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5 de febrero de 2014

RECUERDOS DEL NOCTURNO

RECUERDOS DE UN ALUMNO DEL NOCTURNO, por Paco Villarín

Buceando sin rumbo por la red  como desocupado internauta, en uno de esos tiempos libres que la jubilación te proporciona, recalé en un blog con la siguiente cabecera:
Alumnos del Ramiro de Maeztu, de 1952 a 1964
Lugar de encuentro de los alumnos del 'Ramiro' que comenzaron el bachillerato elemental en 1957 (tras haber pasado o no por la Escuela Preparatoria), o el superior en 1961, o acabaron preuniversitario en 1964

            La referencia al Instituto donde había cursado mis estudios secundarios me alertó sobre  su posible contenido, aunque el hecho de que los hubiera realizado en el turno Nocturno, así como la distancia  temporal  y espacial con los destinatarios de la página, limitaron inicialmente mi interés. Sin embargo, husmeé por sus apartados y encontré unas semblanzas del profesorado bastante bien documentadas  y con controvertidos juicios de los autores, que avivaron mis recuerdos por personas, hechos y momentos cuyas vivencias pudieron ser compartidas. De esta manera me atreví a presentarme a través de una dirección de correo electrónico que allí constaba, manifestando mi condición de exalumno y la posesión de alguna documentación (fotografías y programas de representaciones teatrales) que podría complementar alguna de las biografías insertadas. Sorprendentemente rápido recibí respuestas afectuosas, primero de Vicente Ramos y luego de Paco Acosta, quienes gustosos me aceptaban el material disponible y  me brindaban la oportunidad de acompañarla de algún escrito  sobre mi paso por el Nocturno. Y aquí va.

