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19 de mayo de 2016

SOBRE DON ANTONIO MAGARIÑOS


...por Gustavo José Monge, Ldo. Filología Inglesa



Cuarenta años en la misma urbanización y nos acabamos de enterar por pura casualidad charlando que los dos hemos sido alumnos de don Antonio Magariños. Hablo de mi vecino de Tirma, el veterano Hilario Horcajada, que me ha devuelto en sus conversaciones y con los blogs adecuados al Ramiro de Maeztu. El 4 de abril hace ya 50 años murió don Antonio Magariños. Sus más atentos alumnos se han preocupado de hacerle un homenaje en el cementerio de la Almudena que ni siquiera la lluvia ha podido deslucir, como nos cuenta Manolo Rincón en una sencilla crónica con fotos, recordando el “Gratiam tuam quaesumus, Domine” que tantas veces rezáramos con don Antonio. Me siento apesadumbrado con el malestar del que en los momentos importantes anda a peras y hago el propósito de intentar sacar a la luz los recuerdos de 5º, 6º y Preu, entre los años 1958-1961, tres años de clase diaria de latín con don Antonio. Y si para ilustrar lo que digo tengo que hablar de mi mismo, también a mí me gustaría hacerlo con modestia, como don Antonio nos decía de su admirado Plutarco.


Empezaré diciendo que su hijo José Javier me dedicó “Desarrollo de la idea de Roma en su siglo de oro” en nombre del señor que ha hecho este libro, lo dedico para honra de las letras a mi querido amigo Gustavo “pa” que se empape. José Javier. Él me consideraba un buen estudiante de su padre y yo envidiaba sus versos leves como el aire escritos en un pico de papel. No me encajaba, metidos en filosofías, su atrevimiento al repetir lo de “mierda para Santo Tomás” del comentarista ya un poco harto de tantas citas tomistas. Cuando me casé Javier vino a mi boda en el hotel Victoria de la plaza de Santa Ana y me regaló un despertador que aún conservo.


También diré que en la visita que hicimos Joaquín María de la Infiesta y un servidor a don Antonio en su casa del Hispano Marroquí allá por el año 63, al enterarse que yo estaba estudiando Derecho me echó con un “vete de aquí” que me quedó grabado en la mente en forma de bigotes, gafas y dedo expulsándome del paraíso de mis sueños juveniles. Le prometí entonces humildemente que haría Filosofía. Efectivamente pasé los comunes sin asistir a las clases de Mariner “con las rentas del latín aprendido con don Antonio”. Pero también le volví a fallar al escoger especialidad. El latín dejaba de tener porvenir; ahora las expectativas estaban en el inglés y allá que me fui a Filología inglesa y a Inglaterra junto a otros 40 españolitos con becas del British Council a enseñar español, en mi caso a Chesterfield Grammar School un martes 31 de agosto del año 65. ¡Qué visión tan acertada de las autoridades académicas! ¡Gracias profesora Martín Gamero!


Recordaré aquella reunión en la escuela normal de Magisterio de Fomento de Centros de Enseñanza el curso 94-95 en que conspicuos profesores ingleses nos pedían a los profesores de inglés que analizáramos sintácticamente una oración. Siguiendo aquello tan sencillo de buscar el verbo, sujeto y complementos que tantas veces nos repitiera don Antonio, dejé al profesorado de la Escuela en muy buen lugar. Estaban introduciendo el COLLINS COBUILD by Dave Willis que seguía en gramática muy de cerca las pautas clásicas latinas.


