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11 de mayo de 2015

HÉROES

… por Kurt Schleicher
                      

      Hace tan sólo un par de meses se ha erigido en la plaza de Colón de Madrid una estatua a un héroe, a un héroe español olvidado: Blas de Lezo. Esto me ha hecho pensar que sería interesante profundizar un poco en lo que hay detrás de lo que se entiende por héroe en la actualidad y también porque a los héroes siempre se les ha considerado un modelo a seguir y ser dignos de admiración; ¿quedarán héroes de verdad hoy?
   En primer lugar, me temo que el concepto de héroe es en sí ya bastante subjetivo y cada persona lo asociará a un determinado ejemplo, el que le venga a uno primero a la mente por el uso que se ha hecho de él en la literatura, en la historia o por los medios de comunicación. Esto puede oscilar desde el bombero que salva a un niño de las llamas hasta los héroes de las películas o tebeos, como Supermán, Batman, el Capitán Trueno y similares, o personajes legendarios como Héctor de Troya o Hércules, o personajes históricos frecuentemente representados como tales, Robin Hood, por ejemplo.

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9 comentarios:

  1. Ahora los héroes son los padres que tienen que mantener a su familia estando en paro y sólo recibiendo ayuda de algunas ONG's. Los niños que sólo comen en el colegio y los jóvenes que se autoexilian para poder trabajar.

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  2. Rafa GF16 de mayo de 2015, 3:15

    Lo primero, cómo no, mi gratitud por la dedicatoria implícita. Efectivamente, hay muchos héroes anónimos -siempre los hubo y los habrá- No hacen falta hechos que salten a primera plana; si uno gira la vista, se encuentra sin problema con alguno en la vida cotidiana, pero, por desgracia, eso se tiene en general por normal; no hay, aparentemente, ningún acto destacable en su existencia porque solo se suele mirar lo externo; pero ¿y los valores de esfuerzo, constancia, aceptación de algo íntimo que condiciona una vida y la transforma radicalmente? En fin, todas las batallas diarias que cada uno libra contra corriente sin desmayar o decayendo muchas veces, pero volviendo a levantarse. Todo lo malo es malo e imposible de cambiar a bueno porque se refiere a un determinado hecho o circunstancia anormal; pero lo que SÍ se puede variar es LA ACTITUD ante esa 'maldad' y, al menos, ese intento de cada uno es el que cambia la percepción. No es fácil, pero ES POSIBLE. Gracias al Cielo,
    también siempre, ha habido, hay y habrá personas que se dan cuenta de los valores de otros y los destacan. Como escribió Campoamor: "...todo es según el color del cristal con que se mira".
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    Kurt16 de mayo de 2015, 23:12

    Sí, Rafa; hace algún tiempo leí un libro relacionado con la vida del "Rey Leproso" y me impactó (es de este libro de donde he sacado básicamente las informaciones que figuran en el artículo).
    En este caso, la "maldad" a la que te refieres también le apareció desde niño. Lo "normal" hubiera sido que este personaje, a medida que iba creciendo y siendo consciente de sus limitaciones, se hubiera "eclipsado" y hubiera desaparecido de la historia bien pronto. ¿Qué hubiera pasado entonces? Pues que a la vista de los personajes que rodeaban al niño-rey, Saladino hubiera conquistado Jersusalén mucho antes...
    Pues bien, el niño fué capaz de desarrollar sus aptitudes tanto físicas como intelectuales hasta tal punto que nadie dudó que debía ser rey y además demostró que era capaz de enfrentarse con astucia y en inferioridad de condiciones a un Saladino que tampoco era manco precisamente. Y no sólo eso, sino que se ganó el cariño y el respeto de sus súbditos por sus actos y, en mi opinión, su temple y actitud frente a la vida son ejemplares y deben servir de acicate a cualquiera de nosotros que estuviésemos en circunstancias comparables.
    ¿Tengo que aclarar a quién me recuerda?

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  3. No hace falta, aunque, creo, me valoras en exceso. Como señalaba en mi escrito, al final, si estoy aquí es por algo, que son malos momentos, pero también muy buenos. Esos son los que me hacen seguir adelante y procuro que mi mente no se ciegue como la de otros que acaban con todo sin pensar en los que dejan atrás, el dolor que causan y, sobre todo, lo que ellos mismos se pierden. El pasado martes supe de un caso en mi calle: un hombre de 40 años. En ocasiones, viene el bajón, pero trato de superarlo. No es un partido fácil ¿cuál lo es? Sé que lo terminaré derrotado -como cualquiera-, pero, hasta que el Árbitro me muestre el definitivo camino a vestuarios, PELEARÉ, PELEARE, PELEARÉ con ayuda del resto de mi equipo. No sé actuar de otra manera.