       Cuando en septiembre de 1956 acudía al Instituto “Ramiro de Maeztu” voluntariamente, con 15 años, después de una jornada laboral, a realizar las pruebas de Ingreso, se cumplía una juvenil ilusión de intentar acceder a los estudios de Bachillerato. Recuerdo que el Tribunal lo presidía D. Antonio Magariños, a su lado estaba el P. D. Pedro Álvarez Soler, profesor de Religión, y también creo recordar que, al menos, lo componía el Sr. Sales Boli, profesor de Matemáticas. Hubo una serie de preguntas orales a cada candidato, entre las que predominaban  las razones por las que se pretendía entrar en el Centro,  y algunas de las respuestas hacían sonreír benévolamente a los que ocupaban el estrado.
       El sistema educativo de aquella época mantenía una estructura dual marcada por la situación social, política y económica del momento. Así, la enseñanza primaria que oficialmente era  la misma para toda la población escolar entre los 6 y 10 años, tenía una bifurcación real dependiendo del tipo de Centro educativo en el que hubieras estado escolarizado en este periodo. Unos daban continuidad iniciando el Bachillerato como fase previa para llegar a la Universidad, y otros proseguían el nivel hacia el mercado del trabajo, de los 10 a los 12 años, en que se completaba la enseñanza obligatoria y se obtenía el Certificado de Estudios Primarios. Pero aquí surgía una incongruencia, pues la legislación laboral no permitía la contratación hasta los 14 años, por lo que te mantenían “aparcado” en la Escuela dos años más bajo la justificación de cursos de iniciación profesional.
       Mis estudios primarios los realicé en su totalidad en el Grupo Escolar “Joaquín Sorolla”, sito en el Paseo del General Martínez Campos, número 14. Estas instalaciones habían pertenecido a la Institución Libre de Enseñanza, fueron incautadas al término de la guerra civil y, bastante deterioradas, destinadas a Centro educativo ordinario, sin que en las mismas existieran vestigios de la inspiración pedagógica de su pasado institucional.
       Los recuerdos de mi primera etapa de estudios primarios en esta Escuela están envueltos en la bruma de la lejanía temporal y en la inocencia infantil. Tengo presente al Director, D. Pedro A. Gómez Lozano, que presidía diariamente el izar y arriar la bandera con el alumnado formado en el patio y daba los gritos del ritual. También que en verano dirigía una Colonia Escolar en Olvega (Soria), a la que fui algunos años y en los últimos cursos como monitor. Un maestro de los que aún guardo un recuerdo especial era D. Emilio Fernández Abelló,  autor de una fantasía pedagógico social, “Fons laetitiae”,  y una novela “La Capitana”, que conservo con afectuosa dedicatoria. El resto de los maestros influirían de varias maneras en mi formación infantil, y serían los que también me enseñarían a leer, escribir, contar, etc., D. Armando, D. Felipe, D. Carlos, etc. El último maestro que tuve fue D. Antonio Abruña, durante los dos últimos cursos  de propina que llamaban de Iniciación Profesional. En su pluriempleo daba clases de cálculo y contabilidad en un Centro de formación para los botones de un banco, y a nosotros nos tenía gran parte de la jornada escolar haciendo infinitivas sumas o restas en hojas de papel de libro de contabilidad, cuyas largas columnas algún compañero previamente había dictado. En el resultado se valoraba el tiempo y los fallos. Otra actividad prioritaria era la preparación para el Campeonato Diocesano de Catecismo, consistente en efectuar entre los alumnos preguntas del Catecismo del Padre Ripalda, con respuestas rápidas y exactas  para no quedar eliminado. Cuando ya se dominaba en este sentido, se hacía el inverso, es decir, se daban las respuestas y había que contestar con la pregunta. No sé bien si estos ejercicios mnemotécnicos habrán servido para retrasar el alzheimer a alguno, pero lo que si recuerdo es haber sentido una liberación al finalizar el último curso. La inmediatez de la salida de la Escuela y la incertidumbre de la entrada en el mundo laboral forzaba a una madurez anticipada. Por los alumnos que ya habían salido sabíamos que los trabajos más comunes eran aprendiz en algún taller, chico de los recados en farmacias, tiendas, floristerías, etc., y lo más codiciado era botones de un banco.
       Con estas perspectivas, encontré un precario trabajo de botones en una oficina, aspirante a auxiliar lo denominaba la ordenanza de Oficinas y Despachos, pero evidentemente era de chico para todo. Al mismo tiempo, al salir iba a una Academia donde aprendí a escribir a máquina, taquigrafía y algo de Teneduría de Libros, todo ello enfocado a completar la formación para el horizonte profesional que se me vislumbraba. Pero hubo una circunstancia que fue bastante determinante, y era el hecho de que la mayor parte del personal de la oficina tenía estudios de bachillerato o  de magisterio, lo que me hizo reparar  que en ese medio precisaba elevar mi nivel académico, si quería tener alguna proyección.
       Por la prensa me enteré de que en el Instituto “Ramiro de Maeztu” habían iniciado estudios de Bachillerato para trabajadores en régimen nocturno, lo que parecía que se me presentaba la oportunidad que iba buscando. Al estar ya mediado el curso era imposible la matriculación, por lo que procuré estar al tanto para el siguiente.
       Y así, con la experiencia laboral de un año y la consideración de Apto en las pruebas de Ingreso, me encontraba matriculado en 1º de Bachillerato. Mi jornada laboral era bastante larga y para conseguir llegar a tiempo a la primera clase negocié en el trabajo salir antes, a cambio de llevar la correspondencia a la Central de Correos para su franqueo y expedición. Esto me permitía tomar en Cibeles el trolebús que me dirigiría al Instituto en hora.
       Alguna de las cosas que más llamaban la atención en contraste con el Centro de enseñanza primaria de procedencia era que había “Profesores” a los que se les llamaba Sr. “tal”, salvo contadas excepciones, en vez de Don “tal”, tratamiento común en la Escuela. También el hecho de tener un profesor por cada asignatura y un libro por cada materia, en vez de la Enciclopedia que recogía todas. Este año académico era el segundo en que el Instituto proseguía la experiencia del bachillerato nocturno iniciada en el anterior. Se nos explicó que por los “recortes presupuestarios” derivados de los últimos cambios ministeriales producidos se había tenido que suprimir la cena que se había servido en el curso precedente, así como la gratuidad de los libros de texto. En la justificación paternalista de estas medidas se denotaba mayor preocupación por parte del equipo directivo que en el propio alumnado, que utilizaba frecuentemente la cantina de Pedro, y los libros se agenciaban en la calle de los Libreros o por otros medios. Respecto a los libros no hubo ninguna exigencia sobre una editorial o texto determinado por parte de los profesores, y algunos recomendaron no utilizar ninguno dado el carácter infantilizado con que estaban redactados, ofreciendo sustitutivamente sus apuntes, esquemas y materiales que irían proporcionando.
       Respecto al alumnado aunque predominaban en aquel primero jóvenes de 15 y16 años, los había mayores y algunos cumpliendo el servicio militar e, incluso, un padre y su hijo. En la actividad laboral el trabajo en oficinas, bancos, seguros y otros despachos era lo más común, aunque también había quien lo hacía en alguna editorial y empresas como Renfe, Standard Eléctrica,  etc. El objetivo más común del alumnado era aprovechar lo máximo el tiempo que pasábamos allí y obtener de la manera más rápida la titulación que te abriera a otras perspectivas y,  planteando un grupo de los de más edad el deseo de hacer, al menos, dos cursos en uno. D. Antonio descartó esta posibilidad en el Nocturno, por considerarlo contrario a los fines educativos perseguidos, señalando como camino alternativo los exámenes libres y la preparación en academias, determinación que llevaron a cabo algunos. Consciente de mis lagunas y limitaciones personalmente opté por continuar paso a paso y procurar el mayor aprovechamiento e integración en el Centro.
       Un hecho que causó extrañeza y preocupación a unos y satisfacción y alegría a muchos era que no había Latín. Los menos llevamos esta inquietud a D. Antonio que nos manifestó su comprensión, apuntó las razones superiores que lo habían propiciado, su desacuerdo personal, y el convencimiento de que para el futuro se remediaría. Más tarde, planteado el asunto a D. Tomás Alvira, la respuesta fue algo agria y tajante amparada en  la norma. La concepción paternalista y utilitarista del Bachillerato Nocturno destinado a trabajadores había sido diseñado aligerándolo del Latín, y el horario liberado se traspasaba a la asignatura de Dibujo. Se entendía con ello que los destinatarios desembocarían en estudios de Grado Medio, como Peritajes y carreras Técnicas de este nivel, a los que les favorecería la intensidad del Dibujo, especialmente lineal. El resto del Plan de Estudios venía a ser semejante al del Diurno.
       Y así fui realizando los cuatro primeros cursos del Bachillerato Elemental con normalidad, procurando no desaprovechar el escaso tiempo disponible, robando algunas horas al sueño, y participando en el máximo de actividades que se ofrecieran, en las que veía un valor formativo e integrador.
       Del profesorado en general recuerdo su entrega profesional,  la comprensión de nuestras limitaciones de tiempo, el aprovechamiento del horario y la generosidad en facilitar los apuntes o materiales que nos pudieran convenir. Era común que manifestaran, creo que sin paternalismo, el gusto de darnos clase, donde no había que mantener el orden y la atención, como ocurriría en el Diurno, por las evidentes razones de la edad.
Entre los profesores que aún recuerdo estaban los siguientes:
. Sr. Sales Boli, de Matemáticas. No siendo ésta una de mis materias preferidas, tengo presente su preparación y la circunstancia de que en sus clases oí por primera vez y conocí la existencia de los quebrados y el álgebra, lo que evidenciaba mis carencias y el nivel adquirido en la Escuela de procedencia.
Sr. Navarro Ramos, de Lengua y Literatura. Prescindiendo del libro de texto como hacían otros profesores, las primeras semanas las dedicó a dictar unos completos apuntes con lo esencial de la Gramática, que luego preguntaba aleatoriamente mientras se movía por toda la clase y hacía que todos estuviéramos inquietos por si nos tocaba responder. Cuando consideró que esta parte teórica era comúnmente  dominada se pasaba a los ejercicios, análisis y comentarios, sobre textos literarios. He de reconocer que con su método adquirí aceptables conocimientos de la Morfología, la Sintaxis, y las bases para interesarme por la Literatura,  estructurar mi incipiente afición por los libros, e iniciar la conformación de mi  biblioteca. En ella encuentro ahora unos libritos de una colección titulada “Clásicos Castilla”, posiblemente adquiridos a bajo precio en la época, en el que el número 22 contiene varias obras de teatro de Leandro F. de Moratín, y en el pie de la anteportada  se lee “Colección dirigida por Enrique Navarro Ramos” y en el encabezamiento de la página legal “Primera edición: Octubre 1952” (Aporto este dato por si le puede resultar útil a Paco Acosta para su exhaustiva biografía inacabada). También a través suyo me aproximé al  mundo del teatro con el grupo que creó en estos años y en el que participé activamente. 



