15 enero 2014

INGENIERIA


INGENIERÍA EN CASTELLANO DERIVA DE INGENIO Y NO DE MÁQUINA (ENGINE EN INGLÉS). José Luis Cerdán, sigue en:
http://13escultor.blogspot.com.es/2014/01/ingenieria-en-castellanoderiva-de.html

 

J de JUVENTUD


Soneto.         Por M.A. MORCILLO

 

La juventud, María, es rara afección

Que provoca en los niños dependencia,

En adolescentes acné e imprudencia

Y en los jóvenes impetuosa acción.

 

Divino tesoro de poetas mención,

Hervor de hormonas, algo de indecencia,

De orden y respeto, completa ausencia,

Pasión vital y derroche de emoción.

 

Gacela que pasta alegre sin temor,

En las verdes llanuras del amor,

Sin ver a la leona de la madurez.

 

Terribles advertencias, sordo rumor

Predica quien la pierde, y sin pudor

La envidia, y llora y maldice su vejez.

14 enero 2014

ESTATUA DE FRANCO


La estatua de Franco en el Ramiro, por Paco Acosta

 

¿Cuántas veces habremos pasado junto a esa estatua?. Entonces decíamos “la estatua del caudillo”, “la plaza del caudillo”… Y cuando bajábamos, desfilando, desde el campo de fútbol lo primero que veíamos eran los ollares y belfos de aquel imponente y hermoso caballo, que parecía nos miraba sereno… No recuerdo bien si pasábamos por la derecha o por la izquierda,… Posiblemente por la izquierda, según se bajaba, pues se decía aquello de vista a la derecha ¡ar!.... Eso sí creo que, incluso los gastadores con sus complicadas evoluciones, todos íbamos ajenos a aquella figura inmóvil que desde allí arriba nos ignoraba altanero mientras perpetuamente miraba al frente.


Es bastante conocido que esa estatua fue obra de un destacado escultor navarro -discípulo de Benlliure-, Fructuoso Orduna Lafuente (1893-1973), que también fue el autor de las otras esculturas que disfrutábamos en el Ramiro (el Discóbolo, la estatua de Minerva y los seis atletas desnudos de corte griego -esculturas en piedra que representaban a Pelotari, Arquero, Lanzador de peso, Remero, Hondero y otro que no recuerdo- que por aquel entonces flanqueaban la tribuna del campo de fútbol). Lo que quizás no conozcáis es que Fructuoso Orduna era tío político de nuestro compañero Searle…

 

La estatua ecuestre fue encargada en 1941 por el entonces Ministro de Educación Nacional, José Ibáñez Martín, y fue colocada allí donde nosotros la conocimos, frente a la entrada de Instituto, en 1942. Al menos así constaba en una inscripción, en latín, grabada en la base donde se apoyaban las cuatro patas del caballo). La escultura, realizada en bronce, caballo y jinete, tiene una altura de 3 metros, y pesa 1.300 Kg. Va situada sobre un bloque de granito que le sirve de pedestal de 1,5 metros de altura, y como recordaréis todos tenía grabado un párrafo en latín, de cuya traducción transcribo solo una parte “el vencedor avanza en su caballo”… Pero, ¡si el caballo estaba inmóvil!.

 

Lo que no creo sea tan conocido es que esa escultura ecuestre, la “nuestra”, la del Ramiro, fue la primera estatua que se realizó de Franco subido en un caballo. Luego seguirían otras, de otros artistas. Sirva como ejemplo la que estuvo situada en la Plaza de San Juan de la Cruz, frente a los Nuevos Ministerios, y de la que un ignorante se ha atrevido a escribir en Internet: “Esa estatua, a saber, estaba situada, antes de su instalación frente a los Nuevos Ministerios, en el Instituto Ramiro de Maeztu, en Madrid, y todos los días, formados por clases, desfilábamos ante ella los alumnos. Historia”. Pues si la historia se escribe así…. Lo lamentable es que el que eso escribe también pasó por las mismas aulas que nosotros.

 

Lo que, me da la impresión, es menos conocido es que, antes de ubicarla allí, la estatua del Caudillo a caballo, la nuestra, la del Ramiro, estuvo expuesta en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. He encontrado unas fotos de esa exposición, que sirvieron para ilustrar un artículo de la Revista Nacional de Educación (nº 18, 1942, Madrid) titulado “Una estatua ecuestre del Caudillo”. De ese artículo no me resisto a incluir aquí su resumen, por lo “enjundioso”:


 
Y no menos fondo propagandístico tiene el artículo en sí, cuyo autor no se menciona en la revista, …

 








 

 

¿Qué os parece?. No me digáis que no es un verdadero “hallazgo”. Y además con las dos fotos… Creo que éstas merecen pasar a nuestra Galería fotográfica del lejano ayer.

 

La noticia de la exposición de la escultura ecuestre de Franco en el Círculo de Bellas Artes tuvo también su reflejo en la prensa. De la hemeroteca de ABC he sacado este artículo del que podemos obtener unos datos hasta ahora no comentados. El bronce con el que se fundió la escultura fue donado por el Ministerio del Ejército. Fructuoso Orduna utilizó como modelo, naturalmente de la montura, el caballo que más utilizaba Franco, de nombre “Imperio”.

