31 enero 2018

AULA 64, 29 de enero de 2018. ¿POR QUÉ FLOTAN LOS BARCOS?Ponente: FRANCISCO JAVIER GONZÁLEZ JULIÁ



...Por Kurt Schleicher

   Nadie más indicado para responder a esta pregunta que nuestro ponente de hoy, pues terminó su carrera de ingeniero naval en 1970 y en este mismo año comenzó a trabajar en ASTANO (Ferrol) como ingeniero de soldadura; a partir de ahí, su ascenso fue meteórico, pues en sólo once años fue nombrado Director de Construcción Naval. De ahí pasó a REPSOL NAVIERA VIZCAINA como Consejero delegado y ya desde 1996 a ENAGÁS S.A., ocupando varios cargos como Director General.

   Aparte de ello, ha sido miembro del Consejo Consultivo de la Comisión Nacional de Energía y de diversas asociaciones: Navieros españoles, Refinadoras de petróleo, Española del Gas y del Comité Español del Lloyd´s Register of Shipping.

   Como además de todo lo anterior ejerció de profesor durante tres años dando clase de Teoría del Buque en la Escuela Universitaria de Iª Técnica Naval (Ferrol), ¿quién podría explicarnos mejor por qué los barcos flotan? Lo curioso es que la respuesta no es tan simple como pudiera parecer, pues a todos se nos viene a la mente “Pues porque el barco es menos denso que el agua”; sí, eso es cierto, pero ¿de dónde sale el empuje para arriba para vencer a la gravedad?, ¿qué le pasa al agua para ejercer ése empuje y por qué le pasa eso? Y ya puestos, ¿qué es la gravedad?  Pues a todo esto nos ha dado cumplida respuesta Javier en su amena charla (se nota que ha sido profesor).



   No contento con esto, nos hizo ver lo importante que es el agua para la vida; es bien sabido que los que se dedican a investigar la vida extraterrestre, lo primero que buscan es si hay agua en un determinado cuerpo celeste. Nos explicó su composición molecular y nos resaltó que estando compuesta por oxígeno e hidrógeno, es sin embargo un líquido, y que este estado es molecularmente hablando más curioso que el sólido o el gaseoso, al guardar las moléculas entre sí una distancia mínima. De ahí que los líquidos son incompresibles; la hidráulica se fundamenta precisamente en eso (émbolos, etc).




   Hablando de cuerpos que flotan, resulta que frente a otros animales, los humanos tuvimos la feliz idea de erguirnos en nuestra evolución, pues al no andar a cuatro patas horizontalmente se nos pudo desarrollar mejor nuestro cerebro. Lo malo es que eso trajo consigo una consecuencia desdichada, pues la nariz descendió más en la cara que a nuestros primos los primates y tenemos que hacer soberanos esfuerzos para no hundirnos en el agua y ahogarnos. De ahí que resultaba más cómodo montarnos en algo que flote y así nacieron los barcos. El siguiente paso es que necesitábamos avanzar en el agua y de ello nacieron los remos y las velas allá por un milenio a.C.

   En el año 287 a.C. nació un tal Arquímedes, sabio matemático de gran intuición. Javier nos contó muchas cosas de él, sin olvidar lo de la densidad de la corona, el mosqueo de su suegra (y del rey) si era o no de oro y su ¡Eureka! al poner el baño perdido con el agua que rebosaba de la bañera. Se fabricó una balanza con un dial, equilibrando la corona y el lingote de oro en el aire (dial a cero); al sumergir ambos en agua, el dial formaba un ángulo, hundiéndose más el lingote. ¡La corona no era de oro puro!

   Tras reírnos con la agudeza de Arquímedes y su suegra resolviendo el dilema coronario, pasamos a entender perfectamente a qué se debe la estabilidad de los barcos. Resulta que, al sumergirlo, aparte de su centro de gravedad se le aparece otro centro llamado “de carena” en la parte sumergida; cuando al primero se le ocurre desplazarse en caso de desequilibrarse la carga, el segundo debe moverse más para compensar este efecto, logrando que el barco se estabilice; si no, nos hundimos.