P. D. Pedro Álvarez Soler, de Religión. No era de los del Diurno, y su actividad matutina la realizaba como Magistrado del Tribunal de la Rota. Era un cura almeriense, simpático y pragmático, que después de lanzar algún chascarrillo sobre algún tema de actualidad, ponía su devocionario sobre la mesa anunciándonos que tenía que hacer los preceptivos rezos que su desmesurado trabajo no le permitía, y nos invitaba a que en silencio dedicáramos el tiempo a estudiar. Este rato era agradecido y todos lo aprovechábamos para ponernos al día en alguna materia.
P.D. Gregorio Pérez San José, de Religión. Tampoco era del Diurno, y llegó cuando fueron incrementándose los cursos para dividirlos con D. Pedro. Su afición era la Música y creó un coro que participó en ocasiones con el teatro. En el curso que lo tuve manifestó que era el capellán del Atlético de Madrid, y con este motivo la mayor parte de sus clases giraban sobre acontecimientos deportivos,
Sr. Cabo Alonso, de Geografía. Era un inquieto profesor que especialmente le gustaba el trabajo de campo y no paró hasta conseguir llevarnos, me imagino que en día festivo, a conocer el “cerro testigo” de Alcalá de Henares, dándonos una magistral lección sobre el fenómeno geológico, situándonos bajo la cuneta de la carretera en la mejor panorámica. Hubo alguna otra salida, cuyo lugar no recuerdo. D. Ángel Cabo Alonso sería después Catedrático y Decano en la Universidad de Salamanca.
Sr. Antolín de Antonio, de Dibujo. Con la reconversión del horario del Latín eliminado, se convirtió esta asignatura en  fundamental y perenne. Por su proyección hacia la tecnología, era constante el manejo de cartabones, escuadras, reglas, compases, tiralíneas y tinta china, con sus riesgos y accidentes. Para los que no éramos muy manitas esto suponía un suplicio al que había que dedicar mucho tiempo. Pero había una circunstancia especial en el Sr. Antolín, que era muy falangista o quizás franquista, posiblemente más que el profesor de Formación del Espíritu Nacional. La verdad es que en clase jamás se le oyó nada que no fuera relacionado con su materia. Pero nos llegó algún runrún de que en los Claustros había problemas ideológicos, especialmente con las actividades extraescolares que proponía el Sr. Navarro.
Sr. Varela Sánchez, de Dibujo. No recuerdo el curso en que lo tuve en sustitución del Sr. Antolín y creo que fue con Dibujo artístico, para lo que estaba también negado. Para los exámenes finales propuso la realización de unas láminas de libre elección. Atrevidamente le pregunté si podían ser abstractas y sorprendentemente  me contestó que afirmativamente. Con lo que preparé unos collages que le parecieron interesantes y me aprobó.
Srta. Prida, de Química. El curso que tuvimos a esta pizpireta profesora nos tenía subyugados por su vitalidad, sabiduría, paciencia, amabilidad y constante actividad. Algún mordaz comentó algo así como “es tan buena profesora porque no habrá podido ser otra cosa”.
D. Pedro Dellmans, de Física. Sin estar muy predispuesto para la materia poco pude aprender. La verdad que este amable y simpático profesor, entraba pronto al trapo si se le mentaba el fútbol o el Real Madrid.
D. Tomás Alvira, de Ciencias Naturales. Era el Vicedirector, y los alumnos del Nocturno percibíamos cierto paternalismo altivo, muy diferente al afectivo que irradiaba D. Antonio. Con él entramos en contadas ocasiones en el laboratorio, siempre cerrado, e incluso llegamos a realizar individualmente la disección de una rana observando el funcionamiento de sus órganos. Parece ser que esta actividad era clásica en sus cursos. De todas maneras las funciones directivas le exoneraban frecuentemente de las clases y no fue abundante el trato.
Sr. Pavía, de Historia. Sus clases eran densas, pero entremezclaba la materia con el anecdotario personal  sin variar el tono monocorde, lo que las hacía algo plomizas.
Sra. Morales, de Francés. La recuerdo con su inseparable tocadiscos y el curso CCC cuyas lecciones repetíamos de manera coral. Expandía su instinto maternal olvidándose a veces que no éramos sus niños de la Preparatoria o del Diurno, aunque en ocasiones comentaba sus lecturas literarias  y  sus autores predilectos, con la decepción que le producían algunas descripciones realistas. Nos hizo aprender una canción tradicional, “En passant par la Lorraine, avec mes sabots. Rencontrait trois capitaines. Avec mes sabots dondaine Oh oh oh, Avec mes sabots. Rencontrait trois capitaines,…”, que ha quedado tan grabada en mi subconsciente que aún la tarareo sin querer y me hace evocar la imagen de aquellos muchachones cantando estas estrofas infantiles.
Sr. de la Cueva. Era el Psicólogo. Persona muy cordial que periódicamente  nos sometía a pruebas psicotécnicas, cuyos resultados individualizados no recuerdo no los recuerdo.  También hacía alguna sustitución ante la ausencia o retraso de un profesor. Años más tarde estuvo de Inspector de Enseñanza Primaria en Santander.
Esta es la mayor parte del profesorado  que tuve en el Bachillerato Elemental. Al terminar 4º realizamos la Reválida que fue conjunta con los alumnos del Diurno y mutuamente pudimos comprobar las diferencias de edad y físicas de los dos turnos de la misma promoción. Se superó con holgura y  con la titulación obtenida me encontré realmente con el  dilema de su utilización.   Descartada la posibilidad de acceder a la Escuela de Magisterio para cuyo ingreso bastaba este título y que además  ya se impartía en régimen nocturno, opté por continuar hacia el Bachillerato Superior, íntima aspiración que albergaba desde que entré en el Instituto. La implantación de este nivel fue un logro personal de D. Antonio Magariños, que con constancia e interés supo acudir a los lugares adecuados y modificar voluntades que inicialmente no estaban predispuestas. Consiguió que se autorizara la implantación, aunque inicialmente condicionada a lograr un número mínimo de alumnos que ampliamente se consiguió, sobre todo en Ciencias. En Letras, con el hándicap de no haber dado Latín en el grado elemental, los candidatos eran escasos, pero la exigencia del cupo se logró con alumnos procedentes de otros Centros que se reincorporaban al sistema, e incluso algunos traslados de cursos anteriores del propio Diurno. De esta manera  en 5º curso los procedentes del propio Nocturno éramos los que íbamos a comenzar con una deficiencia de origen, por lo que generalmente dedicamos aquel verano a realizar cursos intensivos de Latín por nuestra cuenta.
De los cursos del Bachillerato Superior, así como del consiguiente Preu, recuerdo alguno de los siguientes profesores:
D. Antonio Magariños, de Latín. Por su función directiva y organizadora le teníamos siempre omnipresente, pero le desconocíamos como Profesor. Acostumbrado a un estudio gramatical condensado y a unas traducciones urgentes y con poco sentido que era lo que había logrado en el tiempo estival dedicado a la materia, las clases de D. Antonio eran otro mundo en el que se podía aprender y disfrutar. Las anotaciones que hacía sobre un texto traducido, eran esclarecedoras  y fuente de conocimientos históricos, mitológicos y lingüísticos. Sorprendentemente las clases no se hacían áridas para lo que en principio pudiera suponer la materia, y era evidente que la impartía con gusto, y transfigurado en lo que luego verías por los pasillos.
Sr. Brañas, de Latín. Era otro estilo. Personalmente muy cordial y la asignatura la situaba en sus justos límites.
Sr. Pérez Sánchez, de Historia del Arte. Haber tenido este profesor fue un lujo. Sus clases tenían un alto nivel cultural y divulgativo y las hacía extraordinariamente amenas. Algunos sábados daba una charla-conferencia sobre un cuadro diferente cada vez en el Museo del Prado, y era apabullante toda la información artística, histórica, social, etc., que podía aportar de una manera entusiasta sobre un lienzo. Tuve la suerte de volverle a tener de profesor en mi corto paso por la Escuela Oficial de Cinematografía y en la Facultad de Filosofía y Letras de la que llegó a ser Catedrático. En el Museo del Prado fue Subdirector y posteriormente Director. Era un especialista en Velázquez internacionalmente reconocido.
Sr. Miró, de Literatura. Otro regalo. Este crítico literario especializado en poesía, era un entusiasta fomentador de la lectura. Sus comentarios de texto animaban a profundizar en los libros. Creo que consiguió hacer muchos lectores hasta en los alumnos de Ciencias, que podían ser los menos propicios. También lo volví a encontrar en la Facultad donde era Profesor numerario.
Sr. Ruaño (D. Malaquías), de Griego. Muy serio y durante  la clase no trataba otra cosa que fuera la asignatura, gramática y traducción. Parece ser que trabajaba en la Embajada de Grecia y, en ocasiones, al explicar hacía comparaciones con el griego moderno. En esta asignatura me encontré más holgado que en Latín, pues era nueva para todos. Entre nosotros le llamábamos Sr. Ípsilon por su persistente  y vano empeño en que pronunciáramos bien esta letra del alfabeto griego.
La Reválida para obtener el título fue superada con éxito, y ya en el otoño de 1962 me encuentro en el Curso Preuniversitario que voy realizando con  normalidad, hasta que en marzo de 1963 el sorteo del servicio militar forzoso me lleva a Ceuta, provoca la interrupción de los estudios y no consigo concurrir a a los exámenes. En las fechas en que retorno ya licenciado no es posible  formalizar la matrícula en el Ramiro dentro de plazo, y me matriculo en la Academia Martínez Pita, de la calle Esparteros, adscrita al Instituto San Isidro, para reanudar el Preu, en septiembre de 1965.
Como puede observarse la mayor parte de mis estudios secundarios los llevé a cabo en el Ramiro y son los que han dejado una huella profunda en mi vida. Pero hubo otras actividades complementarias en las que pude participar de alguna manera y que influyeron también en mi formación integral.
Era evidente que D. Antonio tenía un especial cariño por su obra en el Nocturno  y parece ser que de alguna manera quiso vincularla a su otra preferida, el Estudiantes, y así nos propuso la creación de un equipo de Baloncesto, para el que fui llamado posiblemente por mi estatura, a pesar de que no lo había practicado nunca. Formamos un grupo y comenzamos a entrenar a partir de las 10 de la noche bajo la dirección de José María Abreu, quien con infinita paciencia,  generosidad y afecto, nos enseñó los rudimentos de este deporte y para el siguiente curso fuimos inscritos en la liga de tercera división federada, con los colores y nombre del equipo que ya empezamos a seguir y a estimar. 



