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10 de junio de 2012

Querído Toxicómano, por Paco Acosta

Mi querido toxicómano:

Te escribo esta carta abierta, en el blog de Los del Ramiro, porque estoy en deuda contigo.

No recuerdo tus nombres, ni tus múltiples caras, ni siquiera conozco tus diferentes historias, a pesar que cuando te conocí, siempre estabas pronto a referirlas. Debía ser porque así te querías desprender de ellas. No a olvidarlas, pues sabías bien que por mucho tiempo que pasara seguirías siendo toxicómano (aunque hubieras estado años sin probar la droga); pero sí a que al recordarlas te ayudasen a no volver a consumir.

En aquel entonces, cuando nos conocimos, eras un “maldito de la sociedad”. Con los que te cruzabas por la calle, simplemente al ver tu deterioro físico, se apartaban. Tenías una edad en la que aún se te consideraba joven, pero ya habías tenido bastantes experiencias con las drogas. Como todos, habías tomado alcohol en la adolescencia, para pasar pronto a los porros (animado por la “buena prensa” que la progresía de entonces les daba a esas llamadas “drogas blandas”), y poco tiempo después necesitaste más estímulo y pasaste a la heroína. Te gustó. Te sentías bien cuando estabas colocado. Pero aquello empezó a durar cada vez menos, y necesitabas tu dosis con mayor frecuencia. Empezaste a no prestar atención a tus ocupaciones para agenciarte el dinero con el que conseguir tu dosis. Tras cada pinchazo volvías a sentirte bien.

Empezaste por gastarte los ahorros, si eras de los que ya trabajabas, o a “sacar billetes” de algún monedero familiar, si aún estudiabas, o incluso a pedir por la calle, si en tu estado conseguías “dar pena” a los viandantes. Luego hasta llegaste a “exigirlo” armado con una jeringuilla….

Como no te lo he dicho nunca, pienso que te gustará saber como nos conocimos. Nuestro primer contacto fue “casual”, si es que la preocupación de unos jóvenes padres inquietos por lo que les venía encima a sus hijos, puede ser una casualidad. Mi esposa, Trabajadora social de profesión, había estado trabajando en el centro de protección de menores, y allí había conocido los primeros “tonteos” de los que allí estaban acogidos. Nos dio miedo….. Como padres no teníamos ni idea de lo que aquello podía significar, ni la forma en la que podríamos aconsejar a nuestros hijos…, los nuestros propios y los de los convecinos.

 
En el pueblo, y como voluntaria en Cáritas, ella organizó una charla que, impartida por Juan Francisco, el fundador de Proyecto Hombre, pretendía ponernos a los padres sobre aviso. Resultó muy enriquecedora, y en el coloquio final, una madre se destapó, hablando en tercera persona, de los problemas que en casa tenía “una conocida”. Las preguntas, cada vez mas llenas de dolor, eran directas, confirmaban lo que se había esbozado en la charla y dejaban clara la magnitud del problema que, como sociedad se nos venía encima. A raíz de aquello había que ponerse rápidamente a trabajar. La Cáritas parroquial, la acción social de la Iglesia Católica, la de un pueblo de las cercanías de Madrid, la de escasos fondos y voluntarios entusiastas, supo reaccionar.

Aconsejados por Proyecto Hombre, ellos así lo estimaban, lo más eficaz y necesario era disponer de un “piso” donde poder acogerte, a ti y a otros cinco toxicómanos, a los que vuestras familias no podían o no se sentían con capacidad suficiente para acompañaros en esta etapa de vuestra vida: la de dejar las drogas, la de rehabilitación. Había que “cambiaros de ambiente”, estar constantemente a vuestro lado, no dejaros casi ningún momento solos, y experimentar que si uno quiere, con esfuerzo, se puede salir de esas profundidades.