 

Y como podréis ver, el redactor del artículo debió darse cuenta de la discordancia entre la quietud del caballo y el “avance” expresado en los latines del pedestal, y discretamente suprimió la mención al movimiento…. El movimiento era entonces mucho movimiento….

 

 

 

Tampoco me resisto a “colocaros” otro corte. Este se encuentra en el libro Historia de la literatura fascista española, vol 2 (Ed. Akal, 2008), de Julio Rodríguez-Puértolas, que entresaca párrafos de un artículo aparecido en el diario Ya en 1942, con motivo de la instalación de esta escultura en el Ramiro.

 

 

 

Acerca de el párrafo del periódico Ya, sin comentarios. Sin embargo, el autor del libro, no fue lo suficientemente cuidadoso, y a quien menciona como redactor del párrafo referido, -Antonio Ortiz Muñoz (1906-1968), que fue periodista del diario Ya desde 1935-, le asignó las fechas de nacimiento y defunción de D. Luis Ortiz Muñoz –nuestro director-, así como su cátedra de Griego…  No se puede uno fiar ni de lo que se recoge en los libros….

 

Y siguiendo con esto de las confusiones, también he encontrado informaciones distintas concernientes a lo que pasó con la escultura, una vez que fue desmontada y retirada del Ramiro en 1987.

 

En 1992, en un artículo de El País (22/11/92) y con respecto a “el caballo del Ramiro” se hace la pregunta “¿Cuál es el paradero actual de esta pieza escultórica?” para acto seguido indicar “se desconoce”. Achaca el desmantelamiento de la estatua a la dirección del Instituto, que preparó “una reordenación de sus calles interiores, oficialmente por problemas de tráfico con los coches y sus miles de alumnos, y decidió quitar la estatua porque estorbaba”. E indica el periodista, que a la directora actual del Ramiro (la de 1992) le habían trasmitido sus colaboradores que “la estatua se entregó ese verano a la Confederación de ex-combatientes para que la colocase en un colegio mayor militar”…. Sin embargo, a continuación dice que “el vicepresidente nacional de la confederación niega esta versión”, aunque sí acepta que la pidieron y que tenían preparado un sitio para ella. Y concluye que decidieron “llevársela, naturalmente una noche, a un almacén del Ayuntamiento donde la trocearon con un soplete”.

 

El periodista de El País, cuando ya se habían borrado casi todas las huellas existentes en la vía pública del anterior jefe del estado, trata únicamente el tema de la propiedad estos “recuerdos”. Y por tanto ni le interesa indagar sobre la ubicación en ese momento de la estatua (se limita a citar la suposición de su troceado y despiece), ni ahonda en la fuerte polémica vivida en la sociedad española respecto a la retirada de estas imágenes. Por una parte menciona la versión de la reordenación viaria del recinto del Instituto, como motivo para la retirada de la estatua de Franco. Pero también indica que, la estatua del Ramiro sirvió “en los últimos años de la dictadura y los primeros de la democracia como morboso blanco de las iras escolares. El caballo se pintaba regularmente de verdes colores de protesta, la semblanza (sic) del general recibía huevazos ante la irrupción de cualquier conflicto y la comisura de sus labios soportaba entonces durante semanas cigarros sujetados con chicles.”

 

No quiero entrar en polémicas, ni quisiera que vosotros os enzarcéis en lo mismo. Lo pasado, pasado está.

 

No obstante, os presento aquí esta foto que acompaña a una información -que he encontrado en www.europeana.eu- fechada en Madrid el 22/11/1977, donde tras el escueto y telegráfico título “Incidentes estatua Franco” señala que “un grupo de bomberos procede a la colocación de la estatua ecuestre del anterior jefe del estado, Francisco Franco, tras los incidentes de la pasada madrugada en los que unos jóvenes del Instituto «Ramiro de Maeztu» bajaron el pedestal en la que se encontraba”. Muy fuerte eso de que los alumnos la bajaron del pedestal…

 

 

 

Me parece que los alumnos bajarla, lo que se dice bajarla, no se “atrevieron” (en vista de los 1300 Kg que pesaba), y si la hubieran derribado, lo que resulta más frecuente en este tipo de rebeliones populares, habría sufrido bastantes desperfectos, que no se observan en la fotografía. Más me inclino a pensar que lo que están haciendo los bomberos, con esas mangueras que se entreven, es limpiar la estatua tras los incidentes que se mencionan. Y para hacerlo meticulosamente resultó más simple el bajarla previamente del pedestal.