Sólo en dos anécdotas recordaré su faceta de jefe de estudios. Una me la contaba nuestro amigo Hilario paseando por la avenida de Santiago de Compostela: Miraba don Antonio un día desde las cristaleras de los pisos altos a varios estudiantes jugando a las cartas en el patio y al verles sacar las navajas, comenta: "En algo estoy fallando". Parece ser que esta fue la raíz que le llevó a tomar la decisión de cambiar el fútbol por un baloncesto más participativo en el Ramiro. En la segunda vemos esa agilidad de don Antonio para contestar con ideas útiles al alumno avispado. Me la cuenta por Skype Juan Carlos Monge: “Era el año 61 y sonaban aires navideños. Decididos a irnos de pellas seis compañeros de clase bajábamos ya la cuesta del Museo de Ciencias por la puerta de alambrada del lateral de “la Nevera” cuando nos encontramos a la persona que menos hubiéramos querido encontrarnos. Va..va..vamos a ver Velázquez y lo velazqueño… al Casón del Buen Retiro. Sin inmutarse don Antonio les contesta: muy buena idea, me traéis por escrito una crónica de lo visto. Y así empezó mi pequeña afición al arte”, termina mi hermano Carolo, ahora sacerdote del Opus Dei en la República Dominicana.


No hablaré del temido "sobre y carta", ni del pitido para formar delante de la estatua del caudillo, ni de las gafas de carey ó metálicas -creo que usó los dos tipos-, ni de su apodo de "traganiños" que llevaba con dignidad, ni de su corazón-patata que no le permitía ver en directo los partidos del Estudiantes y que a veces intentaba dejarle mal delante de los alumnos. Estos y otros recuerdos los podemos encontrar en internet, en los blogs del Ramiro y del Estudiantes, en los libros sobre el Instituto del padre Mindán y de don Tomás Alvira y también en el número especial de DÉCADA de octubre 1966 dedicado a la memoria de D. Antonio Magariños, que Juan Cabello por medio de Hilario ha tenido la amabilidad de enviarme. Este número especial, recoge artículos escritos por personas que estuvimos muy cerca de él como Miguel Balbás, D. Luis Ortiz, Francisco Torrent, Alfonso Albalá, Emilio García Ruiz, Aurelio Verde, Miguel Sáez de Pipaón y un servidor con José Javier como director y Nicolás Pérez Serrano como jefe de redacción. Dejaré también a un lado el romance “En junio del 2011” con recuerdos de alumnos y profesores que escribí en el 50 aniversario de la salida del Ramiro de la promoción que acabamos en 1961, y la carta con foto de los compañeros en el 2007 en la Residencia de Estudiantes.


Hoy ya en el 2016, con más de medio siglo de por medio, como alumno que gozó el latín como nadie, con la ventaja de la perspectiva y ayudado por las frases que él mismo escogió en su “Sinopsis de oraciones latinas”, intentaré hablar de don Antonio Magariños ciñéndome a dos puntos: mi valoración del profesor y sus finales de clase. Con la esperanza que mi esfuerzo ayude a mantener su memoria viva, una idea muy de los clásicos, tampoco quiero yo contar hechos "embellecidos por ficciones poéticas más que cimentados en documentos auténticos" como Tito Livio advertía que le podía ocurrir al escribir sobre La fundación de Roma que durante un año entero nos tocó traducir con don Antonio.


VALORACIÓN DEL PROFESOR: En mi opinión, muy intensa durante tres años pero ya lejana en el tiempo, don Antonio Magariños fue un profesor serio, humilde, valiente trabajador, romántico y capaz de hacer frases que algunos subrayábamos con un ¡toma ya!


Serio, (ma non troppo). Yo diría que aparentaba revestirse de seriedad ante alumnos que en cualquier momento se le podían insolentar; pero lo que había de teatro en esta postura sólo él lo supo. Su seriedad sin embargo es absoluta en la devolución diaria de los ejercicios de la clase anterior, con rectificaciones a bolígrafo rojo. ¡Cuántas correcciones del “que tu” en las oraciones de infinitivo con sujeto en acusativo, (“que tus asechanzas”, patere tua consilia, Catilina, non sentis?), de ablativos absolutos, de ut, de ne, del et (sí, sí, en Timeo Danaos et dona ferentes: a pesar de que, incluso, y más todavía, si traen ofrendas). Era serio pidiéndonos que primero buscáramos el verbo que nos exigía un sujeto singular o plural y después los complementos. Sin saberse muy bien las declinaciones y las conjugaciones cualquier vuelo de la imaginación al traducir te podía llevar a un serio desastre. Por eso era bueno Cuevas que había estado en el seminario de Toledo y por eso sabía muy bien él mismo que sus cimientos de buen latinista estaban en los seis años que pasó en el Seminario Conciliar de Madrid, difíciles de conseguir en el Instituto, además de sus años en Salamanca con Unamuno ya de profesor. Puede que su seriedad fuera fruto del desencanto de unas ideas que la política no acertó a plasmar en la sociedad. ¡Toma, ya!