   Los barcos fueron a vela durante mucho tiempo, hasta que en 1840 aparecen las hélices. Los motores empezaron a crecer desmesuradamente; hay que pensar que el peso de la maquinaria hace al barco menos eficiente (no puede llevar tanta carga), pero al final se impuso la motorización, en especial con las turbinas de gas, más eficientes.



   La vela tiene otro inconveniente, pues pese a que las velas se desarrollaron de manera que la circulación del aire alrededor logra un empuje de forma que permite el giro, no se puede ir totalmente a contraviento; Javier mencionó que el límite estaba alrededor de los 30º.

   Los ingleses fueron los dueños del mar durante mucho tiempo, guardándose para sí los trucos de navegabilidad. A raíz del desastre de la Armada Invencible, los españoles se dijeron que había que ponerse al día y en el año 1752 se creó la Junta de Constructores, que empezó funcionando con ingleses subcontratados. Así nació la construcción naval española (y de paso, el espionaje industrial).

   La Escuela de Ingenieros Navales se fundó en 1948, cuando los miembros de nuestra Promo 64 teníamos un añito. Y ahí sigue, formando ingenieros como nuestro ponente, que nos hizo pasar un rato delicioso con su charla.

  Después nos fuimos a cenar en comandita a la Residencia de Estudiantes, de lo que hay cumplida evidencia en las fotos adjuntas.

  KS, 30 nov. 2018









29 enero 2018

LAS LEYENDAS DEL ESTUDIANTES SALEN DE NUEVO A LA PISTA

...por Vicente Ramos

Con motivo del septuagésimo aniversario del Club Estudiantes de Baloncesto, la directiva tuvo el bonito detalle, que yo agradezco muy particularmente, de invitarnos a salir a la pista en la presentación de los equipos durante el partido Movistar Estudiantes - Baskonia.




Otro elemento de satisfacción es que algunos de los veteranos bajaron a la cancha con sus hijos y nietos, lo que unido a la presencia de jugadores de cantera dió lugar a la presencia de tres generaciones de jugadores en la pista.


MUCHAS GRACIAS CLUB ESTUDIANTES!!!

Para más información visitad el siguiente enlace:




PRESENTACIÓN DEL LIBRO INSTITUTO RAMIRO DE MAEZTU 1939 1985. ESTUDIO CULTURA DEPORTE EN LA COLINA DEL VIENTO

...por Los del Ramiro

El pasado día 25 de Enero se celebró en la Sala de Música del Instituto la presentación del citado libro por parte de sus autores. La presentación del mismo corrió a cargo del director del Instituto, don Jesús Alamaraz, para continuar con una extensa explicación por parte de los autores.





























Tras la presentación hubo una extensa participación de los numerosos asistentes en el apartado de ruegos y preguntas. Recordamos las mismas de Antonio Alcántara (63), Abdelwahed Bensiamar (Beibi) (59), Rafael García Manso (59), Díaz Reyna (59) Felipe Samarán (59) y José María Fernández Alonso (66).







Para finalizar, el Instituto agradeció a los autores su magnífico trabajo ofreciéndoles un ramo de flores. 




Es de destacar el éxito de venta que tuvo el libro, pues allí mismo se vendieron todos los ejemplares que se habían tirado para la primera edición.
Ya os informaremos acerca de cuando vuelven a estar a la venta.

Muchas gracias por vuestro trabajo, Rosa María Muro y Manuel Rincón. Los ramireños estamos en deuda con vosotros.

18 enero 2018

PRESENTACIÓN DEL LIBRO INSTITUTO RAMIRO DE MAEZTU 1939-1985

... Por Los del Ramiro

Don Jesús Almaraz, Director del Instituto Ramiro de Maeztu, junto a Doña Rosa María Muro, Catedrática de Historia, y Don Manuel Rincón Arche, Antiguo Alumno, estos dos últimos autores del citado libro en el epígrafe, tienen el placer de invitar a todos los ALUMNI del Instituto que deseen asistir, a la presentación:



Esperamos encontraros a muchos de vosotros en este entrañable acto.



DOCUMENTACIÓN HISTÓRICA DEL INSTITUTO RAMIRO DE MAEZTU

... Por Los del Ramiro

En el siguiente enlace

 http://documentos-ramiro.blogspot.com.es/ 

encontrareis un grandísimo trabajo de digitalización de todos los documentos encontrados del Instituto Ramiro de Maeztu desde 1.939.