 

Hay también otra versión respecto a su “oculto” paradero, para mí más rigurosa y aceptable. Jesús de Andrés Sanz, de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNED, y director del proyecto de investigación “Memoria histórica y simbología urbana: La memoria histórica del franquismo a través de las estatuas de Franco” (2003-05), afirma que “la estatua ecuestre del Ramiro de Maeztu fue trasladada a mediados de los años ochenta a la Academia de Infantería, en Toledo, donde está expuesta en su avenida principal”. Y así debió ser pues en 2006, en un artículo de ABC (11/9/2006) se recoge la noticia “El director de la Academia de Infantería de Toledo” “asegura que no ha recibido ninguna orden del Ministerio de Defensa para retirar la estatua ecuestre de Francisco Franco de este recinto militar pero que si así fuera se cumplirá”. Y afirma que “está colocada en un lateral de la amplia explanada de la fachada principal del edificio”. Y para que no quepan dudas respecto a qué escultura se trata, indica que “realizada en bronce en 1942 y de tamaño menor al natural, estuvo colocada en el Instituto Ramiro de Maeztu de Madrid hasta que a mediados de los ochenta fue trasladada a la Academia de Infantería de Toledo, donde Franco realizó sus estudios castrenses en 1907”. En 2008, en el suplemento Crónica de El Mundo (21/12/2008), se indica, respecto a las estatuas ecuestres de Franco “una de las dos de Madrid, la que estaba en el Instituto Ramiro de Maeztu, se trasladó en 1987 a la Academia de Toledo, donde aún sigue”. Por tanto si no la han vuelto a trasladar, debe continuar allí….

 


Y para terminar os dejo otra “perla” en cuanto a confusiones. Buscando información sobre la estatua de Franco, la “nuestra”, la del Ramiro, la de Fructuoso Orduna, he llegado a una Tesis Doctoral de la Universidad de Salamanca, del 2009, en la que se menciona, no una sino varias veces, que el autor de las estatuas que existían en el Ramiro, y específicamente la ecuestre de Franco, es “Juan Orduna” o “Juan de Orduna”, (cuando lo escribió, imagino que estaría pensando en Juan de Orduña, el conocido cineasta) como podréis comprobar leyendo la página que incluyo a continuación:

 

 

¡Como está la Universidad! ¡Tampoco te puedes fiar ni de una tesis doctoral!. ¡Y resultaría “cum laude”…..! Y aunque lo he dudado bastante, aquí van los nombres de los responsables. En ese caso además del pecado hay que decir el “nombre de los pecadores”

 

 

 

Eso sí, en la tesis (de 753 páginas) el Instituto Ramiro de Maeztu se menciona unas cuantas veces, pues el “protagonista”, Jose Mª Valverde Pacheco (1926-1996 –poeta, ensayista, crítico literario, historiador de las ideas, traductor y Catedrático de Ética en la Universidad de Barcelona, plaza de la que renuncia para marchar a Estados Unidos y regresar después de 10 años; intelectual de izquierdas y simpatizante de los movimientos revolucionarios e izquierdistas- estudió en el Ramiro allá por los años 40, y esto le ha servido al doctorando para incluir “de paso” siete páginas dedicadas a “los años del Maeztu”…. en las que incluso se permite indicar el horario de clases….

 

Cuando, Dios quiera que sea dentro de mucho tiempo, a algún compañero de la promoción le dediquen una Tesis, el doctorando podrá tener, solo con lo recogido en el blog, material suficiente para rellenar no siete páginas, sino tropecientas, e ¡incluso con fotos…..!

31 diciembre 2013

ENTREVISTA A UN CATALAN DEL RAMIRO

por Kurt Schleicher

   Seguramente más de uno ya se estará preguntando: ¿a quién se estará refiriendo?

Pues no; no hay tal. Se trata de una ficción, un supuesto, un cuento… ¿o quizás no? Puede, podría o pudiera haber sido un sucedido.

   El caso es que en cierta ocasión, en plenas Ramblas, se encuentra un reportero de una cadena de TV catalana, micrófono en mano, con un señor ya algo mayor, aparentemente en buena forma y con la mirada aguda e inquisitiva que confiere la experiencia de haber vivido unos cuantos años y estar dotado de cierta cultura.

  “Buen día” – le espetó el periodista con una amable sonrisa – “Ascolti, ¿tiene Vd. unos minutos libres para poder hacerle unas cuantas preguntas para el canal TV catalán?”

   El señor le mira de hito en hito, sorprendido por la inesperada interrupción de su paseo matutino y decide mostrarse colaborador con una franca sonrisa.

   “Ascolto, ascolto, joven; pues bien, hace buen tiempo, no tengo excesiva prisa, así que, ¿por qué no? Pregunte, pregunte…”

    “Muchas gracias por su amabilidad. Bien veamos: ¿de dónde es Vd.?”

     “Pues yo soy de la vivienda 4ºD del nº 415 de la calle Muntaner en Barcelona, que es donde vivo ahora, aunque he de aclarar que pasé casi todos los años de mi infancia y juventud en Madrid y soy del Ramiro. Sin embargo, nací asimismo en Barcelona, de forma que soy barcelonés de nacimiento y por lo tanto soy catalán. Continuando en línea ascendente, soy también español, europeo, ciudadano del mundo llamado La Tierra, pertenezco al Sistema Solar y por lo tanto a la Vía Láctea, dentro de los confines de este Universo, que a su vez es una pequeña parte del conjunto de Universos que forman el Todo Multi-universal”

    La cara del reportero era todo un poema.

    “Hombre, no le preguntaba tanto; es Vd. muy puntilloso, ¿eh?”