Humilde. Aunque todos sabíamos que había conseguido ser catedrático de latín en las oposiciones en que el autor del diccionario SPES sacó el número dos, nadie supimos por entonces que en 1935 con 28 años era el catedrático de latín del Instituto Escuela de Madrid en donde además de la evaluación continua tenían a gala ser pioneros en la incorporación de los alumnos en el proceso de aprendizaje. Es decir que don Antonio estuvo allí pegadito a los genios Severo Ochoa, Buñuel, Dalí, Lorca y otros de la Residencia de Estudiantes. Y mientras se sabía que el padre Mindán era del pueblo de Buñuel yo no recuerdo que don Antonio hiciera mención de tan ventajosa proximidad. Luego la guerra pasó y él siguió donde había estado, ahora convertido en Ramiro de Maeztu. Puede que su humildad le convirtiera en el eslabón que unió las dos instituciones. Aunque como él decía su misión nunca tuvo rasgos que reclamaran perpetuidad. Humildad que yo me atrevo a ver en el ejemplo de Me caecum qui haec non viderim : (Ciego de mí que no lo vi antes, que el baloncesto era la solución). Humildad al decir: Sé que hablo mal pero siento lo que digo al leer lo que he escrito. Humildad al recoger con naturalidad los papeles en campos y pasillos.


Valiente, En un mundo de tantos sabios acerca del mundo clásico había que ser valiente para empezar su principal libro diciendo: Para comprender de una manera “exacta” la crisis que dio origen al siglo de oro de Roma…Pero sobre todo había que ser valiente para aceptar y mantener durante tantos años la jefatura de estudios del Ramiro. Era valiente a la vez que humilde para retirar una sanción que se viera injusta sin importarle que quizás se viera menoscabada su autoridad. Valiente al escoger ejemplos como Bonos viros sequar, etiamsi ruent, Seguiré a los buenos aunque se hundan. La verdad aunque la diga el porquero de Agamenón.


Trabajador: Menos los tres meses que estuvo de baja por prescripción facultativa y fue sustituido por el Sr Brañas, don Antonio asistió puntualmente a sus clases. Lo primero que hacía era repartir los ejercicios que traía corregidos. Como nunca fuimos más de veinte alumnos por clase, todos, desde nuestro pupitre teníamos que leer nuestra propia traducción de Tito Livio. Cesar, Cicerón... Y para que nadie se aprovechara de la buena traducción de los que mejor lo hacían, normalmente iba de menos a más. No teníamos exámenes finales y seguíamos el método de la evaluación continua como en el Instituto Escuela (nombre de una institución educativa española fundada en Madrid en 1918, como un experimento educativo para extender a la enseñanza secundaria oficial los principios pedagógicos fundamentales de la Institución Libre de Enseñanza y de la pedagogía europea más avanzada de su época. Fue uno de los más importantes organismos creados por la Junta para Ampliación de Estudios, junto a la Residencia de Estudiantes, el Centro de Estudios Históricos y el Instituto Nacional de Ciencias Físico-Naturales). Josechu Vicente Mazariegos venía del Colegio Estudio que no era exactamente lo mismo aunque también seguía la filosofía de la Institución libre de enseñanza, creado 22 años más tarde, en 1940, por Jimena Menéndez Pidal. Don Antonio fue un educador, (de e-ducere guiar a partir de) que te guiaba con criterio primero y ejemplo después como dijo Joaquín María de la Infiesta.


