La mezquita de Ben-a-Mear, por Paco Acosta
Cuando
allá por 1952, siendo aún muy canijos, los primeros de la promoción llegamos al
Ramiro, ella, la que llamábamos Mezquita
de Ben-a-Mear, ya estaba allí, junto al gran campo de fútbol de tierra. Con
su techo plano bordeado de barandillas. Y cuando, ya mayores, dejamos el
instituto, todavía seguía “en su sitio”… Con más restos de urea infantil y
juvenil en sus interiores, pero seguía allí, atrayendo los orines de cientos de
chiquillos, que situados en hileras vaciaban rápidamente sus vejigas, para
seguir correteando por la tierra detrás de múltiples balones.
No
se si su diseño respondería a un estudio, bien calculado, para conseguir que
todos los críos del recreo pudiesen hacer pis en el menor tiempo posible…, sin
necesidad de acudir a otros rincones del recinto del Ramiro, pero ese mismo
modelo lo volví a ver, años después, en los típicos “bierstuben” de Baviera,
donde los panzudos alemanes, de cara rojiza tras bastantes jarras de cerveza,
se aliviaban tambaleantes.
Suponemos
que el nombre de “mezquita” se lo pondrían los ingeniosos alumnos que nos
precedieron y que compartieron aulas con aquellos otros que provenientes del
entonces protectorado español de Marruecos, vivían en el Internado
Hispano-Marroquí. Y en esa convivencia descubrieron algunas de las costumbres
que imponía su religión. Los unos tenían como preceptivo el acudir a rezar a la
sala de oraciones que, a modo de mezquita, había habilitada en el internado, y
los otros (bueno, todos) tenían esa necesidad imperiosa tras un par de horas de
clase.
He
dicho que nosotros, nuestra promoción, ya se encontró allí este lugar tan
utilizado. Pero lo que no sabemos, al menos yo no lo sabía, era que su
construcción se había realizado muy pocos años antes. Concretamente la orden
que autorizaba esa obra, es del 20 de Junio de 1950. Y yo me pregunto ¿Dónde
meaban hasta entonces los alumnos….?. A ver si ahora que en el blog tenemos
bastantes “lectores” que no son de nuestra promoción, alguno se anima y nos lo
cuenta.
Decía
que en el BOE de 9 de julio de 1950, se publicó la “Orden de 20 de junio de 1950 por la que se aprueban obras de
construcción de servicios higiénicos en los campos de deportes del Instituto
Nacional de Enseñanza Media «Ramiro de
Maeztu» de esta capital.”
Y
en su texto nos indica que el autor del proyecto fue el arquitecto Eugenio
Sanchez Lozano (por lo que he podido indagar, trabajaba desde los años 30 con
el Ministerio de Educación, y según se recoge en el libro o folleto “The Ramiro de Maeztu Secondary Education
Centre” bajo su dirección se realizó la urbanización del conjunto del
Ramiro). Y también se expresa en el texto del BOE que el coste total presupuestado
para su realización fue de 33.552,14 pesetas.
Y que los honorarios del arquitecto, ya incluidos en el importe anterior eran
nada menos que 577,59 pesetas por formación de proyecto y otras 577,50 por
dirección de obra; y lo que recibiría el aparejador -el 60% de los honorarios de
dirección-, ascendía a la nada despreciable cifra de 346,50 pesetas, calculados
ambos para una ejecución material que llegaba a las 30.536,76 pesetas. Eso sí,
de las de entonces….
Y
para obtener el total, también se mencionan otras partidas, de las que
manifiesto aquí mi completa ignorancia en cuanto a lo que significaban, pero
que supongo estarían plenamente ajustadas a la legalidad: “premio de pagaduría 0,25 por ciento de la ejecución material, 76,24
pesetas; pluses de carestía de vida y cargas familiares, calculados sobre el
importe de la mano de obra, 1.437,54 pesetas”. A continuación pone
textualmente “total pesetas 33.522,14”,
que es una cifra diferente de la anteriormente citada en la misma orden. Los
tipógrafos de BOE se confundieron y a los revisores se les pasó por alto esta
errata….. Total, por 30 pesetas más o menos….
A
este párrafo sigue otro que me deja perplejo (lo cual no es de extrañar, dado
mi total analfabetismo en estos temas): “Resultando
que la Junta Facultativa de Construcciones Civiles informa favorablemente este
proyecto, manifestando en su informe que los honorarios facultativos de
arquitecto y aparejador son de abono”. ¿Habría obras en los que arquitecto
y aparejador trabajarían “de balde”? ¿Se habría podido acometer la obra sin que
la Junta facultativa de construcciones civiles no hubiera informado
favorablemente el proyecto?. Ahí quedan planteadas mis interrogantes, 63 años
después…
Al
leer con detenimiento la orden publicada en el BOE, vemos que se garantiza que
hay consignación presupuestaria suficiente, pues “la Sección de Contabilidad «ha tomado razón» del gasto y
que la Intervención delegada de la General del Estado lo ha fiscalizado”, y que, por tanto, se aprueba la obra: “este ministerio ha acordado aprobar el proyecto de obras de
referencia por su total importe de 33.552,14 pesetas que se abonarán en la
forma reglamentaria y con cargo a la partida que para estas atenciones se
consigna en el capítulo tercero, artículo sexto, grupo y concepto únicos, del
vigente presupuesto de gastos de este departamento”. Es decir que el contratista tendría asegurado el
correspondiente cobro…No como en estos últimos tiempos..
Hasta
aquí todo muy claro, pero, continúa….: “realizándose
las obras por el sistema de administración”, basándose en el siempre
convincente. “las obras que se proyectan
son necesarias y urgentes”. ¿Se superaría el presupuesto, al igual que
hemos visto crecer hasta extremos incomprensibles los de tantas obras públicas
en este país?