Yo no participé directamente, pero colaboraba cuando me era posible en labores a veces “de tramoya”, al montar el piso, los sucesivos pisos, y las correspondientes mudanzas, (pues los vecinos, en cuanto se enteraban, no os querían tener en sus cercanías). Y eso que no había escándalos. Efectivamente no era “muy normal” veros salir todos los días, a los 6 chicos (así se os llamaba, “los chicos”) acompañados por un voluntario, a la “terapia”. No podíais ir solos, no podíais estar solos, no manejabais dinero, teníais turnos para, al regresar, “hacer la casa” y la cocina. Teníais que acostumbraros a volver a una vida ordenada, completamente libre de drogas, con normas fijas y rígidas, que incluían el aseo propio, el orden y la disciplina, y aprender a “soportar” las relaciones, a veces tensas, con los colegas. Convivíais con los voluntarios que a su vez se turnaban para acompañaros, incluso por las noches. Siempre con la esperanza de veros progresar, de que en vuestro avance, pudieseis pasar a la etapa de internado, la penúltima, la para muchos “de graduación”, la que os permitiría volver a integraros en la sociedad, encontrar un medio de vida, y a enfrentaros de nuevo a vuestras familias.

No siempre llegasteis a salir del todo. Hubo abandonos. Hubo recaídas. Algunos volvisteis a estar varias veces en el piso…..

Te recuerdo cuando os llevábamos de acompañantes al dar charlas en otros pueblos cercanos (era enriquecedor el testimonio de alguien que estaba en proceso de “recuperación”). Os recuerdo cuando os “sacábamos” a pasear en época de “fiestas en el pueblo” o en los vecinos. Entonces se necesitaban más voluntarios de apoyo. Te recuerdo cuando me dijiste “Paco, vámonos de aquí”, y al preguntarte la razón, me dijiste que “aquel y aquel otro de allí están fumando porros”, y que te ponías mal, que aún no tenías suficiente fuerzas para resistirlo….

Os recuerdo en las fiestas de fin de curso (fin de la etapa de internado en la finca de Navalcarnero), donde montábais actuaciones, iban vuestras familias, se vivía la felicidad de veros en franca recuperación, y manifestábais vuestros miedos a pasar a la etapa de “casi libertad” en la que volvíais a manejar dinero, y había que salir a buscar trabajo, y a enfrentaros, de nuevo solos, a esa sociedad…..

Y, ahora, si me lees, te diré que el piso desapareció. No se lo llevó la crisis, ni la falta de fondos (Dios es providente, y éstos, no se como, nunca faltaron, ni sobraron), ni tampoco fue la siempre preocupante escasez de voluntarios, ni las cada vez mayores exigencias de los poderes públicos, que pretendían homologar el piso con la normativa aplicable a “un hotel”. Hasta esto se superó. El piso se cerró por falta de clientes.

No es que hubieran desaparecido las drogas, ni los toxicómanos. El esnifar cocaína es, no faltaba más, el apoyo de muchos ejecutivos “en activo” y hasta está bien visto en algunos ambientes. Las drogas de diseño, las de ahora, son limpias, casi se pueden considerar “medicinas” y los jóvenes, inconscientes, las consumen, como antes, para experimentar nuevas sensaciones. Los toxicómanos de ahora no sufren, aparentemente, el deterioro físico de los “drogatas” clásicos (sus consecuencias quedan en el ámbito mental), y a la sociedad ya no les causan temor….

Pero el poder de la subvención y la dejadez de la sociedad engatusó a los dirigentes de Proyecto Hombre, se rebajaron las exigencias en cuanto a normas y se admitió el paliativo adormecedor de la metadona (otra droga, al fin y al cabo, que destruye a la persona, pero que con ella disminuye la alarma social). El piso se mantuvo hasta el final como un reducto libre de drogas. Ya no era tan necesario “tocar fondo” y “sacaros de vuestro entorno”. Podíais continuar con vuestras familias, sin alarmar al vecindario. Y cada vez había menos, que como tú, estaban dispuestos a pasar un “mono” acompañados por los voluntarios, animados por los otros compañeros del piso, y sentirse arropados por los que ya habían pasado por eso y ahora empezaban a descubrir la grandeza de sentirse de nuevo liberados….

Y por todo eso, desde entonces estaba en deuda contigo, por haberme permitido entrar en tus múltiples vidas, por habernos enseñado esa otra cara de la vida. Por no dejarnos satisfechos en nuestro pedestal. Por dejarnos compartir. Por permitir estar a vuestro lado. Por contemplar vuestra recuperación. Aunque el único hubieras sido “tú”, habría merecido la pena.