Romántico: Don Antonio Magariños es un romántico pensando con Plutarco que la mejor inversión es dar prioridad a la buena formación para influir beneficiosamente en la sociedad. Y ello le lleva a dedicacarse en cuerpo y alma al Ramiro y a la creación del Nocturno Pero donde su romanticismo toca cielo es en la visión, que él percibe como educadora, del baloncesto y en su dedicación entusiasta al Estudiantes como todos reconocen. . Ahora el polideportivo Magariños lleva su nombre, lógico porque todos los hijos llevan el nombre de su padre. Veranea en Cobeña de donde procede doña Pilar, hermana de la mujer de su hermano Carlos. Su romanticismo puede rozar el más puro realismo en ejemplos como Provide ne quid ei desit Cuida que no le falte nada o Sed num fumus est haec mulier quam amplexare? Pero acaso es humo esta mujer a quien abrazas? (Se espera respuesta negativa).


Capaz de hacer frases “¡Toma ya!” como algunos alumnos atrevidos, tras subrayarlas, poníamos en los márgenes de Orígenes de la idea de Roma. Verbigracia: “y si alguno creyera que tengo que retirar la Sinopsis en medio de las angustias presentes, no es gran dolor la ruina de una esperanza descabellada.” ¡Toma ya! O “Hay momentos en la vida de un pueblo como en la vida de un hombre en que es más interesante urgir la ilusión de vivir que descubrirle la inevitabilidad de la muerte”. ¡Toma ya!. O “no en todas las edades se puede adquirir el pesimismo heroico necesario para continuar viviendo activamente”. ¡Toma ya! O “es quizá esta la primera insinuación de una creencia que fortificada más tarde por el sano fanatismo de sus ciudadanos, que creen ya en la Roma eterna, les dará fuerza para no inundar de desaliento la zozobra de la madre patria. Toma ya”. ¡Torero!,¡ torero!.


SUS FINALES DE CLASE. Los finales de clase de Don Antonio quizá fueran lo más enjundioso de su enseñanza. Después de haber traducido religiosamente el trozo de cada día, nos iba colando su compacto Desarrollo de la idea de Roma y las enseñanzas prácticas que el mundo moderno podía aprender del mundo clásico; eso si, paucis, en pequeñas dosis.


Era fácil entender la romanización cuando el emperador para consolidar la acción militar ofrecía las tierras conquistadas a los veteranos. Unos veteranos que después de los años de lucha, renunciando a sus sueños de retirarse a la Campania, al casarse con las nativas de las tierras conquistadas, cada una con su habla, daban descendientes con lenguas romances.


Frecuentemente don Antonio nos hace paralelismos comparando las clásicas Grecia-Roma con los modernos Reino Unido-USA. Helade-Commonwealth, Imperio romano-imperio americano. ¿Acaso las palabras de Cicerón sobre el complejo de inferioridad de Roma ante la culta Grecia no se repiten ahora entre UK y la potente USA? Grecia les aventaja en artes, ciencia y literatura, pero Roma es superior en instituciones políticas, firmeza, valor militar, honradez y lealtad.


Compara a la joven Roma, liberada del yugo cartaginés, con la Norteamérica, que ya se siente potente después de las dos guerras, buscando ambas el alma de su pueblo. Roma con Catón la busca en unos campesinos que tienen que huir a las ciudades como plebe a la que nutren con comedias, contentan con panem et circenses y las águilas del SPQR; Norteamérica por su parte busca el alma de su joven pueblo con las armas moldeadoras de Hollywood en películas del oeste y de la segunda guerra mundial intentando que los norteamericanos se sientan orgullosos de su historia.


¿Acaso no se repite la historia cuando el epicúreo aristócrata Sila pasa los últimos días de su vida en su finca de Puzzoli en la Campania gozando de lo permitido y no permitido lo mismo que hará Jefferson en Monticello que después de ser artífice de la carta de Independencia americana se aprovecha de los esclavos para cultivar las muchas hectáreas de su casa de Monticello?


Roma siente complejo ante la arrolladora sugestión de lo griego. Nos contaba sobre la ignorancia romana al traerse un reloj de sol de la Grecia conquistada más meridional que no daba las horas correctamente en el foro de Roma.


