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10 de mayo de 2012

Nuestro ocio diario después de clase, por Manolo Rincón



Me remonto en el tiempo a la época en que no había televisión en las casas. Voy a describir como solía ser mi ocio diario, que seguro os va a sonar muy familiar.

Llegaba a mi casa sobre las seis y media de la tarde, y ponía la radio, sintonizada en Radio Madrid (de la cadena SER).

A esa hora empezaba un programa que se llamaba “La hora del oyente”, que comenzaba con unos compases de música rusa. En él se emitían los discos que solicitaba la gente. Al no haber tocadiscos, era difícil oír tu música favorita. Yo varias veces escribí para poder oír un disco.

Tras esto a las siete menos cuarto, empezaba “Dos hombres buenos”, con guión de Mallorquí. Trataba de las andanzas por el oeste americano, de los buenos Guzmán (español), Silveira (portugués) y Juez Klein (americano). La ambientación se hacía con la “Suite del Gran Cañón” (Grofé). Iban por episodios (Chico Mendoza, hombres violentos, el sheriff de Torreones, Lorena Hardyn……). En general eran peleas con los malos que siempre ganaban y algunas referencias a la Guerra de Secesión. Silveira cuando se iba a cargar a alguien decía “Cuando diga eso sonría…” y disparaba. El Juez Klein decía “Por siete ….”. Creo que había novelitas que, no compré nuca, con las series. 

Y por fin a las 7, Diego Valor, piloto del futuro, con guión de Jarber. Yo comencé a oírlo en el episodio “La silla volante”. Estaban en Venus él, la Profesora Fontana (mujer listísima y guapísima), Miguel Portolés, Han Hogan y Pierre Laffite. Y era la lucha contra el verde y calvo Mekong jefe de los wiganes, raza malísima que quería someter a todos a sus designios. La ambientación era con la suite “Los Planetas” de Gustav Holst. Esto se complementaba con los tebeos que comprábamos cada semana.

Luego ya a hacer los deberes y a cenar para irse a la cama.

Si amigos esos eran los ratos de ocio diarios.

21 comentarios:

  1. Si tu programa del día terminaba en ese punto lamento hacerte saber que te quedabas en coitus radiofonicus interruptos, ya que la tortura proseguía. Por si te ha descarrilado la neurona te recuerdo que tras Diego Valor (afirmaba mi hermano que altamente sospechoso de impotente) venía el espantoso serial con lágrimas de Don Guillermo Sautier Casaseca (Un Arrabal Junto al Cielo, La Segunda Esposa, El Derecho de Nacer y otras obscenidades), el Parte (de conexión obligatoria para todas las emisoras de radio), los Comentarios Deportivos por Gilera, Matilde, Perico y Periquín y, para terminar de xoder el día, la diatriba religiosa del Padre Venancio Marcos, ese que nos explicaba con tonante energía que íbamos derechos al Infierno (bueno, alguno se salvaba por los pelos y acababa en el Purgatorio), salvo los martes, día en que mi madre nos dejaba una hora más para escuchar a Pepe Iglesias 'el Zorro', el lunfardo ese que daba voz a tropecientos personajes distintos que habitaban en un maravillos lugar, el hotel 'La Sola Cama', donde había bronca toda la semana. Ya ves, Manolo; tus recuerdos deben haber sufrido un panic dump a media formulación.

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  2. Yo por suerte cortaba en Diego Valor, pues había que estudiar un rato. Los seriales de Saudier Casaseca, jamás se oían en mi casa. Estaban prohibidos por su nulo contenido. Gilera si que le recuerdo y Matilde, Perico y Periquín. Pepe Iglesias "El Zorro", creo que estaba en "Cabalgata fin de semana", que era el sábado, pero no me hacía gracia. Había los sábados "Todo para los chicos", de Joaquín Pelaez.