Haciendo clic en  ÍNDICE accedereis a las siguientes secciones de documentos



12 enero 2018

ESTADO DE NUESTRO COMPAÑERO RAFAEL GARCÍA-FOJEDA

En el siguiente enlace encontrareis unas imágenes de los benignos días de primeros de Enero donde podreis constatar el mejorado estado de Rafael,

http://rafgarfoj.blogspot.com.es/



24 diciembre 2017

LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA ¡DEL FRANQUISMO!

...POR MANOLO RINCÓN

Estamos en tiempos de celebración del 39 aniversario de nuestra Constitución, defendida por unos, denostada por otros y en trance de ser cambiada.
Si preguntamos cuál fue la anterior Constitución se nos dirá que la Republicana. Así yo lo creía hasta que llegó a mis manos un curioso libro olvidado por todos, en la biblioteca del Ramiro...

Para seguir leyendo pincha en 

https://interesactualidad.blogspot.com.es/2017/12/la-constitucion-espanola-del-franquismo.html

FELICITACIÓN DE CARLOS MARSÁ

Nuestro compañero Carlos Marsá Valdovinos nos hace llegar esta felicitación para todo el grupo


23 diciembre 2017


D


onde se descubre el misterio del canalillo de Manuel Rincón y se cuenta algo de historia

...por EMILIO SÁNCHEZ DIREITINHO

Hará un par de años, Manuel Rincón nos comunicó su interés por saber qué era el canalillo que pasaba por delante de los internados y de la Residencia de Estudiantes...
PARA SEGUIR LEYENDO PINCHA EN:

https://interesactualidad.blogspot.com.es/2017/12/donde-se-descubre-el-misterio-del.html



22 diciembre 2017

UNA NOCHEBUENA MUY PECULIAR

...POR KURT SCHLEICHER

Kurt nos remite el siguiente texto con el deso de felicitarnos Las Pascuas a todos a través de él.