     “No; pretendo ser sencillamente preciso y exacto cuando alguien me pregunta algo” – respondió el señor con una sibilina sonrisa. “Si yo le hubiese dado solamente una de las pertenencias anteriores, también sería correcto, pero es que yo siento que formo parte de cada una de las entidades que he mencionado y por las que siento un aprecio especial que me distingue de otros que no forman parte de las mismas y que podrían sentir algo diferente a mí…”

     “Ya.” (El reportero quería llevar el asunto por el terreno que quería) “Así que dice Vd. que es catalán, aunque ha pasado gran parte de su juventud en Madrid y que es del Real Madrid… ¿correcto?”

     “No… le he dicho que soy del Ramiro, no del Real Madrid; no confundamos. Sería en todo caso del Estudiantes” (con una sonrisa). “Me refiero al Instituto Nacional Ramiro de Maeztu”

     “O sea, un colegio de pago, ¿no?”

   “Hombre, pues sí, pero no mucho; sin exagerar…pero por ese “no mucho” la verdad es que nos educaron bastante bien”

    “Ya veo, ya… pero no nos salgamos de la entrevista. Así que es Vd. catalán; ¿siente Vd. amor por Cataluña, o al menos un hondo sentimiento de aprecio por lo catalán?

     “Pues sí, indudablemente. Pero también debo aclarar que siento un especial amor por España, por Europa, por este bonito y azul planeta y por toda la Humanidad, si me apura. Y no digo nada del amor que siento por mi Barcelona, por mi calle Muntaner, por Madrid, por mi Ramiro y por mi casa. Será que soy muy amoroso…” terminó el señor con una amplia sonrisa.

     “Ya, pero veo que hay una aparente contradicción en lo que me dice” – continuó el reportero, en tono algo más incisivo y provocador – “Me dice Vd. que siente amor por España y a la vez por Cataluña, cosa que veo difícil, con lo que nos está jooo…robando la primera”

      “Pero hombre, ¿en qué mundo vive Vd.? Si cada vez que alguien me joroba renunciase a mi amor, ya me habría mudado (me joroban mis vecinos), me hubiese separado (me joroba mi mujer), me hubiese ido de Cataluña (me joroba un montón el Mas), me hubiese tenido que ir de España (me joroba efectivamente el Rajoy&Co), hubiese tenido que emigrar a América (me joroban las políticas de la sra. Merkel) y como ya estoy harto de este globalizado planeta, me gustaría mucho irme a otro que vuelva a ser más humanizado y con menos guerras… Pero sigo aquí, tratando de hacer algo para me sienta menos jorobado en el futuro, aunque sólo sea dándome una ducha fría de vez en cuando.”

     El reportero ya se estaba impacientando.

     “Por favor, que se me está Vd. yendo por las ramas. Vamos a ver; le quiero hacer un par de preguntas de una consulta que dicen que es ilegal. ¿Se atrevería a contestarlas?”

      “Si las contesto, ¿tendría entonces que ir a la cárcel?”

      “No, Vd. no, pero a lo mejor yo sí, si alguien se pone muy burro…”

       “A ver, a ver: ¿me está Vd. haciendo esta entrevista porque le ha dado la gana o porque alguien le ha ordenado que la haga?

        “Pues claro, me lo han dicho…”

        “Entonces no me diga Vd. tontadas, pues si algo es ilegal, a la cárcel tendrán que ir los responsables, ¿no?”

         “Bueno, dejémoslo” – el reportero veía que así no iba a ninguna parte – “se lo preguntaré de todas formas. ¿Quiere Vd. que Cataluña sea un Estado?”

         “¿Estado ha dicho? Sí, casado…”

        “¡He dicho Cataluña, no Vd.!”

        “Disculpe, es que ha pasado un coche y no le he oído bien” – respondió el señor con amabilidad. “No se sulfure, hombre… me pregunta Vd. si me gustaría que Cataluña sea un Estado. ¿Me podría definir lo que quiere decir con Estado?”

        “Pero hombre, si eso lo sabe todo el mundo. Un Estado es como España, como Alemania…”

         “Ya, ya… pero actuemos con propiedad. Vd. no me está preguntando si me gustaría que Cataluña sea como Alemania, pues tienen historias muy diferentes y eso no podría ser, así que seamos precisos. Voy a consultar con internet lo que es Estado” – el señor echó mano de su Android (por cierto, suena a robot humanizado).

        “A ver, veamos primero lo que dice la RAE.”

        “¿Qué es la RAE? – preguntó el repórter despistado

        “¡Hombre, que es Vd. periodista! RAE significa “Real Academia Española”…”

        “¡Entonces no me vale!!!! ¡Española y encima Real!!! – el reportero se había empezado a congestionar…

         El señor no pudo por menos que soltar una larga carcajada.

       “Desde luego, me está Vd. divirtiendo… Espere, que ya lo tengo. Aquí dice: Estado es el conjunto de los órganos de gobierno de un país soberano. O sea, es un “conjunto de órganos” dentro de un “país soberano” Suena bien, y hasta se intuye por lo de soberano que tenga rey, por lo que intuyo que se refiere a España. Lo de “conjunto de órganos” no lo tengo muy claro, la verdad, pero no parece que sea nada malo.