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    1. Había muchos más (es lo malo de la memoria; viene a ser como las botellas de buen malt: una vez las descorchas, hasta el final). Uno de los más horrorosos era 'Peticiones del Oyente'. Siempre, siempre, indefectiblemente, alguien pedía 'La Primera Comunión', la cual comenzaba con 'Para un padre y una madre no hay alegría mayor que ver a su hija tragarse la Primera Comunión, o algo así; pocos años después (1966) oí una versión en catalán de La Trinca, un punto apócrifa, que me gustó muchísimo más:

      Com una blanca poncella,
      com la flor del llessamí,
      el nostre infant surt de casa
      un diumenge al dematí.
      Amb els ulls negats de llàgrimes,
      el mirem des del portal,
      surt de casa el fillet nostre
      amb un aire angelical.
      Per què avui és un gran dia,
      sempre en tindrà un bon record:
      rebrà la primera hòstia
      l'angelet del nostre cor.
      Per un pare i una mare
      n'és l'alegria millor,
      veure el fill fer la primera...
      Ah! Aaai!... manifestació.
      Ja hi ha "follón" a "Pelayo",
      va corrent cap al merder.
      Ai!, si el veiés el seu iaio
      que era de la CNT.
      Panxa enlaire estan les Rambles,
      cotxes, cadires i bancs,
      xiulen les bales de goma,
      tot és ple de núvols blancs.
      Fuig corrents de la fumera,
      el nostre fill estimat,
      i allà rep la primera hòstia
      sense haver-la demanat.
      I amb el cor tot ple de joia
      torna a casa ben calent,
      mentre dalt del cel els àngels
      canten solidàriament:
      [ Baixant de la Font del Gat
      estatut d'autonomia,
      baixant de la Font del Gat
      amnistia i llibertat. ] -bis-
      Per un pare i una mare
      n'és l'alegria millor,
      veure el fill fer la primera...
      Ah! Aaai!... manifestació.

      Par mí que era mucho más bonica.

      Alfonso

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    2. Ay nena si vols vení
      al camp a cogir madusas
      vigila que quant t´ajupis
      s´et veuran las cuchas...
      Esto si es original de La Trinca.

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    3. Y la otra, y esta también (en su calidad de versión piadosa; la original, que no es de ellos, es políticament molt incorresta):

      Allà a Mataró n'hi havia un tramvia
      que n'és de cartró i va per la via.
      Tralarà, la, la, carai quin tramvia.
      Tralarà, la, la, que bé que s'hi va.

      El primer vagó se'n surt de la via
      i a prendre un bermut la gent i el tramvia.
      Tralarà, la, la, carai quin trambia.
      Tralarà, la, la, que bé que s'hi va.

      El segon vagó se'n surt de la ruta
      per què el conductor n'és fill de Calcuta.
      Tralarà, la, la, carai quin trambia.
      Tralarà, la, la, que bé que s'hi va.

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  3. Y los sábados después de volver del colegio y habernos bañado y comido, a escuchar DISCOMANIA de Raul Matas...

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  4. Pues yo mientras hacía los deberes, escuchaba RADIO PENINSULAR (la más musical)....., aunque creo que ya estábamos en el insti...

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  5. En aquella época en Madrid se podía jugar en la calle y en las plazas sin la necesidad de que nuestros padres estuvieran de vigilancia. Yo vivía en la c/ Monteleón en pleno Malasaña de mas tarde. Era una calle con poco (o ningún) tráfico de coches. DE vez en cuando pasaba una vaca de las dos vaquerías- lecherías que había en Divino Pastor. ¡Parece mentira!. Las vacas vivían en el patio y vendían la leche por la mañana y convenientemente aguada.
    Yo jugaba en la plaza del Dos de Mayo, con vecinos de la casa y a los mismos juegos que en el instituto.
    También se oía la radio, los mismos programas que habéis mencionado, sin seriales, también prohibidos. Mucho mas tarde y con la red he recordado las voces del Zorro y compañeros.

    Muchas tardes íbamos de visita a casa de la familia, vivían cerca y para mi, hijo único, era ocasión de jugar con mis primos y primas. La familia siempre fue importante en mi casa y así la he disfrutado y tratado de mantener.
    En verano, de vez en cuando, nos llevaban a Rosales y con una propinilla al jardinero de turno nos regaban y refrescaban. Barato y original.
    Batallitas del abuelo pero incruentas..

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  6. Juegos en la Calle.

    En los años 50 en la calle que yo vivía (Dr. Santero, junto a Cuatro Caminos), pasaba un coche o un tranvía cada hora, por lo que en efecto en la calle jugábamos con los amigos del barrio tan ricamente. Incluso una Sra. tenía un puesto y vendía lo que hoy llaman chuches.

