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24 de febrero de 2013

Palabras en el Acto de Homenaje a la Promoción CLXII de la Escuela de Arquitectura de Madrid, por José Manuel Sanz



Querido Rector de nuestra Universidad, querido Director de nuestra Escuela, querido Decano de nuestro Colegio, querida Subdirectora de alumnos, queridos amigos y queridos alumnos. Me dirijo especialmente a vosotros que habéis tenido la gentileza de elegirme para ser Padrino de  vuestra promoción. Muchas gracias. Es un gran honor para mí.

Os habéis preparado para pensar y para construir. Pero yo voy a hablaros, en estos breves minutos, de una construcción distinta. La construcción de vosotros mismos.

No sabemos exactamente que es eso de la felicidad  o el ser feliz pero el que más o el que menos lo tiene como una meta, como una conquista. Probablemente ser feliz es sobre todo una expectativa. Una expectativa que impulsa nuestro ánimo hacia delante. Todos recordamos la ilusión en la vigilia de un viaje, antes de un evento deseado, el encuentro con una persona a la que queremos o deseamos  conocer. De pequeños, esas cosas nos las regalan. A medida que nos hacemos mayores nos damos cuenta de que las ilusiones hay que trabajárselas, que cuestan esfuerzo, pero también que merecen la pena. Además, acabamos siendo conscientes de que, cuanto más nos construimos, cuanto más crecemos como personas, se abre más el campo de las cosas que nos interesan.

Una persona enriquecida por dentro es un semillero de ilusiones. Una de las cosas que más se valora en la amistad, además de la sinceridad y la lealtad naturalmente, es la alegría y el optimismo, alguien capaz de destilar y transmitir ilusiones, seguramente porque todos necesitamos de esos que son capaces  de convertir  cada experiencia en un reto y después en un fruto dulce que nos hace crecer y  aporta energía a el y a los demás. Eso tiene que ver con el espíritu con el que  se acometen los retos incluso  mas,  creedlo,  que con las dificultades que se nos presenten.

       Muchos me lo habéis oído, pero profesión, profesar, es tener fe en lo que uno hace.

Necesitamos un espíritu renovado de energía. El espíritu necesita gasolina y la voluntad es la gasolina del espíritu.

Antes decía que la felicidad es una expectativa pero cuando la voluntad alimenta nuestro espíritu, nuestro ánimo, se nos nota en la cara, estamos mejor con nuestra familia, con nuestra pareja, con los amigos y el trabajo.

Somos entonces mejores conversadores, siempre con algo nuevo que decir y que opinar, con criterio, y tenemos alrededor siempre alguien dispuestos a escucharnos y a ofrecernos su propio crecimiento, su propia energía.

      Heidegger decía: “Querer es regalar la esencia”

Y tal vez lo que más necesitamos es comunicar, mejor aún, contagiar, incluso regalar, esa esencia personal, esa energía positiva, creando un clima a nuestro alrededor, con los otros, donde todo lo nuevo y todo lo bueno parezca posible.  

Pero os preguntaréis, bueno todo eso esta muy bien pero no nos habla de la  crisis.

¿Qué hacemos con la crisis?

Cada vez estoy más convencido y claro que no soy el único, que la crisis mas profunda no es la económica. Hay una importantísima crisis de valores detrás de lo que esta pasando. Y entre los valores dañados, uno que nos afecta de forma especial, aunque no hayamos sido los únicos:

Hemos asistido en estos tiempos inmediatos al triunfo de lo aparente sobre lo auténtico.

El gran filósofo francés Jean Baudrillard ya lo señaló hace varias décadas

        “Lo que esta en juego es el poder mortífero de las imágenes, asesinas de lo real, asesinas de su propio     modelo” “A este poder exterminador se opone el de las representaciones, como poder dialéctico, mediación visible e inteligible de lo real”; e insiste  en “que, un signo, debe remitir a la profundidad del sentido”

          “Por desgracia, el signo como valor es negado y sustituido por el principio de equivalencia”.

         (Siempre nos venden la señorita o el señorito que esta al lado del coche o del frasco de perfume.)

          Dice Baudrillard de forma un tanto irónica:

          "Disimular es fingir no tener lo que se tiene”
          "Simular es fingir tener lo que no se tiene”

Por eso comienza a ser, no ya importante, sino  decisivo, formarse criterios claros y terminar de una vez con este juego de apariencias. Comienza a ser urgente recuperar la autenticidad.

 Si, pero, aunque nos preparemos y formemos nuestro criterio, os preguntaréis … ¿Cuando   aparecerán esas expectativas del trabajo para el que nos hemos formado?