   “Que no, que no, que no me vale; mire por favor otra definición” – continuó el periodista aún algo agitado.

   “Bueno, bueno, no se me vuelva a sulfurar, que no es para tanto… yo aún no le he levantado la voz. Veamos, aquí pone: Unidad política superior independiente y soberana…”

   “¡Eso, eso!”

    “Ya, pero si combinamos ambas, resulta que Estado es un conjunto de órganos con una política superior independiente y soberana dentro de otro país soberano. Pues no lo entiendo bien…”

     El periodista empezaba a ponerse de un color ligeramente escarlata.

   “Mire, olvídese de la primera; la segunda definición se acerca más a lo que quiero decir…!

   “Bueno” – el señor continuó de forma conciliadora – “O sea, si le he entendido bien, me pregunta Vd. en sintonía con lo anterior si me gustaría que Cataluña sea un Estado. Pues bueno, supongamos que sí, que me gusta. Suena bien…”

       “¡Ah, muy bien!” – contesto el periodista ya con aire triunfante. “En tal caso podemos pasar a la segunda pregunta…”

     “¿Y qué hubiera pasado si le contesto que no a la primera” – le interrumpió rápidamente el señor.

     “Pues que no podría ya hacerle la segunda”

     “Entonces, la cosa no tendría la menor gracia… suponga que la quisiera contestar”

     “No, es que no tendría lógica…”

     “Me temo que en esto de la lógica no andan Vds. muy sobrados, pero bueno, como ya le he dado el pase a la segunda, pregunte, pregunte…”

      “¿Vd. quiere que ése Estado sea independiente?

      “A ver si le he entendido bien. Si le sigo, ¿me está preguntando si me gustaría que ésa unidad política superior independiente y soberana sea independiente? Me temo que hay una repetición; ya tenemos independencia al cuadrado (es que yo soy de ciencias).”

      Al periodista se le empezaban a poner los ojos rojos y sanguinolentos, por lo que el señor optó por cortar por lo sano para evitar males mayores:

      “Mire, mire, no insista. Si lo que Vd. quiere que le diga es que si me gustaría que fuese independiente, pues ya le digo que sí, que sí hombre, que me gustaría…”

   El reportero se relajó notoriamente y respiró profundamente.

  “¡Al fin! Así que Vd. vota por la independencia, ¿verdad?”

    “Eh, paso a paso, no corra tanto” – le contestó el señor con gesto más serio. “Una cosa es que me gustara o lo quisiera y otra muy distinta que lo decida y lo haga efectivo. Mire, volvamos a lo de nuestras pertenencias. A mí me encantaría ser independiente de mi mujer, pero si lo llevara a cabo, ya perdería su compañía, me perdería la felicidad y la fuerza que da el estar juntos y en buena sintonía, aparte de que me tendría que buscar a alguien que me echara una mano en todas esas labores que calladamente hacen la mujeres… y si no lo encontrase, me las tendría que apañar solo. Y todo eso y mucho más a costa de esa independencia, que suena muy bien, pero que supondría un compromiso y un nuevo entorno con rumbo a lo desconocido. Lo mismo me sucede con mi casa, con mis convecinos; estoy harto de tanta reunión de vecinos, de tener que plegarme a la mayoría…vamos, que me encantaría ser independiente. ¡Hasta me gustaría una Barcelona independiente! Y ya no le hablo de todas las consecuencias que me trae ser dependiente, por mucho que sea de lejos, de la señora Merkel, de la UE, de los mandangas que hay por ahí que ni avanzan ni dejan avanzar…¡Claro que me gustaría ser más independiente! Si no hay más que recordar nuestra Guerra de la Independencia contra un opresor llamado Napoleón, en la que gracias a ir todos juntos en cientos de batallas (y ya que estamos, le recuerdo el Tambor del Bruch) pudimos darles sopas con onda a los franceses. ¡Por supuesto que me gusta el concepto de Independencia! Pero una cosa es que me gustara una situación ideal y otra muy distinta es que SEA de verdad tan ideal en las circunstancias que tenemos en la actualidad. ¿Se ha molestado Vd. en decirme qué y cuánto me va a costar esa anhelada independencia? ¿Se le ha ocurrido pensar en un escenario de fronteras ficticias, de un euro poco claro, de quién ayudaría a poder llevar a cabo “las nuevas tareas del hogar” con una situación financiera tan desastrosa? Es como con las señoras: independizarse de ellas en la ruina no es lo mismo que hacerlo con pasta de sobra de por medio… En resumen: ¿me ha dicho Vd. claramente cuáles serían las contrapartidas y el coste de esa bendita independencia?”

   “No” – respondió el periodista, un poco confuso – “Eso es su problema; con lo listo que es Vd., será mucho más capaz que yo de llegar a una conclusión”

    “Ya. Me está Vd. poniendo la zanahoria delante de la nariz y espera que la siga solamente por el olor. Pues mira, déjame que te diga, majo (creo que ya nos podemos tutear tras todo esto) que a todo este asunto le falta un punto de lógica. Creo que a cada uno de nosotros nos gustaría que nos consultaran, que cuenten con nosotros, pero eso no da pie a tratar de llevarnos por un camino del que aún no sabemos si está asfaltado o no, ni cuántos baches tiene, en especial si cayendo en alguno que sea muy gordo, a lo peor nos quedamos allí tirados”

    El periodista se había desinflado un poco y parecía algo perdido, por lo que decidió salirse por la tangente.

