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29 de mayo de 2012

¡Cómo somos los del Ramiro 52-64!, por Kurt Schleicher


 
   Pues somos como somos, mayores, claro.- Y eso tiene ciertas ventajas.

  Al hilo de los debates sobre la Educación, se me han suscitado reflexiones al respecto, los entornos de ayer y los entornos de hoy.- Y voy más lejos: ¿de qué forma nos ha influido nuestro entorno? No me refiero solamente el del propio Ramiro, que es lo que siempre mencionamos, no; me refiero a nuestro entorno social, nuestro entorno cultural, nuestro entorno familiar y nuestro entorno “cotidiano”.

  Es evidente – y ya lo mencioné en alguna ocasión- que todos hemos evolucionado muchísimo en estos casi 50 años, ya sabéis, lo de la diversidad, pero también es evidente que somos el resultado de “lo que estaba pasando” en esos años 1953 a 1964. Los niños absorben instintivamente mucho más de lo podamos pensar.

  Y el resultado ya empezamos a verlo en encuentros como el de Valencia: nos hemos “hermanado” de forma realmente singular.- Sabemos pasarlo bien juntos; nos portamos como si siempre nos hubiésemos conocido.

  Y eso me lleva a más reflexiones.

  ¿No será nuestra historia el despliegue de una experiencia básica, sustrato común o como queramos llamarlo? En cierto sentido, este despliegue puede ser incluso debido al dinamismo de nuestra propia experiencia, que forja nuestra inteligencia desde niños: queríamos conocer, explorar, hacer preguntas, comprender lo que pasa, juzgar adecuadamente y prolongar ese afán infantil de hacer preguntas en cascada.- Entonces lo intuimos, pero todo eso nos lleva a querer estudiar lo que la inteligencia ha hecho: ciencia, arte, religión, política, sociedad, formas de vida, costumbres … y hoy, siendo mayores, eso nos gusta. Disfrutamos.

  Y sigo: nuestra inteligencia personal –en el sentido amplio de la palabra- es fruto de la cultura; se desarrolla en un entorno social, que la deprime o que la impulsa. De esto se podría deducir que si queremos comportarnos inteligentemente, tendremos que esforzarnos en construir una sociedad a la altura que pensemos deba tener y / o luchar contra las influencias medioambientales que podamos padecer.- ¡Las contaminaciones ideológicas pueden llegar a ser más graves que las químicas! Gran parte de lo que pensamos y sentimos lo determina nuestro entorno.- Nuestro único seguro de vida es aumentar la inteligencia social, la capacidad de defender lo bueno y de rechazar lo injusto.- Y la Educación, con mayúsculas, como concepto, es la impulsora de la evolución cultural. Educar es la facultad que define al ser humano: cuando nacemos, estamos desnudos y nuestro cerebro es similar al de los niños del principio de la especie humana, pero a los 10 años (cuando teníamos en clase al sr Navarro o al sr Galán, o al sr Vigueras), la configuración del cerebro ya era muy, muy diferente, pues evolucionó muchísimo más deprisa.- Y ha sido capaz de asimilar lo que la especie humana ha tardado doscientos mil años en inventar (¿o aprender?): el lenguaje, la regulación de las emociones, las formas de convivencia, los sistemas de control de conducta y hasta la voluntad  y la libertad…

  Cierro reflexiones.  

Pero vuelvo a lo nuestro: nos hemos impregnado de un entorno similar, desde los mapas mudos hasta el juego de las chapas.- Y ha determinado nuestro comportamiento social; a mí me sigue pidiendo el cuerpo echar mi abrigo a los pies de una señora que va a pasar un  charco y me levanto del asiento si veo a una embarazada en el metro; lo que pasa, es que las más jóvenes probablemente no lo sepan apreciar, porque su entorno ha sido diferente. ¿Os imagináis el pitorreo de una chica joven en tal circunstancia?  Pero en el fondo, fondo, seguro que lo agradecen. 

   Y hoy nos encontramos de nuevo tras dar una vuelta por el espacio sideral de nuestra vida, con concomitancias y formas de convivencia parejas.- Nuestros padres y nuestros profesores nos educaron de cierta forma, como se estilaba entonces; los valores morales los teníamos hasta en las películas que veíamos (en las que los buenos eran muy buenos y los malos muy malos, no había dudas, Diego Valor y el Capitán Trueno…).- Todo eso era muy inocente, pues la vida es más compleja que todo esto, pero se nos ha formado y se nos ha preparado.-  Nos ha dado criterio.  Y ese criterio se refleja, por ejemplo, en toda esa diversidad de opiniones sobre la educación que nos hemos intercambiado recientemente…

  ¡Si es que nos han educado juntos!

 Y, visto lo visto, no puedo más que felicitarme viendo el resultado; ¡cómo somos los del Ramiro 52-64! Y nos sentimos muy unidos. ¡Qué bien!

2 comentarios:

  1. Gracias Kurt por compartir con todos tus reflexiones. Nuestra educación, cultura y forma de ver la vida parte de esa educación que se nos dió del 53 al 64.
    Las semillas fueron todas iguales, pero en cada uno de nosotros germinó de manera diferente, pero en general de forma que somos tolerantes.
    Y eso hace que la diversidad sea sana en este grupo.
    Un saludo a todos

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  2. El poco criterio que me dio el Ramiro me lo dio el Nocturno, y me lo dieron mis compañeros, todos ellos tan obreros como yo. En el Diurno recibí conocimientos, unos muy útiles y otros que me enseñaron a asombrarme de que se pusiera tanto esfuerzo en preservar la estupidez (el Latín, la Religión y la FEN), pero nada más. El criterio de verdad me lo dio la vida y el trabajo. No deberíamos esperar que los colegios den a nuestros hijos y a nuestros nietos cosas que allí se ignoran. Si los profesores son simples teóricos con absoluto desconocimiento del mundo del trabajo (y que por lo general trabajan poquísimo; no sé cómo tienen la jeta de ir a la huelga porque se les pidan más de 20 horas por semana con cuatro meses de vacaciones pagadas por año) no debemos pedirles que dén a nuestros hijos otra cosa que los conocimientos derivados de sus asignaturas. Esperar más de ellos es pedirles que hagan nuestro trabajo de padres (o abuelos), y esa es la mayor estupidez por nuestra parte, porque de ningún modo lo podrán hacer. No saben, simplemente.

    Alfonso el Caritativo

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