Gracias

Y gracias también porque a través de esta verídica historia he tenido la ocasión de plantear a los compañeros el tema de las adicciones, que, para muchas familias, siguen constituyendo un verdadero drama, y sobre las que, en sus múltiples variantes: alcohol, pastillas, estimulantes, juego, sexo, drogas, móviles,…. estimo que no contribuimos, con suficiente intensidad, a presentar a la sociedad sus nocivos efectos y en algunos casos hasta nos manifestamos como ejemplos perniciosos para los demás.

11 comentarios:

  1. Cerca de Esparta, en los tiempos de la Grecia clásica, existía un lugar llamado 'la Roca Tarpeya', donde las adicciones mal vistas por el conjunto de la sociedad se curaban de un modo permanente, sin que jamás sobrevinieran recaídas. Me pregunto si, como en muchos otros casos, la solución de determinado y muy atribulantes problemas modernos no estará en los divinos clásicos, los de toda la vida.

    Alfonso el Caritativo

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    1. Por cierto, en Singapur y en Malaysia ahorcan a los camellos. Según parece, y salvo los camellos, nadie se queja mucho.

      Alfonso

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  2. Planteas una cuestión que no todo el mundo se da cuenta: la de las líneas fronterizas entre drogas, adicciones y dependencias.- No tengo muy claro si es importante o no definir tales fronteras, pero lo que sí puede suceder – y tú lo planteas claramente- es que no se reconozca al “enemigo emboscado”. Nos fijamos en las drogas duras, a lo mejor en las menos duras, pero no nos damos cuenta que hoy en día se nos cuelan goles por la escuadra, a traición: me refiero a otras dependencias “inocentes”:

    - El alcohol, tolerado socialmente, con el “qué más da una copita”, pero que luego hace que muchachos aparentemente dueños de sí tengan que comportarse extrañamente.- Recuerdo hace años la última vez que hice una fiesta de cumpleaños a mi hijo en mi casa –sin alcohol, claro-, en la que a cierta hora no muy tardía, la mitad de los invitados, mayoría masculinos, empezaron a desaparecer.- Le pregunté a mi hijo que qué pasaba, si es que estaban aburridos, y me dijo que no, que era sencillamente que tenían “mono” y que, como yo no les daba, pues se iban al pueblo y que luego volverían. Me quedé de una pieza… Y entretanto, las chicas, muchas de ellas monísimas, sentadas por ahí fumando cigarrillos, otra dependencia “inocente” y “tolerada” (al menos al aire libre), que también constituye una dependencia potencialmente dañina.
    - Las pastillas y demás estimulantes, cada vez más sofisticados, que también se pueden “colar” sin darte cuenta.- Por lo que leo, empieza a haber de todo tipo; o sea, que si te encuentras algo deprimido, en lugar de enfrentarte a ello como siempre, ahora estarán disponibles medios químicos que nos “facilitarán” superar sin esfuerzo esos momentos.- Como siempre, cada vez queremos hacer menos “esfuerzos” para cualquier cosa… peligroso.
    - El sexo es quizás el más “estable”; los problemas derivados de ahí siempre han existido y me imagino que ya se sabe diferenciar entre las reacciones “normales” y las que no lo son.- Ahí no valen muchas reglas: cada caso habrá que tratarlo “case by case”
    - El juego siempre ha sido otra dependencia, que hoy en día se va transformando: desde el póker de las viejas pelis del oeste a los bingos para las señoras aburridas, a ahora y más para los jóvenes las consolas y juegos de ordenador.- Ya he visto jovencitos con su ipad nerviosos y afanosos tecleando como locos en el metro. ¿Dónde está el límite de la normalidad?
    - Y mencionas – y muy acertadamente- los móviles.- Nadie se da cuenta, pero también es una dependencia.- Haced la prueba: dejar a un joven sin el móvil por un tiempo y los dedos se les vuelven temblones y ya no saben qué hacer.- Hombre, las consecuencias no son tan graves, pero no deja de ser una dependencia que vaya uno a saber en qué puede derivar.