    “Veo que Vd. presume mucho de lógica, señor; ¿quien le ha enseñado tanto?”

  El caballero se quedó pensando un breve momento y soltó con una sonrisa:

     “Pues quizás haya contribuido un tal Mindán, que me dio clases de Lógica como parte de la Filosofía entre otras cosas cuando yo tenía 17 años, a la vez que unos cuantos profesores más de prestigio y buen hacer en ése Ramiro que te he dicho antes y que confundías con el Real Madrid…”

     “¿Y quién era ése tal Mindán?”

    “Pues te podría contestar muchas cosas, pero bastará con que te diga que superó los 100 años, de forma que seguramente lúcido era. ¿Te crees tú que esa Cataluña que soñáis superaría esa pila de años? No me contestes; con la cara que pones no es necesario; no hace falta ser tan lúcido como él para responder… En fin, que Dios te bendiga, majete; gracias por la entrevista”

     “Soy ateo, señor”

    “Bueno, pues que te sientas colmado de bendiciones de cualquier otro sitio…”

     “¿De qué sitio?”

     “Pues, ¡qué quieres que te diga, majo! De ése que estás pensando no sé si queda para muchas bendiciones de ésas…”

  El señor se va alejando dejando al reportero clavado con su micrófono en la mano, cerca de un mimo que detrás de él hace carantoñas a los niños. La vida continúa en las Ramblas…

    Y se baja el telón. Colorín, colorado…

KS, Dic 2013.

 

27 diciembre 2013

SONETO DE AMOR Y AMISTAD

por M.A. Morcillo


Dices que para siempre no te olvide,
Más no quieres que a diario te recuerde,
Que mi idea sobre ti solo me pierde,
Que de mi ensueño sobre ti me cuide.
 
Que tu amistad siempre en mi pecho anide,
Que mi enfado contigo no concuerde,
Que, dramático, esta insistencia muerde,
Porque Saturno, cruel, amor impide.
 
Admirable y generosa cordura,
Admito lo imposible de mi sueño
Y trocaré amor en amistad pura.
 
Más no pidas que olvide la atadura
De tu pelo, ni tu risa, es locura.
Lo demás será tuyo, no soy dueño.

24 diciembre 2013

MORALIDAD DEL ABORTO


La moralidad del aborto.

José Enrique García Pascua.

 

Nosotros, miembros de la promoción 64, hemos vivido lo bastante como para constatar de qué modo ha cambiado la percepción social del aborto desde aquellos años jóvenes hasta el día de hoy.

Cuando gobernaba Franco en España, la opinión pública y las autoridades consideraban que privar de la vida a un feto humano era un acto abominable, además de un delito; a este respecto, recuerdo que se produjo y distribuyó en los cines del país una película titulada Aborto criminal. Hoy, la opinión pública española, en cambio, es en general favorable a que la mujer que lo desee se deshaga de la vida que late en su seno, aunque la discusión se centra en las condiciones que hacen justificable la interrupción del embarazo, hasta el punto de que la futura ley del aborto –más restrictiva que la vigente, según se desprende del anteproyecto dado a conocer– que actualmente promueve el ministro de Justicia es calificada por las radicales del bando contrario como “injusta” y “cínica”, epítetos que encierran un juicio moral negativo de un intento también moral del ministro de cambiar la ley que este señor considera, a su vez, como “injusta” por  permitir el aborto libre, sin ninguna condición, hasta la decimocuarta semana de gestación.

 

Ante la existencia de juicios morales contradictorios, la prudencia nos mueve a buscar los fundamentos en que se apoyan los juicios morales en general y los que suscita la práctica del aborto en concreto.

Los moralistas nos dicen que han de existir principios absolutos que informen la eticidad de los actos de los hombres. Un principio que no sé si es absoluto, pero que figura en los textos moralizantes desde muy antiguo es el de la obligación de respetar la vida humana. Ya Dios en el Sinaí impuso al pueblo de Israel el mandato de “no matarás” (Ex. 20, 13) y Jesús de Nazaret lo hizo suyo e incluso extendió la prohibición a cualquier malquerencia hacia el prójimo (cf. Mt. 5, 21 y 22). En estos tiempos asistimos en nuestro entorno a un rechazo de la religión, católica en particular, por parte de los liberales, pero estos mismos que se oponen al poder eclesiástico han encontrado otro decálogo en que depositar su fe, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en donde también podemos leer algo semejante: “todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona” (artículo 3).