Supongo
que la construcción se ajustó a lo reflejado en la memoria técnica, y se
ajustaron a lo expresado en la memoria de calidades. Así debió ser, ya que
hasta pasados 14 años, no he encontrado en el BOE ninguna otra mención a los
“servicios higiénicos” del Ramiro.
En
el BOE del 19 de febrero de 1964 (el año en que dejamos el Ramiro) se publica la
“Resolución de la Dirección General de
Enseñanza Media por la que se hace público haber sido aprobado el proyecto de obras de reparación de servicios higiénicos en el Instituto
Nacional de Enseñanza Media «Ramiro de
Maeztu», de Madrid”.
En
este caso el proyecto lo realizó el arquitecto Alfonso Fungairiño Nebot (que
también había trabajado bastante con el Ministerio, entre otros, en algunos
edificios de la Ciudad Universitaria), por un total de 139.997,04 pesetas y bajo el siguiente desglose presupuestario: “Ejecución material 109.711,19 pesetas,
pluses 5.271,73 pesetas; 15 por 100 de beneficio industrial, 16.456,67 pesetas;
importe de contrata 131.439,59 pesetas; honorarios facultativos por formación
de proyecto, según tarifa primera grupo cuarto, el 3 por 100, descontando el
tanto por ciento que determina el Decreto de 7 de junio de 1933, 3.291,33
pesetas; idem. idem. por dirección 3.291,33 pesetas; honorarios de aparejador,
60 por ciento sobre los de dirección 1.974,79 pesetas”.
En
este caso la realización se llevó a efecto por el “sistema de contratación directa”, y se adjudicó tras haberse “promovido la debida concurrencia de ofertas, siendo, entre las presentadas, la
más ventajosa la suscrita por don Justo García Hurtado, que se compromete a
realizarlas por la cantidad de 130.782,39 pesetas lo que supone una baja de
657,20 pesetas, equivalente al 0,50 por 100 en relación con el presupuesto tipo
de contrata”.
¡Hay que ver lo que puede dar de sí, una
simple orden de construir unos sencillos urinarios para la chiquillada del
Ramiro…!
El espanto de los servicios del Ramiro sólo lo superaba el de las letrinas del Robledo.
ResponderEliminarNo estuve en El Robledo y no puedo comparar, pero doy personalmente fe de que la famosa mezquita era espantosa.
EliminarSi el día era seco, ya era una aventura meterse en la "mezquita" porque en el suelo resultaba imposible pisar sin encontrar algún charco quién sabe de qué pues, en ocasiones no había ni agua; así que, en día lluvioso, entrar allí resultaba una auténtica odisea. Recuerdo una vez en que me acuciaron prisas intestinales. Metido en un servicio vacío, resultó al sentarme que ¡no había papel!. Podéis figuraros que me las ingenié para salir airoso del trance; posiblemente, estuviera más tiempo del debido porque me llamaron la atención numerosos 'escritos' en las paredes, sobre todo, uno la mar de poético que decía: CAGAD SIN PRISA, CAGAD CONTENTOS, PERO, POR FAVOR,
EliminarCAGAD ADENTRO.
Como José Enrique, doy fe de que aquel lugar era el antro inmundo del Instituto, pero, si teníamos premuras, no había más opción que entrar en él sí o si. Rafael Gª-Fojeda.
Había una cancioncilla que cantábamos de la que recuerdo solamente una estrofa:
Eliminar"... tan grande fué la meada, chís pún, tralarí, tralará, etc etc...."
¿Alguien se la sabe completa?
Mi recuerdo es de un lugar fétido. Se meaba desde lejos por el intenso olor a orín. Repugnante. Ibamos a hacer nuestras necesidades a los árboles, hasta que D. Antonio nos emplumó un sobre y carta por hacer necesidades fuera de los sitios pertinentes,
ResponderEliminarMuy simpático el articulo, sobre todo oloroso y húmedo, D Paco...
ResponderEliminarAl respecto de los comentarios sobre Baviera, me toca hacerlos a mí, naturalmente (¡nunca mejor dicho!).
La cerveza es diurética por excelencia, de forma que hay veces que los alemanes son hasta ingeniosos en la forma simple de montar unos urinarios de "quita y pon" - en especial en la Fiesta de la Cerveza - basándose en las teorías de la circulación continuada y la rapidez de la evacuación, dada la problemática de la acumulación de meones: entrada sin puerta, flujo de agua continuo longitudinalmente por el suelo, breve espacio seco para abrocharse y salida. El funcionamiento es como el móvil perpetuo.
De todas formas, se desarrolló una solución de emergencia sobre todo para los prostáticos, la mar de ingeniosa: se trata de un bastón, a todas luces normal, de estilo bávaro, con la parte superior desmontable dando paso a un interior ligeramente acolchado y previsto para amoldarse a las características de cierto y bien conocido órgano masculino. El bastón es hueco y termina con una discreta abertura en la parte inferior. Esta solución permite de nuevo cumplir con las teorías del flujo continuo y esta vez sin necesidad de levantarse de la mesa; de esta manera, se puede beber y desbeber cómodamente. Evidentemente, estas ancestrales costumbres ya no están bien vistas, pero en estas ocasiones cerveceras se suele hacer la vista gorda.
Personalmente admiro esta capacidad germánica de beber y mear de forma continua, pues la verdad es que no la domino mucho...
Del Ramiro no lo recuerdo bien, pero como somos posteriores al 50 no me parece que tuviéramos ya grandes problemas. Lo que sí es verdad es que en época de párvulos llegué a llevar los típicos pantalones de cuero bávaros, que ofrecen una generosa apertura a modo de compuerta que eran la envidia de los demás...