Con pequeños ejemplo nos iba poniendo las bases de la gramática. Y así para explicar el determinado: Oiga, se le ha caído una peseta. No, no, la peseta; la que tengo para comprarme dos cafés; de la filosofía: “No era el placer sensible sino el duradero bienestar del alma, semejante a la calma del mar, lo que Epicuro predicaba”. “Para el estoico la voz de Dios habla en su corazón”; de la literatura: Roma tiene complejo de inferioridad frente a Grecia que mira con despectiva condescendencia los esfuerzos de su joven seguidora. Ante tanta filosofía griega protesta el romano Philosophari est mihi necesse, paucis (en pequeñas dosis). En el pensamiento griego los romanos ven más diversión que formación; y de la historia clásica:.con la muerte de Aníbal y la destrucción de Cartago Roma se siente libre y después dominadora. Pienso que es suficiente.


Y quiero terminar. El Instituto, el Internado, El Nocturno, el Estudiantes y su familia han sido los cinco pilares de su vida. El año 61 dejé de tenerle a usted como profesor. En estos 55 años que han transcurrido desde entonces, aunque nadie lo haya sabido, me he acordado de usted, don Antonio, muchas veces y debatiéndome, como usted decía de Cicerón, entre quien quise ser y no fui, entre lo que debí ser y no supe ser, a pesar de que no hiciera suficiente uso de aquella tarjeta vertical y dorada con su firma para poder entrar a la biblioteca del Consejo, puedo asegurarle que el esfuerzo que usted hizo conmigo no fue del todo baldío.


Termino recordando el piropo más bonito que he recibido en mi vida. No fue enseñando latín sino inglés, pero con las bases que usted me dio, me lo echó el gran Mingote: Si ha enseñado inglés a 15.000 estudiantes, ha hecho más por el progreso de España que yo con mis monigotes. (Véase primer aniversario del fallecimiento de Mingote).


Nosotros seguimos viviendo, don Antonio. En un contexto totalmente amateur ofrezco gustosamente a quienes les pudieran interesar los guiones de videos sobre el mundo clásico que me atreví a dedicarle a usted y artículos de prensa donde le cito: el Palatino, York, Chester Chedworth Roman Villa, Colonia, Nuremberg, Túnez, Mérida, Ampurias, Carranque, Conímbriga, el Coliseo, El Djem, El Bardo; artículos publicados en Horadada Información, periódico de Alicante: Thiar, Miróbriga, Tres maestros, El caballo de Troya, Recuerdos de alumnos que recibimos clase con don Antonio…


Mi hijo Ignacio, que se ha hecho ciudadano suizo y vive en Friburgo, cada vez que vamos a verle nos prepara visitas a parajes romanos como Augusta Raurica con el tesoro de plata o Avenches con su perfecto anfiteatro.


“Los que siembran entre lágrimas cantando van al segar” escogieron en el recordatorio del 4 de abril de 1966 junto a una imagen de la Virgen de la capilla del Ramiro. Descanse en paz este hombre integer vitae, grato por su perfume de santidad, como dejó escrito don Luis Ortiz.


Muchas gracias, don Antonio.

Abril 2016

1 comentario:

  1. Querido Gustavo:

    Muy entretenida la leal evocación de tu padre, que prueba una vez más cómo la clave de la educación la tiene el profesor, antes que la profusión de medios. Magariños fue una institución, pero ahora entiendo las razones.
    Muchos de los nombres que cita tu padre me resultan cercanos: sobre todo, el de Jimena Menéndez Pidal, directora de mi colegio Estudio, el de Luis Ortiz padre, colaborador que fue de mi abuelo José Ibáñez Martín en el Ministerio de Educación y padre del que fue Ministro de Obras Públicas estando el mío en Moncloa. Pero también el de Alfonso Albalá, muerto prematuramente, buen escritor.
    También traen memorias familiares las menciones a la Institución Libre de Enseñanza y al Instituto Escuela, donde fue alumno mi padre antes de la guerra.
    En fin, me alegra ver tantos latines, sin pedantería, bien traídos y mejor traducidos.
    Por último, veo que andáis la familia dispersa por medio mundo. Intuyo que los reencuentros en la casa paterna serán muy gratos.
    Un fuerte abrazo y gracias

    Pedro


    Pedro Calvo-Sotelo Ibañez-Martín
    Embajador de España en la República Checa

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