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    1. Terminar, lo que se dice terminar, terminaremos todos; es ley de vida. Pero derrotados, no; con ésa actitud que mencionaste, la derrota es imposible.
      Y como creo que existe una cierta ley compensatoria, tú estás acumulando muchos más puntos que todos los demás, de forma que al final, tu victoria será por lo menos "a los puntos.."

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    2. Creo que a los puntos venceremos todos menos un alemán chulapo castizo que es muy pijotero, pero que no sabe o no se fija en acentuar correctamente.

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    3. Creo que a los puntos venceremos todos menos un alemán chulapo castizo que es muy pijotero, pero que no sabe o no se fija en acentuar correctamente.

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    4. Prefiero pasarme de acentos que quedarme corto; para cuando son teóricamente innecesarios (ésa y tú) creo que hay licencia de uso, mientras que al revés no. Y es que hay que tener fe, antes fé... Hasta la ortografía cambia con los tiempos, por lo que no hay más remedio que mantener cierta flexibilidad en eso de "poner el acento" en las cosas...

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  4. Dices que a los independentistas catalanes les molesta cualquier homenaje que se haga a Blas de Lezo por haber participado éste en el asedio de Barcelona de 1714. En realidad, lo que estos señores pretenden es reescribir la historia a su gusto, por lo que nos presentan el empecinamiento de Casanova en continuar resistiendo en Barcelona cuando el bando del archiduque de Austria ya tenía perdida la Guerra de Sucesión como la postrera lucha del pueblo catalán por sus fueros, que perdieron –por lo visto, junto con su independencia– en 1714, y desde entonces han quedado sometidos al dominio de los centralistas. No parece que Blas de Lezo sea considerado un héroe, sino un instrumento de la tiranía, por parte de los que así entienden los hechos históricos.
    Dices que la historiografía universal ignora a Blas de Lezo porque son los anglosajones los que marcan la pauta en este ámbito, y a ellos la derrota que les infligió el almirante español les avergüenza. No parece que esto contribuya precisamente a que Lezo sea reconocido como héroe a nivel mundial.
    Yo añado que Blas de Lezo se enfrentó a Eslava, el virrey de Nueva Granada, a propósito de cómo llevar adelante la lucha contra la escuadra inglesa, lo que movió a este último a escribir a Felipe V pidiendo castigo para el almirante, y el rey, presionado, no atendió a las cartas que Lezo le envió en su descargo. La consecuencia fue el hundimiento social y económico de Lezo, quien muere en Cartagena de Indias el siete de septiembre de 1741 y se quedó sin recibir sepultura conocida, por las estrecheces económicas de su viuda y por el miedo de sus allegados a mostrar su solidaridad con el difunto, ante la perspectiva de sufrir represalias del virrey. Aunque después Lezo fue rehabilitado y recibió póstumamente el título de marqués de Ovieco, sin duda, la inquina del poderoso tampoco parece que facilite el reconocimiento del héroe y, de hecho, como tú también dices, la figura de Blas de Lezo es poco apreciada en España.
    El ejemplo de Lezo nos muestra que, en efecto, nadie es héroe por sí mismo, por sus propias hazañas, sino por el beneplácito que le concede el que detenta la autoridad cuando dichas hazañas favorecen sus intereses, y sólo en ese caso.

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    1. Sí. Los héroes lo son según el color del cristal con el que se miran. Y los cristales incluso cambian de color - léase tendencia política - o se cambian por otros. Así no es de extrañar la sorprendente pero también muy inercial adaptación de los libros de texto, que a todas luces siguen las teorías de la relatividad, en este caso entendido desde la óptica del "relativismo". En ocasiones - pocas - hasta se produce un cierto reconocimiento, pero eso suele suceder, rectifico, sucede siempre tras el fallecimiento del héroe. Puedo imaginarme la amargura de Blas de Lezo, que a lo mejor ni tuvo tiempo de ser consciente de que había sido un héroe, así como de su viuda, cuando en sus últimos momentos, enfermo y olvidado, tuvo hasta que enfrentarse a la injusta inquina del virrey. Tres siglos más tarde son muchos siglos para un reconocimiento, a fé...

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