licenciados en filosofía y letras con los que traté en mi vida profesional terminaron pareciéndome unos vagos de solemnidad. De ahí mis simpatías por los que además de filósofos son ingenieros; a éstos no me cuesta tomármelos en serio.

      Alfonso el Escarmentado

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    2. Busca un trabajo mío sobre la paradoja de Aquiles y la Tortuga que está colgado en Internet.

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  5. ¿Del maravilloso diseño de éste nuestro Universo, tan ajustado que es difícil que se deba a una casualidad?, Hans Küng defiende que efectivamente es difícil, no sólo tiene que haber un dedo que apriete el botón sino unas manos que fabriquen la máquina.
    Ahora bien la relación hombre/Dios, puede ser de ignorancia mutua, sin tener normas de conducta específicas de cada religión de masas para hacer méritos

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