    Que hay que tener cuidado con todo; afortunadamente mi hijo ya ha salido de los años de “riesgo”, pero me preocupo cuando miro a mi alrededor.- Es como en todo, hay que aprender (y en algunos casos habrá que enseñar) a tener eso que se llama criterio.

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  3. Creo que nosotros, los del 47 o así, no hemos vivido de forma directa, en primera persona, el mundo de la droga dura que vino después. Aunque no tenemos que olvidar los "Simpaticón" ¿se llamaba así? y las "Centraminas" que alguna vez nos habremos metido para el cuerpo con el falso afán de trabajar en unas semanas o días lo que habíamos tenido que trabajar en meses. ¡Cuadrilla de inconscientes!. Recuerdo una vez que falsifiqué una receta de médico para comprarla en la farmacia. Se necesita ser gili... de pensar que el farmacéutico no se daba cuenta y se necesita ser farmacéutico sinvergüenza para despacharla en esas condiciones.
    A lo que iba, no directamente pero si en la generación de nuestros hijos, raro será el que no tenga un conocido o familiar que no haya sufrido el problema con mayor o menor intensidad. Con la heroína el problema ha sido muy gordo, y aunque sigue existiendo parece que no tan extendido o, al menos, menos visible y secuelas de SIDA, familias en la calle, desarraigo, etc.,están ahí y perduran.
    Si estoy de acuerdo con el planteamiento de los modernos tipos de drogas de las que ahora disfrutamos y me refiero a la dichosa “tecla infiernática” que tenemos que sujetar o va a hacer que las actuales generaciones de niños y no tan niños se nos conviertan en pantallas de x pulgadas (en dependencia del tamaño del melón). Y combatirlo es un problema porque detrás está la Comunicación con mayúscula y eso no es malo, al revés hay que fomentarla.
    ¿Qué hacemos entonces?, pues solo me queda lo de educar por parte de padres, es decir, la tele un rato, la consolita otro ratito y si te has portado bien, y el móvil cuando haga falta y punto.
    A lo mejor es pasarse tres pueblos, pero son los papas los que tienen que educar y no dejar que los niños se ENVICIEN con la droga actual. Esto, de paso, la educación, les enseñará a trabajar, a estar contentos consigo mismos, a no tener que competir todo el puto día y en todos los putos sitios y a necesitar menos estímulos químicos para vivir.
    Tema interesante para “escuchar” opiniones “intrusas” a los yoyos, yoyos.

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    1. Creo de corazón que debemos enseñarles a competir en todo, contra todos, a todas horas y en todas partes, y además del modo más despiadado posible. Muy en especial, para conseguir un trabajo. Si no lo hacemos así, el tal trabajo se lo llevará otro, con lo cual los tendremos en casa, a la sopa boba, toda nuestra maldita vida. La vida es una selva, y la subsistencia cada día es más dura. Si algo debemos enseñar a nuestros nietos (para los hijos ya no hay recetas, salvo los muy tardíos) es que andarse con el bolo colgando sólo conduce a que se llene de hormigas.

      Alfonso el Realista

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    2. Puedo comprender tu realismo, pero no es lo que mas me gusta. La competencia debería de ser con uno mismo, la competencia permaanente con todo lo que te rodea puede llevar aparejada deslealtad, fustración, depresión y mas.
      El "mas alto, mas fuerte, mas rápido" fuera del deporte nos lleva a razas superiores, al liberalismo sin límites y a la selva que tu mencionas.
      No es mi ideal de Sociedad, ni el tuyo tampoco, seguro. Así que hagamos lo posible por controlarlo.
      Sin que nos pisen.