El primer año creo que solo ganamos un partido oficial, pero después más fogueados logramos  quedar subcampeones.  Manolo  Cavido nos confirmaba cada viernes el horario y lugar del partido, y  de esta manera no solo le  vinculábamos al timbre del final de las clases y a facilitarnos las tizas.
Como he indicado al referirme al Sr. Navarro, se creó un grupo de teatro que se denominó Los Nocturnos. Personalmente  tenía cierta afición por la farándula y en ocasiones acudía a presenciar obras en salas comerciales a través de las entradas baratas que facilitaba la claque, por lo que ésta sería la circunstancia inicial de mi proximidad al grupo. Reconociendo que no tenía grandes cualidades como interprete acepté gustoso cualquier tarea que se me ofreciera, y así participé en ocasiones como regidor, narrador, apuntador, y en algunos papelitos de actor. Recuerdo diversas obras que representamos en esos años,  de las que de algunas que conservo fotografías y programas que aporto, y de las señalaré alguna particularidad:
.”Farsa y justicia del Corregidor”, de Alejandro Casona. Creo recordar que la representación de esta obra tuvo lugar con motivo de los festejos de la Navidad de 1956. No conservo ningún testimonio del momento aunque si el hecho de que alguien dio la voz de alarma de estaban presentes por el salón de actos los sabuesos de la Sociedad de Autores y rápidamente se mandó retirar los programas, dando la consigna de que, si alguien preguntaba,  se trataba de una obra anónima.
”La Estratoesfera”, de Pedro Salinas. Fue una lectura dramatizada dada en la recién estrenada cafetería. En el programa invitación se señala “día 21, setiembre      a las 19,15       en Serrano, 127”, no indica el año, pero estimo que sería en 1957.