    Desde la ventana nos avisaban para subir a cenar.

    Yo tenía un hermano menor, también del Ramiro y algún finde íbamos a ver a nuestros primos. Vivían lejos para la época, en la zona de Antón Martín.

    Los TBO se cambiaban en la C/Artistas, en un garito, pagando hasta 50 céntimos por cambiar un superman.

    Que tiempos

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    1. Nosotros jugábamos una especie de fútbol en la calle Santísima Trinidad, tramo entre Abascal (bueno, por entonces General Sanjurjo) y García de Paredes, frente a la fábrica de la Hutchinson, esa que desprendía un fuerte olor a mierda (se decía que fabricaban alimentos infantiles). No sólo no había coches aparcados, sino que podían pasar días sin que pasara uno por allí. En prueba de que no éramos unos bestias jugábamos también al ajedrez en la plazoleta del General Álvarez de Castro, esperando que se hiciera de noche, pues allí, en verano, funcionaba un cine de terraza y aire libre donde los vecinos llevaban su propia silla de tijera, y un bocadillo que hacía de merienda-cena, y los más ricachos incluso una botella de La Casera. En ese cine, que se llamaba Diana, fue donde Godzilla y yo nos enamoramos para toda la vida.

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  7. Escala en HI-FI y Vuelo 602 fueron ya programas posterioes (sobe el año 60). En la voz de Madrid daban Superman y El Inspector X (Jorge Vidal), en guión de Maruci Montero y Rafael Torres Padial. El Parocinador era FOSCAO. También había Jim Fosacao los sábados

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  8. La vida en Madrid en aquellos años, o quizá un poquito anteriores, está muy bien descrita en una novela autobiográfica de Fernando Fernán Gómez, me parece que es "La puerta del sol", el debió de vivir años en Alvarez de Castro (Alfonso)y cuenta anecdotas de la calle y narra de cuando era lavadero porque allí había un riachuelo. Una verdad como un templo "descubierta" por el Ayto. de Madrid cuando quiso hacer un parking subterraneo y se encontró que allí aparcaría solo el "Nautilus".

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  9. En la calle Castillo entre Santa Feliciana y Raimundo Lulio (mis amigos catalano-valenciano parlantes alucinan de la castellanización de Raimon Llull), hay una corrala, en verano, al atardecer sacaban sus sillas para tomar la fresca, el sastre anerco naturista, antes de 1939, el mecánico, el oficinista...Para el Carmen (16 de Julio), que eran las fiestas de Chamberí, organizaban verbenas y bailaban el chotis al son de un organillo.
    Los madrileños también tenemos nuestras raíces como identidad de una nación (es broma como todas las identidades del Estado).

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  10. En la calle del barrio tambien se jugaba a las chapas, con el circuito pintado con tiza en las aceras, con estrechamientos, curvas peligrosas y algún agujero de tapa rota de alcantarilla y sin pretil, incluso aprovechando bordillos peraltados en tramos rectos, toda una ingeniería de carreteras previa al plan "Redia".
    José Luís, en tu barrio estaba, y está, la calle Quesada. Yo estaba muy orgulloso de ella y muchas veces pasaba por allí camino de casa y haciendo escala en el mercado de Olavide.
    Allí tambien vivía Emilio Aparicio, el otro hereje.

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    1. Había otro juego que se os ha olvidado: el de hacer 'una poza'. A mi me gustaba mucho, no sé si porque llevaba dentro un ingeniero hidráulico o por lo que tenía de terrorismo, pero el caso era que, a la que podía, montaba una. Era preceptivo que el barrendero se hubiera dejado floja la tuerca que sellaba la toma de su manguera. Una vez desaparecía el tal sólo era cuestión de aflojarla un poquito más, hasta que salía un caudal respetable. A continuación venía contruir una barrera, tan sólida como se pudiera, en el curso normal del agua que bajaba serpenteando por los alcorques que jalonaban la acera de los pares de General Álvarez de Castro. Con cierta maña y pericia conseguías organizar un lago donde las señoras que volvían de la compra, distraídas en sus cotilleos, se mojaran un poquito los tobillos, tras lo cual empezaban a llamarnos 'sinvergüenzas' (a mí y a mis cómplices), lo que demostraba una escasa imaginación, porque rara vez pasaban de ahí. La poza, tarde o temprano, reventaba por la presión del agua y por la inadecuación de los materiales empleados, lo que daba lugar a una avenida torrencial que a su debido tiempo remojaba más tobillos, los de alguna señora mayor que, acompañada de otras, tomaba un poquito el fresco sentada en una silla de tijera. Ni que decir tiene que nos alcanzaban más andanadas de '¡sinvergüenzas!', lo que no dejaba de inspirarnos una cierta ternura. Tras eso nos íbamos a torturar gatos, cosa en verdad difícil porque ninguno se dejaba coger; tendríais que haber visto cómo de espabilados eran los famélicos y salidos mininos de Álvarez de Castro con García de Paredes.