Nos construimos, como los árboles, de dentro a fuera, esa voluntad es la savia que nos hace crecer y hacernos fuertes. Fuertes para vencer los retos… y éste es serio.
La voluntad no es incompatible con la paciencia y, en el día a día, importa mucho lo que hagáis. Es muy importante dedicarse a lo que uno quiere. Como dice la canción de Amaral, tenéis que encontrar vuestro sitio. No importa pasar por otros, siempre que aprendáis algo en cada uno. Pero, con paciencia, no renunciéis al vuestro. Os van demasiadas cosas en ello.

       Pero además, yo no recuerdo haber oído, ni leído,  entre tantas malas noticias, que el mundo se acabe.

En cualquier lugar donde se necesite concebir un orden, una estructura espacial, conceptual, organizativa,  puede haber un arquitecto.

En cualquier lugar donde se necesite o reclame  belleza, equilibrio, armonía, puede haber un arquitecto. (Cuanto mas avancemos en la educación y la cultura en nuestra sociedad, más se producirá esta demanda, y ese es tal vez el reto más importante)

En este mundo complejo todo esta mezclado. En el fondo estáis preparados para hacer mil cosas.

       Incluso donde se necesite construir un edificio, también habrá un  arquitecto… o seguramente varios. Formando equipos. No acabará la arquitectura, estad seguros. Pero no os dejéis explotar, la dignidad de esta maravillosa profesión esta en juego. Esta casa que os acoge, deberá ayudaros en esto.

Pero… para ser más concretos: La ciudad envejece y muchos edificios se degradan. No solo habrá que restaurar o rehabilitar todo lo valioso sino construir piezas nuevas en el tejido existente.

Es maravilloso pensar como puede evolucionar la ciudad y fantástico imaginar como rehabilitar, regenerar o construir cosas nuevas sin destruir  el carácter y la belleza de un barrio, de un lugar, de un paisaje. O cómo crear un nuevo carácter.

Un día superaremos ese lamentable urbanismo de calles solo residenciales, desproporcionadas, con escalas inadecuadas, densidades bajas, sin comercio ni apenas actividad urbana ni humana.

 Habrá que rehacer todo eso, recuperando la calle como lugar de vida y encuentro, a nuestra escala, los espacios en sombra, las tiendas, el paseo, adecuadas a nuestro clima y a nuestra forma de vida. Todo eso lo haréis vosotros…, tres, cinco,  diez años ¿?…,
        
 Yo hace ya 40 años que no tengo 25. Lo haréis, hay tiempo.. Y lo haréis de cine porque tendréis estos años inmediatos para prepararos mejor, para terminar de construiros y formar vuestro propio criterio, para adquirir conocimientos y experiencias en este o  en otros países. Volveréis renovados y nos renovaréis. Os aseguro que os envidio.

  Es muy importante sentirse joven y mirar al futuro. Todos los que estamos en esta sala somos jóvenes pero cuando miro a los alumnos, a vosotros, os encuentro especialmente bien conservados.

  Cada mañana os mirareis al espejo y, superado el primer susto, os preguntaréis por el día que empieza. Si sois capaces de ver alicientes en lo que os propone, si veis las cosas bonitas que podéis hacer en ese día, seréis jóvenes.  Si no, dará igual la edad que tengáis. Construiros, no dejéis de construiros nunca, sed jóvenes y comeros el mundo. Porque, aunque no lo penséis, os esta esperando.

Enhorabuena y muchas gracias.
JOSE MANUEL SANZ


4 comentarios:

  1. Buenísimo mensaje a nuestros jóvenes. Enhorabuena!!!

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  2. Me habría gustado tener algún profesor que nos hablase así.

    Alfonso

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  3. Magnífico y oportuno mensaje a nuestros jóvenes, que a la vista del entorno podrían llegar a desfallecer.
    Y es también algo más que eso, pues dentro colocas como quien no quiere la cosa una serie de mensajes medio subliminales relativos a los valores que merecen la pena y a cómo conseguir la felicidad dentro de uno mismo; hablo de la felicidad con minúsculas, pues pienso que uno de los medios para conseguirla es saber reconocer los pequeños cachitos de que se compone y disfrutarlos. No sólo eres arquitecto, sino filósofo; buena combinación. Ah, me olvidaba, a los ingenieros que se dedican a la integración de un proyecto se les ha llamado últimamente... ¿sabes cómo? ... pues arquitectos. Por algo será, ¿no?

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  4. Pero José Manuel, ¿seguro que no estabas pensando en tus compañeros de promoción?

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