”La Guarda cuidadosa”, de Miguel de Cervantes. En el programa se dan los días “18, 19 y 20 de diciembre”, sin señalar el año, pero considero que  se referirán a los actos previos a las Navidades de 1957. 





”Los habladores”, de Miguel de Cervantes. No conservo ninguna referencia de esta representación salvo la que consta en la solapa de la obra “Maese Patelín”. Podría estimarse que se realizaría en 1958.
”El caballero de Olmedo”, de Lope de Vega. Recuerdo que fuimos a grabar esta obra en la Fonoteca del Ministerio de Educación Nacional, en la calle Alcalá, 34, y la parte musical fue aportada por el Coro del Instituto. No recuerdo las fechas, pero podría haber sido hacia 1958.
”La condena de Lucullus”, de Bertold Brecht. Recuerdo al menos de dos lecturas dramatizadas de esta obra también en la cafetería  del Instituto. La representación era muy compleja, dado que se trataba de aglutinar más de 40 voces. Para los alumnos era emocionante el representar codo con codo con profesores y actores de verdad. Tengo constancia de una lectura llevada a cabo el “Día 9 noviembre, a las 11 mañana” y otra al domingo siguiente “16 noviembre 11,30 mañana”. En el reverso de los respectivos programas se anunciaba como próxima lectura “El rehén”, de Paul Claudel. Pero sin dejar a Brecht, quiero mencionar que las lecturas dramatizadas de su obra habían tenido especial trascendencia, especialmente por haber sido realizadas en el ámbito de un Instituto y la especial significación de su autor. Se empezaron a realizar ensayos conducentes a su posible representación, incluso se llegó a programar la misma en el Teatro Eslava para el 26 de mayo de 1959, a las 11 de la noche, enriqueciéndose el elenco con algunas figuras de la escena, confirmando su participación profesores e intelectuales, completado con los más asiduos del grupo, y las entradas se pusieron a la venta en la conocida y próxima Librería Abril. El vernos en el escenario de un teatro de verdad, fue grande la inquietud e ilusión, pero días antes de la fecha prevista para el estreno se suspendió la función, con gran frustración, sin que, al menos yo llegara a saber claramente las razones, ni el origen de la prohibición. De las hojas anunciadoras de esta fallada representación conservo dos ejemplares, uno de ellos varía los caracteres tipográficos de la que incluye Paco Acosta en su Semblanza del Sr. Navarro.









”El rehén”, de Paul Claudel. Se realizaron, al menos, tres lecturas dramatizadas de esta obra. La primera, copatrocinada con el Aula de Literatura del Instituto, tuvo lugar el “17 de enero 7,15 tarde”. La segunda, figurando como copatrocinador  el Círculo Castiglione –cuyo impulsor  era el P. Granda, según creo-, el “31 de Enero  7,15 tarde”. Y la tercera, coauspiciada por la Asociación de Antiguos Alumnos del Instituto, sería el “1 de Febrero 6,30 tarde”. Aunque en los programas no se indica el año, puede considerarse que fue el 1959. 






”Maese Patelin”, Anónimo. Se realizaron al menos dos representaciones entre noviembre y diciembre de 1958. En el programa que poseo se indica solamente “Día 21”, presumiendo que se referiría al domingo previo a las vacaciones de Navidad del citado año. La obra se publicó con las notas y adaptación del montaje de Enrique Navarro Ramos, abundantes fotografías de las representaciones, figurando en la solapa un extracto de la crítica que publicó en “Agora” Medardo Fraile y, en la contracubierta  figura al pie la leyenda Publicaciones de la Sección Nocturna del Instituto “Ramiro de Maeztu”. 







”Auto de la Pasión”, de Lucas Fernández. Esta obra  tuvo diversas representaciones y en ellas colaboró el coro que dirigía el P. Gregorio San José. Rememoro, al menos, la que tuvo lugar en los estudios de Televisión del Paseo de la Habana, así como la que se realizó en la escalinata y columnas de la entrada interior del Consejo de Investigaciones Científicas, en cuyo programa de dice “Jueves, 7 de abril, 8,15 tarde”, presuponiendo que corresponderán al año 1960.  Como anécdota se apunta que entre los intervinientes figura Alejandro Gª Reneses.