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  11. Otro recuerdo de las calles. Yo vivía en un bajo y tenía balcones a la calle, muchas veces los utilizaba para entrar en casa desde la calle, trepabas y adentro, nadie te decía nada. Desde luego te conocían y solo te recomendaban el "cuidado que te vas a caer".
    La gente sacaba las sillas a la puerta a coser y hablar de los seriales. Una tía mía, mi tía María que era pintora y muy adelantada en todos los sentidos para la época, no veía bien pero no se sabe como tenía carné de conducir y conducía, bueno, pues se llevó por delante una de esas tertulias. No pasó nada, el susto, y que cuando la veían aparecer rápidamente de subían a la acera.
    Cuantas cosa tenemos para contar ¿a que sí?. Esto debe de ser buenísimo para el Alzheimer.

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  12. La verbena del Carmen para mi era la mejor. Se cortaba la Castellana (Generalisimo), lo que no producía atascos, y se plantaba una verbena con sus coches de choque sus caballitos, tiro al blanco..... Y allí que nos llevaba mi padre, andando desde Cuatro Caminos, todos los días para dar una vuelta y que bien lo pasábamos.

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  13. Jugosos por demás estas entradas y comentarios, que a la vez que complementan nuestra vida en el Ramiro, nos indican que Madrid aún no era un territorio "hostil" para la chiquillería.
    En mi caso, y me estoy refiriendo a los 10 - 11 años, nos recorríamos el barrio entero, nos adentrábamos por los rincones más escondidos del Retiro, poníamos piedras en la vías del tranvía (en el Madrid de entonces se encontraban piedras por la calle) para ver como quedaban hechas pedazos, los "potentados" hasta ponían allí una "perra chica", para que quedase chafada y plana a su paso, íbamos a los cines (Granada, Sevilla y Capri) de sesión contínua, 2 películas, toda la tarde,..... ¡Habrá que seguir explotando estos temas!

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  14. Al hilo de lo que dice Paco. Con 11-12 años, nos andábamos kilómetros sin una peseta en el bolsillo.

    A mi en el fin de semana me gustaba ir a Amaniel, por donde pasaba el canalillo. Había unos merenderos, y pese a estar a 30 minutos andando de mi casa, yo ya creía estar fuera de Madrid, pues veía el campo y unas huertas cultivadas.

    Mis cines eran el Cristal y el Metropolitano, y alguna vez el Quevedo y el Magallanes.

    Costaban entre 3 y 4 pesetas y te ponían 2 pelis, nodo e imágenes (y a veces hasta un corto de Tom y Jerry), por lo que te pasabas casi 4 horas de maravilla. Primero iba con mis padres. Mas tarde solo teniendo a mi cuidado a mi hermano pequeño.

    Así vi King Kong, Salomón y la reina de Saba (que guapísima la Gina), La batalla de Maratón, Atraco a las 3, Los tramposos, y muchas más que me deleitaron.

    Si teníamos algo más de dinero comprábamos alguna chuchería para el descanso.

    Ese era nuestro ocio, muy sano.

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  15. Los cines ¿eran muy grandes o nos lo parecían a nosotros?. Yo tenía a la vuelta de la esquina el Alhambra, no tenía que cruzar ni la calle. También el La Flor, el Dos de Mayo y el Cinema X, este lleno de columnas que si te pillaban te habían jorobado la peli.
    Era una vida bastante mas sociable que la actual de la pantallita y el botoncito en solitario.
    Tendremos que continuar "educando" en lo posible haciendo ver a nuestros hijos que las "batallitas" sirvieron para educarles a ellos y que las pueden usar para sus hijos, nuestroa nietos.

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