 

Es un hecho biológico que la vida del embrión humano es vida humana, porque esta vida embrionaria, si se desarrolla en circunstancias normales, deviene un ser humano completo y ningún miembro de la raza humana habría alcanzado la plenitud de su naturaleza sin el paso previo de la concepción en el vientre materno. Entonces, cabe pensar que la vida embrionaria debería estar protegida, desde el punto de vista moral, por la inveterada prohibición de matar. Sin embargo, la historia nos da testimonio de multitud de excepciones que unos y otros han encontrado al mandato divino, porque, a pesar de ser generalmente aceptado, los hombres asiduamente se han matado entre sí, y siguen haciéndolo, incluso aduciendo argumentos morales para ello.

Una primera forma de justificación moral que permite matar sin remordimientos a un individuo humano ha sido negarle precisamente la condición de humano. Así, el régimen totalitario que gobernó en Alemania determinó que los pertenecientes al pueblo judío no eran humanos y, por consiguiente, no era necesario observar ningún requisito legal para gasearlos en masa. Análogamente, hay quien afirma que no es cuestión pertinente si debemos o no respetar la vida del nonato, porque éste no es un ser vivo o, al menos, no es un ser humano mientras dependa para perdurar de la contribución de la madre, lo que nos lleva a preguntarnos cuándo –según esto–  el individuo comienza a ser humano, ya que, después de nacido, todavía le queda mucho tiempo en que su supervivencia depende de la madre. En realidad, atribuir o no la condición de humano a alguien es un juicio de valor, es decir, la valoración que hace quien lo emite del sujeto juzgado, lo que no pasa de ser una apreciación subjetiva y ocasional, ya que los mismos que niegan la condición de humano al nonato por su dependencia no se atreverían a negarle dicha condición a un dependiente enfermo de Alzheimer. 

Una segunda forma de justificación moral para eliminar a un semejante ha sido argüir que su derecho a la vida no prevalece ante otros derechos, como es el caso del derecho que tiene la sociedad a defenderse. Así, en tiempos del Santo Oficio los propios eclesiásticos, que se decían seguidores de Cristo, no dudaban, con la anuencia del poder civil, en condenar a la hoguera a herejes y judaizantes, razonando que de ese modo se salvaguardaba la ortodoxia que daba cohesión a la sociedad cristiana. Análogamente, las defensoras del aborto libre afirman que la mujer tiene derecho a decidir sobre lo que sucede en el interior de su cuerpo sin que nadie pueda esgrimir en contra el derecho a la vida de su hijo en gestación. En realidad, no existe ningún derecho indiscutible, sino que todos los derechos son otorgados, desde el momento en que nadie tiene derecho a nada si no hay otras personas que se lo reconozcan. Un dependiente enfermo de Alzheimer tiene derecho a la vida, a pesar de ser una aflicción para el resto de la sociedad, porque sus conciudadanos se lo reconocen, lo que no sería el caso en un hipotético orden social en que la escasez de recursos hiciera aconsejable la sistemática práctica de la eutanasia.

 

En conclusión, parece que los hombres han conculcado repetidamente el derecho del prójimo a la vida, aunque, para ello, con frecuencia se han expuesto sutilezas escolásticas que justificasen tal conculcación, y eso también es lo que acontece con las discusiones morales sobre el aborto, de donde se sigue que el mandato “no matarás” no se pueda considerar un principio moral absoluto. Lo que más bien ha venido ocurriendo es que los humanos en toda época de la historia se han desecho de los hijos no deseados, bien por medio del aborto, bien por medio del infanticidio, sin demasiadas cortapisas para ello, pero en los tiempos actuales la idea de que, de alguna manera, los ciudadanos tienen derechos inalienables nos lleva a discutir la licitud del aborto, e incluso a regular su práctica (las leyes que prohibían el aborto comenzaron a promulgarse en el siglo XIX y las reguladoras de su práctica son del siglo XX).

 

Puesto que no encontramos principio morales que justifiquen o no la práctica del aborto, tendremos que preguntarnos acerca de cuáles son los verdaderos motivos que llevan a una mayoría de los españoles a admitir hoy el aborto, cuando no hace demasiadas décadas éste resultaba altamente reprobable, y estos motivos en realidad son de tipo económico.

El régimen anterior se erigió sobre una nación menoscabada en su población a causa de la Guerra Civil y de la emigración, por lo que resultaba económicamente deseable que las mujeres parieran sin tasa y de ahí que se concedieran premios nacionales de natalidad y se proscribiera el aborto, pero los tiempos posteriores contemplaron otras necesidades. El crecimiento constante y expansivo del PIB buscado por la economía del desarrollo precisa de la dedicación de toda la mano de obra disponible, lo que incluye a la parte femenina de la sociedad, a la que se incorporó masivamente a la población activa, ya que el trabajo del ama de casa no proporciona plusvalía a los capitalistas y, por eso, no se recoge en el cálculo del PIB. Cualquier mujer trabajadora y ama de casa experimenta en sus propias carnes la dificultad que hay para compaginar la vida laboral y la familiar y, en consecuencia, los embarazos extemporáneos se convierten en una carga para aquellas que desean completar una trayectoria profesional. Que el aborto esté permitido, sin duda, es una solución para este problema.