”El retablo de las maravillas”, de Cervantes. Conservo sendos programas de esta representación y los dos tienen la fecha “21 y 22 de diciembre de 1960”, lo que evidencia que su motivo fueron las inmediatas fiestas navideñas. 










La víspera de Cannas”, de Karl Munk. Esta obra se representó creo que en 1961 en la Sala de Música del Instituto, con un montaje muy brecthiano donde los personales corales interveníamos entre el público. No conservo el programa, perdido junto al libro de editorial Aguilar con la obra, en uno de las varias mudanzas que he tenido, pero recuerdo fielmente que la primera página consistía en una fotografía de la escultura “El grito” del ruso Ossip Zadkine, conmemorativa de la destrucción de la ciudad holandesa de Rotterdam durante la segunda guerra mundial. 


Otra actividad propuesta fue el Coro. Su impulsor fue el P. Gregorio San José como ya he señalado y mi interés radicaba en un espíritu innato de probar todos los palillos. Pronto me di cuenta que mi voz de bajo  no se acompasaba con mi deficiente oído musical. Sin embargo así pude entrar en un estudio de televisión y conocer uno de grabación, al participar en las actuaciones que llevaron en ambos medios conjuntamente con el teatro.
Hubo algún intento de crear un medio de comunicación escrito. Recuerdo uno, al menos, que no se si proseguiría el número inicial, pero en el que redacté la crónica deportiva basada en el último partido que había jugado nuestro equipo de baloncesto. No sé si estas hojas tenían por título Nocturnos, Candil u otro nombre, pero hace tiempo que perdí el ejemplar que estaba entre mis papeles. Otro intento fue editar una revista cultural, entre cuyos inspiradores estaba el Sr. Navarro, que tenía por título “Realismo”, y para la que se me pidió una colaboración. Redacté un cuento que titulé “Pus”, posiblemente en un intento primario de aproximación a lo que la denominación de la publicación me sugería, y fue aceptado por los responsables. Pero la idea no prosperó y las intercesiones cerca de D. Antonio no dieron fruto y pronto vimos que había algún trasfondo ideológico.
La nueva cafetería fue lugar también  para tertulias literarias que se celebraban algunas mañanas de domingo. Giraban sobre algún autor que personalmente acudía, leía fragmentos de su obra, y se sometía a preguntas y comentarios generalmente formuladas por profesores. Recuerdo que en estos encuentros participaron José Hierro, Alfonso Albalá, Medardo Fraile, y otros, y fue un medio amable de ampliar conocimientos.
Se creó un Cine-Club que periódicamente nos traía películas que a mí me ayudaron a ir modificando el gusto e interés como espectador cinematográfico.
Algunos años se realizó alguna excursión de fin de curso, y además recuerdo una estancia de un fin de semana largo o puente, en que nos llevaron al Albergue Juvenil del Puerto de Navacerrada.
La cafetería, además de las utilizaciones que arriba he indicado, tenía una más propia y era la de facilitarnos en determinada época una taza de leche con un flojo café. Esto fue el resultado de una de las gestiones paternalistas  de D. Antonio para que se hiciera extensivo a sus alumnos nocturnos los beneficios de la Ayuda Social Americana que se suministraba en las Escuelas de Enseñanza Primaria. Inicialmente le fue denegado por la condición del nivel de Enseñanza Media de sus alumnos y fue reconducido hacia Cáritas Española que era la organización que distribuía la expresada ayuda al resto de la población. El caso es que, con su tenacidad lo consiguió, y allí era donde  Petra ejercía plenamente sus dominios llenando las tazas, teniendo a mano la ropa limpia del Estudiantes que había repasado. Era la ocasión de hacer algo de tertulia y recuerdo que en algún momento  confesó que su conocimiento con D. Antonio venía de la guerra, en que ambos estuvieron refugiados en la Embajada de Chile.
Después de estas rememoraciones de los años pasados en el Nocturno del Instituto Ramiro de Maeztu, me reafirmo en lo importantes que fueron para mi desarrollo vital, y en especial la figura de D. Antonio Magariños, reconociendo la visión a largo alcance que tenía sobre su obra no limitada al ámbito del Instituto, cuando ya promovía la continuidad de los estudios nocturnos en la Universidad. Así se lo oímos frecuentemente sus alumnos y de esta manera lo tiene recogido en el artículo “Estudios nocturnos de Enseñanza Media. Aspiración de los alumnos: La Sección nocturna universitaria”, publicado en la Revista de Enseñanza Media, nº 158, 1965.
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19 comentarios:

  1. Querido Paco:
    Fantástico artículo de tu paso por el Ramiro Nocturno. Muy bien documentado además. Te lo agradecemos de todo corazón.
    Encuentro una única pega cuando hablas de la Sra. Prida de Química. La Sra. Prida era de Matemáticas, y por la descripción que haces tal vez fuera la Srta. Gálvez, que ella si dió la asignatura de Química. Entre todas las aportaciones y comentarios ya llegaremos a desvelarlo.
    La verdad es que el grupo de teatro LOS NOCTURNOS no tuvo parangón entre los diurnos. ENHORABUENA por todo!!!

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    1. La referencia a la srta. Prida es correcta. En el diurno estaba asignada al seminario de Matemáticas, pero en el Nocturno era profesora de Física y Quimica.