—“Ya estamos en Navidad; ¡qué horror!” — me dije aquella fría mañana de diciembre de 2017.
A mi alrededor todo está oscuro. Trato de vislumbrar algo, pero no puedo ver los detalles. Parece que estoy confinado en un pequeño cuarto, eso sí, con muchas comodidades  frente a lo que tenía por costumbre, de forma que aún debería darme por contento. Antes de estar aquí estuve en una especie de campo de concentración junto con otros compañeros de infortunio; aquello era desde luego más desagradable. Lo malo es que ahora estaba muy solo, sin la compañía que me hacían los demás, pero también la comida era mejor; vaya lo uno por lo otro.
Asomando con dificultad la cabeza, podía ver que el lugar en el que me encontraba era un amplio chalet aislado en una rica urbanización cerca de Madrid. Los dueños eran una familia “bien”, con posibles, como se decía antes. El padre parece ser que es un afamado médico, creo que cirujano plástico, de ésos que ganan un pastón por quitar un par de lonchas de grasa y hacer creer al enfermo (mejor llamarle víctima) que ya tiene un aspecto magnífico, pese a la multitud de colgajos que le han dejado. La verdad es que se comporta conmigo con displicencia, manteniendo las distancias; sin embargo, no me gusta nada cómo me mira. No me fío de él. La madre, por el contrario, es toda una señora, me trata con disimulado afecto, pero también manteniendo distancias, como si yo fuese un ser inferior poco digno de relacionarme con ella.
Luego están los niños, bueno, ya no tan niños; el pequeño tiene quince años y es una especie de mula parda, grande y rechoncho. Además es un cobardica; cada vez que me mira rehúye la mirada ¡como si fuera yo a hacerle algo, pobre de mí!
Falta la niña, un año mayor, con unos esplendorosos dieciséis años. Ésta sí que es un encanto; es preciosa con sus ojos de color mar al atardecer y me ha demostrado varias veces ya que me tiene cariño. No parece que me tenga miedo y suele acercarse a mí para consolarme, como si supiera de mis penurias anteriores.  Me da la sensación de que me estoy enamorando, pues mi única ilusión de cada día es poder verla. Su presencia es lo que me mantiene vivo; gracias a ella no pierdo la esperanza. Ya sé que es muy joven, que es imposible que pueda alguna vez mantener una relación con ella, y mucho menos yo, con lo feo que soy. No debo olvidar que soy de otra raza y mi aspecto me delata enseguida, pues soy negro, y además de un negro zaíno, como los toros. No soy un negro lustroso, como algunos que se ven por ahí.
La verdad es que soy un paria. En estas fechas en las que los cristianos – yo no lo soy – celebran eso que llaman “Navidad” y presumen de dar calor al prójimo y proteger al necesitado, la impresión que tengo es que sólo piensan en comer, pero para ellos mismos, no para los demás. ¿Es que la Navidad sólo se puede celebrar comiendo?
Que en pleno siglo XXI exista todavía esclavitud, no deja de ser sorprendente. La verdad es que nunca he entendido bien lo que significa ser un esclavo, pero yo lo debo ser, pues mi amo, el médico, tengo entendido que me ha comprado; estoy casi seguro. Hombre, me ha hecho un favor al sacarme del campo de concentración aquél, pero no sé lo que pretende de mí; no me lo ha dicho. Mi única esperanza de salvación es mi amada, que me ha demostrado siempre cariño; espero que no me falle.
Cada vez que lo pienso, me irrito más; ¡estoy aquí encerrado y no he hecho nada para merecerlo! ¡Yo también tengo mis derechos constitucionales! ¿Por qué no puedo ser libre? Tengo varios primos, eso sí, más guapos que yo, que gozan de una libertad envidiosa. ¿Es que no tengo derecho a ser como ellos?
Estábamos ya en vísperas de Nochebuena. Empecé a oír voces, que me sacaron bruscamente de mis reflexiones. Agucé el oído. Era una voz masculina, fuerte y ronca. Se trataba de D. José, el pater familiam.
—A ver, Susana y Carlos — el tono del padre era autoritario, como siempre, dirigiéndose a sus hijos — mamá y yo tenemos que salir, pero es mejor que no vengáis; primero tengo que pasar por la consulta y después nos meteremos en el follón del centro de Madrid para comprar unas chucherías que nos faltan. No tardaremos mucho, pero es posible que se nos haga tarde. Que no me entere yo de que habéis hecho alguna trastada; mucho ojo, o me las pagaréis…
—Podéis aprovechar y ver la televisión o jugar con la consola; hoy os damos permiso ilimitado — intervino Carmela, la madre, conciliadora y tratando de quitar hierro a las amenazas de su marido con una leve sonrisa.
—Sí, papá, gracias mamá — dijeron los dos a coro, como si se hubieran puesto de acuerdo, eso sí, con cara de aburridos y mirando al cielo con resignación.
“Parece que ya se han marchado”, me dije a mí mismo al oír el ruido de la puerta cerrándose.