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    3. Pues mira, sí es mi ideal de sociedad. He trabajado treinta y tanto años en empresas americanas, he vivido en los USA algún tiempo y he llegado a la conclusión de que sólo las sociedade donde sus miembros comienzan a competir en las guarderías tienen su futuro asegurado. El idealismo utópico, el de los revolucionarios franceses, el de los bolcheviques rusos y el talante zapatérico acaba siempre siendo un desastre (ya lo estamos viendo). Las reglas de la selección natural son inexorables, todos somos depredadores de nosotros mismos y la única forma de estar a bien con los vecinos es haciéndoles ver que si se pasan les inflamos. Predicar a un hijo nuestro la bondad y la caridad conduce a que cualquier día le venga uno (o una) educado conforme a los saludables principios selváticos (o ultraliberales, si lo prefieres) y se lo cargue, o le deje sin empleo aún mereciéndolo más, o en el peor de los casos hasta se case con él, para dejarle tirado (o tirada) al cabo de unos años tras sacarle hasta el hígado. Vivir en una selva intelectual puede no ser lo más agradable del planeta, pero puestos a elegir es preferible militar en el bando de los que comen que en el de los que son comidos.

      Alfonso el Comanche

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    4. ¡Hala....! Una cosa es enseñar "defensa personal", es decir mostrar a nuestros hijos (y nietos) que la vida no es para dormirse y confiar en que los demás te saquen las castañas del fuego, y otra muy distinta el que los pretendas convertir en unos "devoradores".
      Ante los lobos caben dos posturas, el ser más "lobo" (macho alfa), o pasar a ser un amaestrador, un "Rodriguez de la Fuente", que no les tiene miedo (sí respeto), y que sabe manejarlos.....
      Bueno, también existe la posibilidad de salir cortando.... "Das ist nicht mein bier", dicen los teutones.

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    5. Nunca soporté los programas de bichos, empezando por los de Rodríguez de la Fuente. Los daban en la época de 'Un hombre en casa', que me gustaba mucho más, pues por algo era de humor y además inglés. En general los bichos, y no solamente los lobos drogados de Rodríguez de la Fuente, carecen de sentido del humor, cosa que les hace ser muy aburridos. Eso determina que, por inversión conceptual, los que carecen de sentido del humor son todos unos bichos, con lo cual resultan francamente insoportables. De ahí que desconfíe por instinto de los que ni saben reírse de sí mismos ni hacer reír por cuenta suya, sobre todo si además presiden los supremos. Si quienes por razón de su cargo deben simbolizar La Justicia y La Honradez se dan la vida padre con el dinero que tan dolorosamente tributamos los jubilatas, ya me dirás qué clase de mensaje podemos transmitir a nuestros nietos, si no es 'pon el cazo tú también, procúrate una infanta y a vivir, que son dos días'.

      Alfonso el Cándido

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    6. Nuestra sociedad es bastante hipócrita, demonizamos las drogas como la heroína, marihuana, cocaína y centramina a lo bestia. ¿Y el alcohol?.
      Está prohibido fumar a menos de 100 metros de una escuela por aquello de la ejemplaridad y justo enfrente hay terrazas en las que se sirve alcohol. Aunque la dependencia del alcohol tarda más tiempo en manifestarse los efectos son los mismos que los de las drogas duras aunque su dependencia sale más económica porque es una droga legal. Habría que sacar consecuencias de la prohibición y posterior legalización del alcohol en USA, porque encima de ser un drogodependiente te arruinas, arruinas a tu familia y para postre puedas acabar en la cárcel.

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  4. LOS ADICTOS HOY

    Es un problema, por desgracia, el que planteas, que tenemos mucha gente y que se oculta a veces por vergüenza.

    La adicción es una enfermedad crónica, es decir sin curación, con la que hay que aprender a vivir. El problema es doble: El del adicto y el de las familias.

    Para quien no lo ha sufrido, esto le puede sonar a algo mu extraño, a mí hace años también me lo parecía.

    Lo primero es no ocultar el problema (tampoco pregonarlo ) y acudir a un buen centro de tratamiento.

    Proyecto Hombre a mi no me solucionó el problema (aunque no tiene solución).

    Fuimos a la Fundación RECAL, que es francamente buena.

    Se sigue el método Minesota y todos los terapeutas son adictos o familiares, por lo que conocen perfectamente el problema.

    Hay dos terapias. Para el adicto y para la familia. Y un tratamiento, primero en régimen de internado y luego ambulatorio.

    En fin espero para suerte vuestra que esto no sea vuestro problema. Si lo es y queseís apoyo, no dudeís en contactarme.

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