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    2. Mi duda sobre la Srta. Prida podría estar en si en mi grupo nos dio Física o Química, desde luego Matemáticas no. Si la memoria no me engaña, que podría ocurrir, la Física nos la impartió el Sr.. Dellmans y la otra la susodicha.
      Paco Villarín

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  2. Destaca la creación del Bachillerato nocturno, en el BOE del 17 de octubre de 1.955:
    . Articulo I. Se crea en Madrid un Instituto Nacional de Enseñanza Media, para proporcionar los estudios de Bachillerato, mediante clases nocturnas, a quienes por razón de su trabajo del emplazamiento de su domicilio no pueden frecuentar en la jornada normal otros centros oficiales de Enseñanza Media.
    . Artículo II. El Instituto Nocturno de Madrid será, en principio, masculino.
    . Artículo III. En él se explica cómo se ajusta su enseñanza al Plan de 1.953.
    . Artículo IV. Serán órganos de gobierno del Instituto Nocturno de Madrid:
    A) Director, catedrático numerario, nombrado libremente por el Ministerio.
    B) Secretario, catedrático numerario o profesor, nombrado del mismo modo.
    C) Interventor, designado entre el personal docente del propio Instituto, conforme al artículo 28 de la Ley de Ordenación de la Enseñanza Media.
    . Artículo V. Las enseñanzas estarán a cargo de catedráticos numerarios designados libremente por el Ministerio, entre los que pertenezcan a las plantillas de los institutos de Madrid o de otros institutos.

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    1. Sin echar mano del Aranzadi, concuerdo en que en el citado BOE se recoge el Decreto de creación de los primeros Institutos Nocturnos, a título experimental, inspirado en la Ley de Ordenación de la Enseñanza Media de 1953, durante la titularidad ministerial de Joaquín Ruiz Jiménez. Posiblemente por los resultados de la primera experiencia, en julio del 56 se dictará otro Decreto (ya con Jesús García Mina de Ministro) por el se autoriza la implantación de Estudios Nocturnos de Bachillerato Elemental en otros Institutos y Secciones Filiales y se establece la estructura orgánica de los mismos y la contratación de personal.

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  3. Contrastan tus vivencias con las cómodas vivencias de nosotros los diurnos. Desde luego vuestra actividad cultural estaba a años luz de la nuestra. Representar a Brecht en España, en 1959, era un paradigma del progreso y la modernidad; se tardó casi 10 años en representarlo comercialmente y de forme natural.

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    1. Es lógico el contraste dado especialmente por la edad y la condición social. La madurez forzada que nos daban los años y sobre todo el trabajar, demandaba respuestas que la mayor parte de los profesores nos supieron dar. Vuestras vivencias eran las normales para vuestros años, pero marchabais en un tren que con retraso nosotros queríamos tomar.

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  4. ¡Enhorabuena por tu extensa descripción del Nocturno del Ramiro!

    Para nosotros, los afortunados del diurno, siempre fué algo "lejano y misterioso" y deseábamos disponer de información al respecto, que, finalmente y gracias a tí, tenemos con tus magníficas impresiones personales y que nos abren un mundo desconocido en nuestra época, que ya veo es similar.

    Me ha sorprendido en especial tu amplia descripción relativa al mundo teatral, en el que no podía faltar, evidentemente, Enrique Navarro, que también nos dió clase a nosotros en los primeros cursos de bachillerato. Coincido con Jose Luis en la sorpresa de encontrarnos con representaciones de autores tan "avanzados" para aquella época como Berthold Brecht, todo un descubrimiento y que habla a favor de una subyacente corriente aperturista ya entonces en el Ramiro, pese a las restricciones ideológicas consustanciales en aquellos tiempos.

    Al leer tu artículo, creo haber descubierto dónde y cómo se conocieron D. Luis Ortiz y D. Antonio Magariños, ya que mencionas que éste último estuvo refugiado en la Embajada de Chile durante la Guerra Civil. En la semblanza de Luis Ortiz Muñoz encontraréis que estuvo asimismo refugiado en el mismo lugar y por bastante tiempo, por lo que no es extraño que siendo ambos catedráticos de latín, se conocieran y compartieran afinidades. La información sobre este exilio la obtuve de un recorte de prensa de los muchos que en 1975 aparecieron con ocasión del fallecimiento de D. Luis, por lo que no es de extrañar que no hubiese una mención a D. Antonio. He de hacer notar que he sumado dos y dos, pues también pudiera ser que ya se conocieran de antes y que coincidiesen en el mismo exilio, pero parece probable que haya sido así.

    Por último, creo que evidentemente hay una confusión con relación a la sra. Prida, nuestra profesora de matemáticas –no de química- coincidiendo más o menos en los mismos años. Hay una mezcla en tu descripción entre esta profesora de tan buen recuerdo para nosotros y de la mucho más joven Pilar Gálvez, de química, que también daba clases en esa época, aunque yo desconocía que había impartido clases también en el nocturno. Tampoco es de extrañar, pues entró en el Ramiro de manos de D. Tomás Alvira. Volviendo a la sra. Prida y siguiendo tu descripción, efectivamente destacaba por su vitalidad, sabiduría, paciencia, amabilidad y constante actividad (una magnífica descripción), pero “pizpireta” creo que no le encaja del todo y sí a nuestra mucho más joven (22 añitos) Pilar Gálvez, morena, muy guapa, que tenía encandilados a unos cuantos (entre los que me cuento) y que se mantenía muy seria en sus clases para que no se le subieran a la chepa los salvajes quinceañeros. En resumen: creo que te refieres a la pizpireta profesora de química Pilar Gálvez y probablemente también a Juana Prida, que creo recordar también impartió matemáticas en el Nocturno.

    Gracias de nuevo por tu magnífica contribución.

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    1. Acabo de ver la confirmación más arriba de que la sra Prida, si bien era la titular de Matemáticas, daba clase de Física y Química en el Nocturno. Rectifico, pues.
      Pero sigo discrepando algo en la descripción, pues "pizpireta" se suele aplicar a una persona vivaz y actíva, como era la sra Prida, pero también coqueta y con gracia juvenil, cosa que no me acaba de cuadrar; de ahí la confusión con Pilar Gálvez, que daba Química en el diurno en los mismos años y a la que sí le va más el apelativo...