Me figuraba yo que iba a tener una tarde aburrida, si es que los chicos se fueran de verdad a jugar. “¡Cómo me gustaría que viniera Susana a verme!”, pensé con ensoñación, pero con pocas esperanzas de ello.
Volví a mis reflexiones. La verdad es que me sentía muy solo, y más desde que ya se había echado la noche encima. Me parecía ser un pájaro enjaulado, andando de una punta a otra del cuartucho en el que estaba. Yo me había creído que en los tiempos actuales, las costumbres habrían evolucionado y que la gente fuera más civilizada, pero no era así. Con los de mi raza no tenían piedad; ¡qué mal les habíamos hecho! ¡Ni en Navidad cambiaban!
De repente, oí un ruido en la puerta del cuarto. ¡Alguien estaba queriendo entrar! ¿Sería Susana? Mi gozo en un pozo; era el animal de Carlos. Me acurruqué al fondo del cuartucho. La forma que tenía de mirarme no me gustaba nada; hasta creí ver un poco de saliva que le salía por las comisuras de la boca. Entró levantando los brazos de forma amenazadora; era más alto que yo y estaba claro que era más fuerte.
—Ahora verás — me dijo sin perder su aviesa sonrisa — no te preocupes, que no te va a doler. Les voy a hacer un favor a los demás, pues cuando vuelvan ya estará todo hecho. Y mi hermana no se va a enterar…
Empecé a asustarme de verdad; el gamberro de Carlos se acercó a mí, me agarró por el cuello con una mano y con la otra me cogió la cabeza, girándola como si fuese un sacacorchos alrededor de mi propio cuello… ¡me estaba asfixiando! Intenté defenderme, pero el animal aquél se me echó encima inmovilizándome y continuó con sus maniobras asesinas.
En ése momento, probablemente por el ruido que estábamos haciendo, apareció Susana en el quicio de la puerta con una escoba en las manos, con la que le arreó a su hermano con todas sus fuerzas.
—¡Eres un mamón! ¿No te he dicho que le dejes en paz?
Afortunadamente, tras el golpe, Carlos me soltó y mi cabeza deshizo el par de vueltas que ya llevaba encima y por fin pude volver a respirar. ¡Qué poco había faltado! Menos mal que mi cuello es muy flexible y no se partió. ¡Qué bruto el chaval!
Susana se acercó a mí y me rodeó con sus brazos, acariciándome la cabeza; yo me dejé hacer, emocionado como estaba.
—Pobrecito — me dijo ella — conmigo estás a salvo. No dejes que se te acerque otra vez el bruto éste…
Puse mi cabeza en su regazo, cerré los ojos y me sentí feliz; ya ni me acordaba del mal momento que había pasado.
Pero las sorpresas de aquél día no se habían terminado. De repente, los tres oímos ruido de cristales rotos en una de las ventanas, una más pequeña que había en el baño y que no tenía barrotes, por falta de previsión en su día.
—¡¡Son ladrones!! — gritó Susana, muy asustada.
Carlos nos miró a los dos y salió corriendo, pero no a donde creímos que iba, a ver quién era, sino que tiró a toda velocidad para el piso de arriba. Estaba claro que iba a esconderse, el muy cobarde.
Susana se quedó petrificada, permaneciendo en la cocina, sin hacer ruido.
Por la ventana aquella habían entrado dos individuos con un pasamontañas; al oír los pasos del chaval subiendo la escalera, se alarmaron.
—¿No me habías dicho que aquí no iba a haber nadie? — soltó uno de los intrusos, dirigiéndose a su compañero.
El otro se mordió los labios; con el pasamontañas no se notaba.
—No conté con que los niños se quedaran aquí solos… vamos a ver dónde están. Tú mira arriba entre que yo voy a la cocina…
Mientras que el primero subía despacio las escaleras, el otro se dirigió a la cocina, donde Susana se había escondido debajo de la mesa. Lo malo es que se la distinguía demasiado bien, por lo que el tipo no tuvo más que meter la mano debajo y agarrarla por los pelos. La joven empezó a resistirse, pero el otro no la soltó. Harto de la resistencia de la chica, le dio una bofetada.
—¡Cállate! ¡Ya me estás diciendo dónde guardan tus padres las joyas y la pasta!
La bofetada encendió a la chica y la rabia pudo más que el miedo; sobre la encimera había un cuchillo, lo agarró e intentó clavárselo al ladrón, pero éste logró apartarse a un lado a tiempo, sin poder evitar recibir un corte profundo en un brazo.
El ladrón, enfurecido, agarró a Susana y la tiró al suelo.
Al ver aquello desde mi cuartucho aledaño a la cocina, que mi querida niña estaba siendo atacada y maltratada de aquella manera, se me nubló la vista de rabia, salí del habitáculo que con el jaleo se había quedado con la puerta abierta y me abalancé sobre el canalla aquél, que no se esperaba a un tercero en discordia. Con mis afiladas garras rompí el pasamontañas, le rajé la cara y le clavé el pico en un ojo, que salió de su órbita y se quedó colgando fuera. La imagen resultaba grotesca, pero no para el ladrón, que empezó a aullar como un poseso, corriendo de un lado a otro del salón, sin saber por dónde iba. Yo le perseguí a grandes saltos, me subí al armario sin darme cuenta de que tiraba todo el cacharrerío que había encima, de ahí volé a la lámpara rompiendo varias bombillas y desde esa elevada posición piqué contra el intruso agarrándome a su cabeza, clavándole mis garras todo lo hondo que pude, haciendo que se fuera al suelo sin poder ya defenderse.