La vigente ley del aborto, de 2010, facilita el recurso a esta solución, porque no exige justificación alguna para las interrupciones del embarazo antes de la decimocuarta semana de gestación, pero también la anterior ley, de 1985, proporcionaba cobertura a estos usos. En dicha ley se contemplaba como supuesto para autorizar la práctica de un aborto el grave riesgo para la salud física o psíquica de la madre y bastaba con el informe de un profesional del mismo centro en que se efectuase la operación para avalar que el caso considerado se hallaba bajo tal supuesto.

Leo en El País

 


 

las declaraciones de Francisco Montilla,  representante de la Asociación Española de Neuropsiquiatría: «antes de la ley de 2010, el noventa y tantos por ciento de las interrupciones del embarazo eran por este supuesto, el peligro grave para la salud de la madre. Y de ellas, casi el 100% por cuestiones de salud mental». El anteproyecto de la futura ley contempla exigir, para acogerse a este supuesto, que la mujer presente dos informes de dos especialistas distintos que, además, deberán ser ajenos al centro en que tendrá lugar la intervención. Igualmente, se lee en el anteproyecto que el daño a la salud de la madre debe ser susceptible de permanecer en el tiempo. A este respecto, Montilla comenta: «técnicamente es muy difícil hacer un informe así. Las cuestiones de salud mental no son como la fiebre, que sube o baja, o una apendicitis. Son procesos. Si tienes una descompensación psiquiátrica el diagnóstico certero es difícil porque hace falta una observación de la evolución. Hay veces que se precisan semanas para un dictamen técnicamente seguro». A pesar de estas dificultades, en 2005, bajo el amparo de la primera ley del aborto, se realizaron en España 91.664 interrupciones del embarazo, el 96’68% de las cuales, es decir, 88.620, se acogieron, previo informe médico, al supuesto del peligro para la salud física o mental de la madre, según nos informaba el diario ABC del veintisiete de noviembre de 2007, en su página 27. No puedo evitar que me asalte la sospecha de que en la mayoría de los casos el grave peligro para la salud de la madre fuese sólo la ansiedad producida por el embarazo no deseado.

El número total de nacimientos acaecidos en España en 2005 fue de 466.371, lo que nos lleva a establecer que los embarazos voluntariamente interrumpidos ese año por grave peligro de la salud materna equivalen al 19% de los embarazos que llegaron a término, ¿la salud de todas estas mujeres peligraba realmente por culpa de su embarazo? o ¿fueron consideraciones económicas (una chica que debe abandonar sus estudios y sus expectativas de encontrar trabajo por haberse embarazado, una madre que ya tiene demasiados hijos que alimentar, una profesional que encuentra incompatible su maternidad con su carrera…) las que empujaron a tantas mujeres a abortar, amparadas por un informe médico no demasiado exigente?

Los datos recientes confirman mi sospecha. Leo EL Mundo

 


 

y me entero de que en 2012 el número de abortos acogidos a la ley de plazos de 2010 han crecido con respecto a 2005, como era de esperar, un total de 112.390, de los cuales el 91’26% se efectuaron por voluntad propia de la mujer, sin aducir motivo alguno, a los que hay que sumar el 5’67% que abortaron por riesgo para la vida o salud de la embarazada y obtenemos un porcentaje del 96’93%, curiosamente coincidente con el 96’68% de abortos del 2005 que se realizaron bajo el supuesto del peligro para la madre. Aun debemos añadir que el Ministerio de Sanidad se felicita por el hecho de que en 2012 bajó un 5% el número de abortos en relación a 2011, en que hubo 118.259 intervenciones.

Si mi propósito fuese emitir un juicio moral, diría que asistimos en España cada año a la eliminación programada de, al menos, el 15% de los niños que podrían haber nacido sin problemas, lo que adquiere tintes de un autogenocidio al que los  españoles someten a su propio pueblo, sin que tal hecho trascienda en una sociedad que, sin embargo, constantemente se escandaliza por las matanzas acaecidas en otros lugares remotos, pero, como me he impuesto a mí mismo la prohibición de formular juicios morales, callaré.

 

La próxima ley del aborto parece que va a poner trabas que hagan más complicado tomar la decisión de interrumpir un embarazo. Si los escrúpulos de Ruiz Gallardón consiguen sacarla adelante, los problemas de las mujeres trabajadoras que no estén dispuestas a una estricta continencia pueden multiplicarse, con el inherente perjuicio para la productividad de la nación, lo que me hace pensar que tal ley tendría sus días contados en el seno de una economía en expansión. No obstante, las consecuencias demográficas del éxito que han logrado en el reciente pasado los procedimientos de control de la natalidad influyen también en el terreno económico y hoy España se encuentra con una población en proceso de envejecimiento y ante la perspectiva de una pérdida neta de habitantes en los años venideros, mala noticia para los pensionistas, que, aunque todavía hoy disfrutamos de un respeto social mayor que el que –para su desgracia– tienen los nonatos, acaso terminemos en el futuro por ser suprimidos legalmente, como efecto de habernos convertido en un insoportable gravamen.

En definitiva, el juego de intereses económicos es lo que en última instancia  decidirá la pervivencia de la prevista ley del aborto. Nada que ver con los juicios morales que merezca. Una vez más, la superestructura al servicio de la infraestructura.

 

En Torrecaballeros, a 23 de diciembre de 2013.