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    2. ¡Qué más hubiéramos querido haber tenido en el Nocturno a la Srta. Pilar Gálvez!, sobre todo con la descripción que nos ofrece Kurt, ya más de uno hubiera intentado tirarla los tejos. Por algo D. Tomás Alvira no nos la envió. Las únicas féminas que pisaron nuestras aulas mientras estuve allí, fueron la Sra. Morales, la Srta. Prida, y... Petra, pero ésta en la cafetería. Desde luego lo más anti lujuria que cabe. Bueno, también teníamos las actrices colegas del Sr. Navarro, pero provocaban mucho respeto. Y las novias de algunos del teatro que las traían también para los papeles femeninos, pero las veíamos como a hermanas. Desde luego reconozco y para zanjar el tema,que el calificativo de pizpireta para aplicárselo a la Srta. Prida no ha sido el más acertado, pero si lo dí con el sentido literal que ofrece la 22ª edición del DRAE, "Dicho de una mujer: Viva, pronta y aguda", sin otra connotación, aunque para la siguiente edición complacerán a Kurt y le añadirán el alegre y coqueto.

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    3. Vale, vale... ja, ja
      Entrando en internet me he encontrado con más definiciones (Espasa Calpe, el País, etc.) que sí incorporan lo de "coqueta" (que debe venir del "cocotte" francés, o eso creo) y con las que me siento más hermanado o confortable. Vamos, que si yo fuese el jefe de la RAE la cambiaba pero ya, añadiendo no solamente coqueta, sino juvenil, con gracejo.

      Por ejemplo, imaginaros que yo llamase "pizpireto" a cualquiera de nuestra promoción 64; cabría la posibilidad que lo primero que le viniese a la mente es soltarme un guantazo o sospechar que le estaba tirando los tejos o algo parecido...

      Si es que ésos de la RAE no tienen gracejo...

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  5. Estupendo trabajo. Y además que buena memoria.... Te animo a seguir dándole vueltas a los recuerdos y a contarnos más cosas de esa otra parte del Ramiro que los del diurno sabíamos que existía, pero que no conocimos.

    En cuanto a lo del teatro, he visto en el programa de Maese Patelín, que allí aparece mi hermano Benito como "traspunte". Se ve que aún no estaba preparado para actuar. Yo lo recuerdo en un par de obras que se hicieron en el Salón de Actos, y que no has mencionado. Posiblemente fueran posteriores a las que tú recoges aquí. Son "El Médico a Palos" y el entremés de "Las Aceitunas".

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    1. Tu fuiste el causante del refrescamiento de mi memoria al descubrir la documentada semblanza del Sr. Navarro alojada en esta página. No logro recordar el montaje y representación de "El médico a palos" y "Las Aceitunas" en las que actuó tu hermano Benito. Posiblemente serían de la etapa anterior que realizaría en el Diurno. Sin embargo si parece vislumbrarse algún tenue recuerdo de la época de "Los Nocturnos" en que se acercaban algunos algunos alumnos ya mayores del Diurno a ensayos o representaciones y los trataba con especial deferencia, sin la sorna teatral que utilizaba, al menos en nuestra presencia, cuando se dirigía a los muchachitos de la mañana. Posiblemente entre aquellos, los mayores, estaría Benito. Recuerdo incluso una conversación que mantuvo con dos sobre temas de estudios de grabación, sonido y luces.

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  6. ¡Qué mal tengo la sesera...! Acabo de comprobar que lo de mi hermano no fue en Maese Patelín sino en el Auto de la Pasión.... Y eso que lo había leído un momento antes....

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  7. Y si os habés fijado en el reparto, en esa obra (el Auto de a Pasión) actuaron bastantes compañeros de la Promoción 63....

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    1. Se lo he transmitido a Aito Gª Reneses, Nacho Niharra, Andrés Brehemer, Antonio Alcántara ( hijo de don Paco Alcántara, Secretario Gral del Ramiro), los cuales a su vez se lo han transmitido a todos los miembros de la promoción 63 que participaron y aún viven. Lamentablemente, algunos de los que participaron en El Auto Sacramental, de la 63, han fallecido.

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  8. D. Antonio fue el alma mater del Nocturno. Fue su director y el que desarrolló todo el proyecto.
    Ahora que estoy enfrascado en la recuperación de documentos en el Ramiro, ha caido en mis manos la memoria del Nocturno del 55.56, año de creación.

    Es un documento que espero colgar pronto en la WEB del Ramiro, que indica con que detalle y cariño se preparó el Nocturno.

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  9. Resultaría muy interesante, al menos para mí, conocer el contenido del documento que has recuperado para saber más sobre la gestación del Ramiro Nocturno, así como los de los cursos sucesivos,si los lograras,que son los que corresponden a los años de mi permanencia en el Instituto. Estaré al tanto por si los cuelgas en la web del Centro.

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  10. Ricardo Pavón Delgado2 de mayo de 2014, 6:35

    Enhorabuena por esta aproximación a las actividades del Nocturno que yo desconocía, debí pasar sin pena ni gloria por allí durante los cursos del 63 al 65, recuerdo a la Srta. Prida y juraría que fue en Física y Química, y al profesor de literatura, que me inculcó el gusto por la lectura y po artes como la fotografía y el teatro, tres ejemplos que siempre recordaré: El conocimiento de la Editorial Austral, una exposición de fotografía la que asistimos con él en la sede de la Editora Nacional, ya desaparecida, en la Gran Vía madrileña,y una representación de Madre Coraje con Berta Riaza, Tina Sáinzen el Teatro de El Círculo madrileño. Finalicé el bachillerato Elemental con un viaje de fin de curso a Gerona y la Costa Brava. El Bachillerato Superior y el Preu los terminé en la filial del Ramiro en la calle Infanta Mercedes.Muchas gracias por haber refrescado mi memoria. Saludos

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