En ese momento apareció el otro bandido, que había bajado por la escalera llevando cogido a Carlos de un brazo, atónito por lo que estaba viendo. El muchacho, al notar que la presión en su brazo disminuía, se soltó de golpe y con todas sus fuerzas le atizó una patada en la espinilla, haciendo que el ladrón se retorciera de dolor; Susana, al mismo tiempo, agarró la escoba y le dio un fuerte escobazo. Al ver la reacción de la chica desde la lámpara en la que yo estaba subido, decidí repetir la misma maniobra aeronáutica, subiéndome encima de la cabeza del intruso y clavándole el pico repetidamente. Al mismo tiempo, el chaval le estaba pegando unas tremendas patadas en las costillas y Susana le metía el palo de la escoba en salva sea la parte, haciendo que el intruso perdiera el sentido de puro dolor.
El primer bandido rebulló y se levantó con dificultad intentando escapar, agarrándose el ojo que llevaba fuera. Me dije que eso no estaba bien y volví a lanzarme “a estilo cóndor” sobre él, subido en sus hombros y clavándole el pico; el hombre iba de un lado al otro del salón sin ver, rompiendo la cristalería y todo lo que pillaba en su camino; tropezó con una silla y se terminó golpeando la cabeza contra una esquina de la enorme y maciza mesa, perdiendo también el sentido.
Ya más tranquilos, nos quedamos los tres sentados en el suelo, jadeantes; los chicos me estaban mirando con asombro. Susana, con los ojos muy abiertos, se acercó a mí reptando sobre sus rodillas y me abrazó. Naturalmente, yo me acurruqué en su regazo, cerrando los ojos y sintiéndome feliz.
—¡Nos has salvado la vida! — me susurró la muchacha acariciándome la cabeza con ternura.
—¡Todavía no me puedo creer que le debamos la vida a un pavo que nos íbamos a comer mañana! — añadió por su parte el chico, alargando su mano hacia mi ala derecha — perdona, macho, te juro que no volveré a intentar matarte...
Ni se daba cuenta el chico que le estaba hablando a un pavo…
Y es que yo, me da vergüenza decirlo, soy un pavo, feo y negro zaíno, con un plumaje ralo y despeinado, no como mis primos, mucho más guapos, que campan libres por los idílicos jardines del Palacio Real; a lo mejor se llaman “pavos reales” también precisamente por eso…
En ese momento, se oyó el ruido de una llave en la puerta de la casa; ¡llegaban los padres!
Cuando don José y su mujer entraron en el salón, no se podían creer lo que estaban viendo; allí parecía que se había desencadenado una batalla campal, cristales por todo el suelo, la lámpara medio rota, las sillas volcadas, y a sus chicos sentados en el suelo con el pavo que se iban a comer al día siguiente retozando en el regazo de su hija.
—Pero… ¿qué ha pasado aquí? — inquirió D. José, todavía atónito, mirándome a mí con alevosía, pues todo indicaba que el causante de aquél destrozo había sido yo — ¿Por qué habéis sacado al pavo de su recinto?
Justo cuando decía eso, se dio cuenta de la presencia de los dos ladrones tumbados sin sentido y con la cara ensangrentada. Tanto el padre como la madre pegaron un sonoro respingo.
—¿Y éstos? ¿Quiénes son? ¿Qué pintan aquí?
—Pues que a lo mejor gracias a este pavo, que nos ha salvado la vida, seguís teniendo hijos, aparte de las joyas y el dinero que estos tipos se hubieran llevado — le respondió Susana con firmeza, mirando de reojo también a su madre.
—Bueno, yo le he pegado a éste unas cuantas patadas… — interrumpió el chico, queriendo llevarse algún mérito.
—Sí, pero cuando el trabajo ya lo había hecho el pavo como una furia divina y habiéndole sacado el ojo a uno… ¡no te digo, el valiente, escondido bajo la cama! — Susana estaba lanzada — Desde luego, el que pretenda matar a este pavo, tendrá que pasar primero por encima de mi cadáver!
De repente, a la muchacha le entró la risa floja.
—¿De qué te ríes? — le preguntó doña Carmela.
Su hija le respondió entre lágrimas de risa.
—¡Pues que me estoy imaginando la cara que van a poner los de la policía cuando vengan a llevarse a estos tipos y les contemos que el héroe ha sido el pavo!
Poco a poco, los padres fueron digiriendo lo que había pasado, aunque todavía les costaba creerlo; al principio, viendo el desastre en el salón, habían creído que estaban siendo engañados, pero a la vista de los dos ensangrentados individuos, no había duda.
Lo cierto es que D. José ya me miraba de otra manera; se le veía profundamente conmovido y agradecido, lo mismo que doña Carmela.
                                                       * * *

 Al día siguiente, en Nochebuena, nos encontrábamos todos celebrándola en el comedor de la casa, bien engalanada con motivos navideños.
Allí estábamos todos, incluso yo; mi querida niña había colocado un gran cojín encima de una de las sillas de la mesa, a su lado. Formábamos un cuadro enternecedor: el padre, presidiendo la mesa, la madre, poniendo cara de circunstancias sin poder evitar una sonrisa mirando a su “prevista cena”, que era yo,  sentado a la mesa moviendo feliz mi apéndice colorado bajo la nariz (bien se podía decir que la cena no era moco de pavo); el chico, guiñándome un ojo  y Susana sentada a mi lado echándome un brazo por encima del lomo. Y yo feliz, claro.
A los postres, el padre nos miró a todos entre serio y divertido.
—Bueno, teniendo en cuenta lo sucedido, no he tenido inconveniente en que pasemos las fiestas compartiendo nuestra vida cotidiana con tu pavo, hija mía, pero todo tiene un final. ¡No querrás que esta extraña situación dure toda la vida! Está claro que no nos lo comeremos, pero, ¿qué hacemos con él? El pobre bicho tampoco se debe sentir bien en esta situación por mucho tiempo…
Me estremecí; para mis adentros me decía “Yo quiero estar al lado de mi Susanita, para siempre…”, pero no me salían las palabras y sólo era capaz de repetir “glo, glo, glo”, mirando alternativamente a D. José y a mi chica, con cara de pavo degollado.
—¿Alguna idea? — preguntó el padre, mirando a todos.
Susana se me quedó mirando; parecía que hubiera leído mis pensamientos.
—La verdad es que he llegado a querer mucho a este animalito, aparte de lo agradecida que le estoy por lo bien que me ha defendido, pero comprendo que no puedo retenerlo conmigo para siempre. No funcionaría. Sin embargo, tengo una idea que me parece pueda ser la solución.
Todos, hasta yo, la miramos expectantes.
—Primero le vamos a poner un nombre: “Príncipe”. Y luego, te voy a pedir una cosa, papá; si no la haces, Príncipe se quedará aquí conmigo para siempre.
Don José enarcó una ceja, sin adivinar lo que le pediría su hija.
—No me preguntes cómo lo sé, pero Príncipe quisiera ser un pavo real, como ésos tan bonitos que hay en los jardines del Campo del Moro. Tú eres uno de los mejores cirujanos plásticos de España; estoy convencida que si dispones de las suficientes plumas, serás capaz de injertarlas a Príncipe…
Me estremecí; ¡Convertirme en pavo real! ¡La ilusión de mi vida!
Susana me clavó su mirada con los ojos chispeantes; lo único que supe hacer fue mover la cabeza de arriba a abajo y tratar de sacar una mueca que se pareciese a una sonrisa, pero con el pico eso era un rato difícil; sin embargo, lo entendieron.
—Papá, por favoor… — dijo Susana mirando a su padre de forma que éste no pudo negarse.
* * *

El invierno ha pasado y ya estamos en primavera.
Caminaba yo cerca de la fuente que hay en el centro del Campo del Moro, cuando vi a lo lejos a una pavita preciosa que me miraba desde debajo de un banco. El corazón me dio un vuelco; ¡ésa era mi chica!
Me acerqué a ella hinchando el pecho todo lo que pude y procedí a abrir mi cola en todo su esplendor. La pavita se acercó a mí con un tierno “glo, glo”, significando que aceptaba ser mi novia, rendida ante mis encantos.
Al cabo de no mucho tiempo, la imagen de Susana se fue borrando poco a poco de mi memoria, como si se difuminase.
Un día me visitó; al verme tan bien acompañado, sonrió. Y yo también.

KS, Navidad 2017